Capítulo 12

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- ¡Cuéntamelo todo, quiero detalles!

- Denis, que sólo se ha quedado a comer -digo entre risas.

Después de compartir una deliciosa pizza boloñesa con Eloy, nos tumbamos un rato en el sofá para echar partidas al fifa. Este niño es un viciado, lo juro. Jamás me habían ganado antes a este juego, y él en tan solo una hora ya lo había logrado. ¡Y con 15 goles por partido! Ya podéis imaginaros que ese será su único chiste durante los próximos días, semanas, quizá meses.

¿Tanto durará nuestra amistad?

Y al final, pusimos una película. Ya estaba cansada de las horribles palizas. Mientras yo me sentaba a un lado del sofá, él se tumbó colocando la cabeza sobre mis piernas. Casi involuntariamente, comencé a acariciar su pelo.

Tal vez ese fue el motivo por el que se durmió. Qué precioso.

(Tn), no empecemos con los enamoramientos

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(Tn), no empecemos con los enamoramientos. Gracias - pensé. ¿Y si era verdad que estaba empezando a gustarme? Tan solo nos conocemos de un día. No, es imposible. ¿Verdad?

Tan solo era atractivo. Y eso no se puede negar.

Y ahora me encontraba explicándole todo esto a mi mejor amiga, Denis.

- ¿Y os habéis besado?

- Tía ¿qué dices?. Por favor, es Eloy. Nunca nos besaríamos.

- Sí, seguro. Igual que el día de la fiesta, ¿no? Venga, que estás muriendo de ganas por volver a hacerlo. Y lo sabes.

- Que no, de verdad.

- Lo dices con la boca pequeña. Te mueres de ganas.

- Bueno, déjame ya.

- ¡Aprovecha ahora que está durmiendo! Vamos, ¡debes besarlo!

- ¡No grites idiota, que te puede oír! -grito susurrando.

- ¡Que me oiga! ¡Eloy, despierta y enséñale de lo que eres capaz!

Entonces veo que sonríe. Está despierto, ¡mierda!

- ¿Estás despierto?

- Desde hace un rato -dice, risueño, mientras se coloca boca arriba para conectar nuestras miradas.

- ¡¡¡Eloy, por fin!!! -grita Denis a través del teléfono. Él ríe y me lo quita.

- Lo siento, chica. Tu amiga y yo tenemos asuntos pendientes. Luego te llama -y cuelga.

- ¿Qué cosas? ¿Por qué cuelgas?

- Quiero jugar.

Entonces, se sienta de golpe y se pega a mi cuerpo. Comienza a acariciarlo con una sonrisa un tanto perversa. Pero, ¿qué cojones?

Volvía a estar asustada, casi tanto como cuando lo he pillado en casa.

En qué momento se me ocurrió confiar en un desconocido que me recibe con un cuchillo en la mano y que encima me saca 4 años. Esto es demasiado surrealista.

Me levanto rápido, asustada, huyendo. Pero, evidentemente, me imita y me arrincona contra la pared. Acaricia mis muslos con sus sedosas, pero a la vez repugnantes manos.

Cierro los ojos con fuerza esperando que acabe rápido, cuando de repente besa mi cuello.

Cierro los ojos con fuerza esperando que acabe rápido, cuando de repente besa mi cuello

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Entonces  se aleja. Abro los ojos y me lo encuentro sonriendo, divertido. Cruza sus brazos.

- Sigues siendo tierna cuando te asustas -dice riendo.

- ¿Qué?

- (Tn), por amor a Dios. ¿En serio pensabas que te iba a hacer algo malo?

- Teniendo en cuenta que eras el ladrón que había en mi casa, creo que sí.

- ¡Pero si no estaba robando nada!

- ¡Aun así estabas en mi casa sin mi permiso! ¿Quién me dice a mí que después de esto no ibas a intentar nada raro?

- Aunque lo esté deseando, no te tocaría si tú no quieres.

Parece sincero. ¡Pero no! No puedo confiar en alguien que no conozco de nada.

- Fuera de mi casa, Eloy.

- ¿Estás de coña?

- ¿Ves que me ría? No te conozco, te quiero fuera de mi casa -digo empujándolo hasta la puerta.

- Hace un momento sí me conocías.

- ¿A qué te refieres?

- He comido en tu casa, he jugado contigo a la Play y me he dormido sobre tus piernas mientras me acariciabas. Yo eso no lo hago con una persona a la que no conozco.

- Un fallo lo tiene cualquiera. Y éste no lo voy a volver a repetir.

A estas alturas de la conversación, Eloy ya se encontraba al otro lado de la puerta de entrada. Y justo cuando voy a cerrar la puerta, presiona con su mano para volver a abrirla.

- ¿Ni siquiera un beso de despedida? -mi rostro muestra mi actual sorpresa- En la mejilla, digo.

- Adiós, Eloy.

Vuelvo a intentar cerrarle la puerta en las narices, pero de nuevo empuja la puerta para abrirla. Esta vez dando un paso hacia delante y dándome a la fuerza un beso en los labios. Me quedo paralizada, sin saber qué hacer, sin alejarme.

- Ahora sí, ratona. Adiós -dice cuando se separa.

Sigo en shock, observando como se aleja por el pasillo hasta el ascensor. Y cuando se posiciona frente a éste esperando su llegada, gira la cara hacia mí. Sonríe y niega con la cabeza. Yo, vergonzosa, doy un portazo y pego la espalda a la blanca madera de la puerta.

 Yo, vergonzosa, doy un portazo y pego la espalda a la blanca madera de la puerta

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¿Qué acaba de pasar?

El besoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora