Capítulo 5: Cita

1.4K 107 24
                                        

Normal

Esa tarde, cuando Adrien volvió a casa, fue a buscar a su padre emocionado.

-¡Padre! No lo creerías. Alya y Nino van a casarse-Dijo Adrien mientras entraba a su oficina.

-¿Si? Puedes enviarles mis felicitaciones. Pensé que tu amigo nunca haría nada responsable o maduro-Murmuró Gabriel mientras trabajaba. No le dirigió ni siquiera la mirada a Adrien.

-Y no sólo eso. Alya y Nino van a irse a vivir a Inglaterra por un año porque le ofrecieron trabajo allá a Alya, y Chloe se irá a Suiza a estudiar por un tiempo también y...

-Adrien, por si no lo notaste estoy extremadamente ocupado. Me contrataron para diseñar el vestido que llevará una actriz a una entrega de premios muy importante y quiere que sea perfecto. ¿Te molestaría mucho que hablemos después? Además, sabes que no me gusta que entres a mi oficina sin tocar la puerta o hablar con Natalie antes para agendar una cita-Apuntó Gabriel, aún sin despegar los ojos de su computadora. Desanimado, Adrien salió de la oficina cerrando la puerta suavemente detrás de sí. Gabriel suspiró una vez que el chico se había ido.

Habían pasado casi ocho años desde que Emilie había caído en coma. Gabriel sabía que ya no le quedaba demasiado tiempo antes de morir. La magia que la protegía de la muerte no era eterna, y el hombre se estaba quedando sin opciones respecto a qué hacer. Había hecho todo lo posible e incluso arriesgado la vida de su único hijo con tal de recuperar los Miraculous, pero para su desgracia todo había sido infructuoso. Estaba consciente de que no podría atacar París por siempre, pero estaba desesperado.

-Los Miraculous están ahí afuera, Natalie. Podrían estar debajo de nuestras narices, pero nunca los encontraríamos. Y Emilie...no sé cuánto tiempo más pueda ella estar ahí-Dijo Gabriel mientras se ponía de pie y caminaba hacia la ventana.

-Señor, perdone por mi imprudencia, ¿pero no sería mejor rendirnos de una vez? No sabemos cuánto tiempo le queda a la señorita Emilie, y creo que hemos gastado demasiado tiempo y energía en todo esto-Dijo Natalie.

En el fondo la mujer estaba enamorada de Gabriel. Había iniciado todo como un amor platónico cuando recién empezó a trabajar, pero nunca había considerado nada, especialmente porque Emilie Agreste todavía estaba ahí cuando ella empezó. Sin embargo, después del accidente y después de que Gabriel le confiara su secreto, Natalie se había vuelto optimista con respecto a una posible relación con él. A sus ojos, nadie conocía a Gabriel tanto como ella. Nadie.

-No seas ridícula, Natalie. No voy a rendirme nunca. Se lo debo a ella y se lo debo a Adrien. Simplemente lo que debo hacer es elevar mi táctica, jugar de manera diferente, buscar la manera de que esos Miraculous lleguen a mí sin importar las consecuencias. No voy a rendirme nunca, Natalie. Amo demasiado a mi esposa como para simplemente rendirme, especialmente después de tantos años de esfuerzo-Respondió Gabriel enojado. Natalie bajó la mirada.

-Tiene razón, lo lamento. Fue algo estúpido que sugerir.

Gabriel suspiró y se quitó los lentes para frotarse los ojos.

-No, no, lamento haberte gritado. Después de todo, tú eres la persona que más me ha ayudado en todo esto. No sabes de verdad lo agradecido que estoy contigo-Dijo Gabriel mientras abrazaba a su asistente. Ella sonrió.

-Pero no voy a rendirme, Natalie. Gastaré mis opciones hasta el último momento, pero no voy a descansar hasta tener los Miraculous-Sentenció Gabriel.

Adrien

La conversación, si así puede llamarse, que tuve con mi padre, me dejó de mal humor. En estos años, aunque mi padre y yo parecíamos haber tenido progreso en nuestra relación, todo había vuelto a ser distante y frío hace unos meses, en el último aniversario de la desaparición de mi mamá. Mi padre seguía sin entender que él no sólo perdió a su esposa, sino que yo había perdido a mi madre. Daba igual, yo ya me había rendido con él, y enviarme a estudiar a Estados Unidos cuando mi vida aquí era perfecta había dibujado una línea entre los dos casi imposible de borrar.

Para poder pensar en algo más agradable, tomé mi teléfono y llamé de inmediato a Marinette.

-No tiene ni una hora que nos vimos, mon amour. ¿Todo está bien?-Preguntó ella mientras se reía al otro lado de la línea.

-Hola mon coeur. Estaba pensando, ¿te gustaría salir a cenar esta noche? Si no estás demasiado ocupada-Dije yo mientras sonreía. Plagg rodó los ojos a mi lado.

-Sería maravilloso. ¿A qué hora?

-Pasaré por ti a las siete, ¿sí? Nos veremos entonces linda-Dije. Ella me dijo que me amaba y colgó.

Horas más tarde, a las siete en específico, pasé a recoger a Marinette para llevarla a uno de nuestros restaurantes favoritos.

-Te ves algo afectado-Dijo ella preocupada después de que el mesero nos tomara la orden.

-Mi padre, ya sabes. Lo de siempre-Respondí yo poniendo una sonrisa falsa.

-Ay, cariño, lo siento mucho. ¿Quieres hablar del asunto?-Preguntó ella con dulzura. 

-No, no. Mejor cambiemos de tema, mon coeur. ¿Cómo están tus padres?

-Bien. Me preguntaron que cuándo te invitaría a cenar a la casa de nuevo. Dice mi mamá que cada vez que te ve estás más delgado-Dijo Marinette, y los dos nos reímos.

-Dile a tu mamá que si me deja, iré a cenar mañana mismo en la noche-Dije. Marinette se rió y miró su teléfono por un minuto, cuando de repente se puso de pie.

-¡Tengo que...ir a hablar con los meseros! ¡No tardaré, lo prometo!-Exclamó ella mientras corría...hacia la salida del restaurante. 

Estas cosas pasaban muy seguido. Marinette simplemente desaparecía de nuestras citas después de revisar su celular, y como siempre había ataques de akumas, no volvía a ver a Marinette hasta el día siguiente, dejándome preocupado porque nunca sé si la akumatizaron a ella, o si salió herida en los ataques. Sé que Ladybug tiene la habilidad de reparar todo el daño que sufra algo en una batalla con un akuma, pero no soportaría que algo malo le pasara. Por fortuna, Marinette nunca se había dado cuenta de mi identidad secreta.

Plagg, sentado en el bolsillo interno de mi saco, se rió. 

-En otro momento hubiera dicho que está esperando que pagues tú y por eso se fue, pero ni siquiera comió lo que pidió-Dijo Plagg.

-¿Puedes ir a buscarla y decirme dónde está?-Pregunté. Un comensal a unos metros de distancia se dio cuenta de que le estaba hablando a mi saco y me miró de manera extraña antes de encogerse de hombros y seguir comiendo.

-¿Me ves cara de espía o cámara de vigilancia?-Preguntó él. Suspiré, molesto.

De pronto varios comensales comenzaron a gritar. Me di cuenta de que Ladybug estaba en el techo de un edificio peleando a una mujer vestida de colores extravagantes y piel de color púrpura. Un akuma. 

-Oh, asombroso, y en noche de cita-Murmuré mientras me dirigía al exterior del restaurante. Me metí en un callejón detrás de varias cajas de basura. 

-Sólo quiero una cita sin interrumpciones. ¡Una! Maldición, ¡Plagg, garras!

Miraculous Ladybug: Una última aventuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora