Capítulo 8: El ultimátum

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Adrien

Llegué a casa después de dejar a Marinette sorprendentemente cansado. La batalla me había dejado agotado, y el casi ser aplastado me había dado una enorme dosis de adrenalina que ahora se estaba disipando y dejándome cansado.

Quise dirigirme directamente a mi habitación, pero Natalie se paró delante de mi impidiendo mi paso.

-Tú padre quiere hablar contigo en su oficina-Dijo ella.

-¿Y no puede esperar hasta mañana? Estoy algo cansado-Le respondí fastidiado. Él todo el tiempo me hacía esperar días o semanas para poder hablar con él, y no le pasaría nada si él también me esperaba.

-No, Adrien. Tu padre quiere tener una charla seria contigo, en este preciso momento-Dijo ella señalando la oficina y poniéndome más nervioso.

Le mandé un mensaje de texto rápido a Marinette diciéndole que algo raro había pasado, y que rezara por mí, sin embargo ella no me respondió. Cosa rara, porque Marinette nunca había tardado más de un minuto en responderme. 

Subí las escaleras y entré a la oficina de mi padre, quien estaba mirando al retrato de mi madre con las manos en la espalda y golpeando el suelo ligeramente con el pie. En cuanto me oyó entrar apretó los puños, pero no volteó a verme.

-Vi todo en las noticias-Dijo él sin mirarme.

-¿Qué viste exactamente?-Pregunté. ¿Me habían captado transformándome? ¿Mi padre sabía mi identidad? Rezaba que no fuera eso.

-Vi los escombros casi matándote y a Ladybug siendo demasiado inútil como para ayudarte. Te vi en el medio del caos de París. Eso era todo lo que necesitaba ver-Dijo él, finalmente dignándose en voltear a verme.

-¿Para que?-Pregunté nervioso. Mi padre se tomó un segundo mientras hacíamos un incómodo contacto visual. Finalmente habló. 

-Hablé con el director de la academia en Estados Unidos. Harán una excepción y aceptarán que inicies el curso allá mismo de manera inmediata. Tu vuelo saldrá mañana en la mañana e iniciarás clases al día siguiente.

-¿¡Qué?! ¿Y pensabas avisarme, o siquiera pedir mi opinión al respecto?-Exclamé enfurecido. Una vez más, cuando más creí que las cosas con él no podían ir peor, iban peor.

-Soy tu padre, Adrien. Conozco lo que es mejor para ti.

-¡Pero ya soy un adulto, maldición! ¡Tengo derecho a escoger lo que sucede con mi vida!

-No mientras vivas bajo mi techo y de mi dinero, Adrien. Espero que entiendas que esto lo hago por tu bien. París se ha vuelto un lugar demasiado peligroso y no quiero arriesgarme a perderte como perdí a tu madre.

-¿Y tú qué crees que diría ella de todo esto, eh?-Pregunté.  Gorila y Natalie ahogaron un grito impresionados. Mi padre frunció los labios.

-Estaría de acuerdo en que lo más importante es protegerte, y sé que apoyaría mi decisión si estuviera aquí.

-Eso no es verdad y lo sabes. Ella no dejaría que me enviaras lejos. Ella te pondría un alto con todas estas cosas-Dije enfurecido. Mi padre también pareció enojarse más.

-Pero ella no está aquí, ¿o sí?-Preguntó él. Apreté los dientes y los puños. Mi padre comenzó a caminar hacia su escritorio.

-¿Qué hay de mis amigos?

-Imagino que harás nuevos amigos allá. Con suerte mejorarás tu criterio al escoger tus amistades y serás más selectivo. Es una escuela muy exclusiva, con suerte encontrarás amigos decentes por primera vez-Murmuró él encendiendo su computadora. 

-¿Y qué hay de Marinette?

-Ay, por favor, Adrien. ¿No esperas que cambie de opinión sólo para que puedas seguir viendo a tu novia, o sí? No seas ridículo. No voy a sacrificar tu seguridad y tu bienestar por una relación infantil que, siendo honesto, no creo que dure más de un par de meses más. Es hora de que comiences a ver el mundo a mi manera y te des cuenta de que el mundo es más complicado y difícil de lo que te he dejado creer. En fin. Eso es todo. Quiero que vayas a tu habitación y empaques una maleta con lo indispensable para una semana. Te enviaremos el resto de tus cosas conforme avance el tiempo, y veré si tengo tiempo antes de la junta con los miembros de mercadotecnia de la marca. Buenas noches, Adrien-Dijo mientras se sentaba en el escritorio y comenzaba a trabajar en la computadora.

Comencé a salir de la oficina en dirección a mi cuarto, casi rindiéndome, pero entonces me detuve. Lo miré fijamente, aunque él no me mirara.

-No.

Eso lo hizo mirarme. Yo nunca me había negado a seguir sus órdenes. Natalie se veía sorprendida, Gorila parecía orgulloso de mí y le sonreí. Siendo honestos, mi padre también había sido horrible con él.

-¿Disculpa? ¿Te atreves a llevarme la contraria?

-Exactamente padre No voy a hacerlo. No iré a América aún. Hicimos un trato, yo iría al finalizar el año. Me diste tu palabra.

-Y ahora estoy cambiando las reglas.

-¡Es que no puedes hacer eso! Soy un adulto, padre. No el mismo niño al que manipulabas a tu favor todo el tiempo. Sé que aún estás furioso por lo qué pasó con mamá, pero siendo honesto, si yo hubiera sido ella, también me hubiera alejado de tu lado para no volver a verte nunca más. Todavía lo estoy considerando, y tú también deberías considerar tus decisiones si no quieres quedarte completamente solo-Dije mientras me dirigía a mi cuarto.

Cerré la puerta de golpe, le puse llave. Plagg salió de mi bolsillo con un gesto de nervios.

-Espero que no estés planeando hacer nada tonto muchacho-Dijo Plagg preocupado. 

-Esa es la idea. Estoy harto, y si me quedo en esta casa un minuto más voy a decir cosas de las que me puedo llegar a arrepentir-Dije.

-¿De verdad sería muy malo decirle a tu padre que es despreciable? Tiene derecho a saber que es un ser humano terrible, peor que el mismísimo Hawk Moth-Dijo Plagg cruzándose de brazos. 

-Pienso peores cosas sobre él, Plagg, pero no quiero arruinar lo poco que queda de nuestra relación. ¡Transfórmame!-Grité, y él obedeció. 

Justo en ese momento, Ladybug me llamó al comunicador.

-¿Podríamos vernos? Pasó algo muy malo y quiero hablar contigo. Eres la única persona con la que puedo hablar de esto-Dijo ella en tono desesperado.

-Claro mi lady. Yo también tengo que contarte algo. Te veo en la Torre-Dije yo, y colgué.

Miraculous Ladybug: Una última aventuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora