*~Conticinio~*

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Las lágrimas se deslizaban por el rostro enrojecido del niño con cabello enmarañado. Pasaba sus muñecas por el rostro, deshaciendo el camino húmedo y salado en sus mejillas. Sus sollozos eran el único ruido en aquella habitación con literas infantiles a ambos extremos, dejando en medio solamente un pasillo que se iluminaba con la luz amarillenta del atardecer. 

Extrañaba tanto a su padre.

Guardó los sollozos dentro de su pecho al escuchar el sonido de la perilla de la puerta girar, y alzó la mirada  hacia aquel joven que con un sonrisa comprensiva, entraba al cuarto.

-¿Puedo pasar?

Keith frunció el ceño aún limpiando su rostro lacrimoso con las mangas de su playera holgada y negra. 

-Te traje algo...-. Susurró el mayor  buscando en su bolsillo una pequeña figurilla de un soldado de plástico, la cual le mostró al otro con una expresión de complicidad. 

Keith dudó unos instantes, sin embargo, al final asintió con la cabeza, retrocediendo hasta sentarse sobre su colchón en una de las varias literas que había. Shiro emparejó la puerta tras de si, y se sentó con las piernas en forma de flor de loto a los pies de Keith, tomando su pequeña manita y extendiéndola para ahí dejar el soldadito de juguete. 

-Es un regalo, pero no le digas nada a la directora, si no ya no me dejará verte-. Rió. Obviamente ella tenía conocimiento de todo lo que Takashi intentaba para ganarse la confianza del niño que le había salvado la vida. 

Keith asintió aún sintiendo una lágrima traicionera brotar de uno de sus ojos y terminar en su mentón. 

-¿Pasó algo, Keith?

El niño se encogió de hombros sin atreverse a mirarlo  a los ojos.

-Puedes contarme, somos amigos ¿cierto? -. La mano torneada de Shiro se posó sobre el pequeño hombro ajeno, y fue en ese instante de contacto, en el que Keith alzó la mirada y suspiró atreviéndose a hablar, porque sintió en Shiro un apoyo que  nadie le dio desde la muerte de su padre. 

-Es una tontería-. Intentó hacerse el fuerte, restarle importancia. Tardó unos segundos en tomar el valor y volver a pronunciar. -Extraño a papá-. Y finalmente su voz se quebró. No pudo evitarlo, los sollozos volvieron a llenar la habitación, y las lágrimas se desbordaron una vez más. -Te dije que era una tontería...-. Su cuerpo se encogió. Curveó su espalda hacia al frente y cubrió sus ojos con ambas manos, sintiendo de pronto una gran calidez rodearle. Los brazos de Takashi.

El mayor sintió que su obligación era abrazarle, así que lo hizo. No hubo más, y mientras sus cuerpos seguían unidos, intentó usar las palabras para reconfortarlo.

-No es una tontería...-. Susurró dejando unas suaves caricias sobre su espalda, sintiendo cómo esta subía y bajaba por el llanto. -Está bien llorar por las personas a las que amas... También lloro a veces, ¿Lo sabías?  Por mis padres. Entiendo cómo te sientes, Keith, y no pretendo hacerte sentir mejor con simples palabras, pero al menos quiero que sepas que estoy  contigo, no estás sólo...

La puerta se abrió en silencio, asomándose por la orilla el rostro del joven moreno con lentes, quien afortunadamente  se dio cuenta de lo que ocurría,  y se alejó volviendo a emparejarla. 

-A veces me siento muy sólo...-. Las manitas del niño se aferraban con fuerza a la camisa blanca que portaba el mayor ese día. 

-Y es completamente normal. Con el tiempo dejará de doler...

-No quiero olvidarlo...

-Y no lo harás, pero en algún punto, podrás recordarlo con una sonrisa, no con lágrimas...

KURO: Mirando a las Estrellas [SHEITH]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora