-Pero si habla y todo –ríe el moreno con tono burlesco–. Pensaba que eras mudita o algo así.-Mudita tu madre –contesta Violeta, molesta por sus palabras–. Y trata mejor a mi amiga. Ella no te ha hecho nada. Aitor ríe, aparentemente divertido por la ridícula amenaza de mi amiga.-Al parecer no son tan inocentes como parecen –comenta con una sonrisa ladina. Si lo que pretende es ponernos nerviosas, lo está consiguiendo.-Vamos a tranquilizarnos todos un rato, ¿vale? –intenta calmar Río, levantando las manos en son de paz–. Creo que todos estamos algo nerviosos. Mi amigo es un poco capullo, no le hagáis caso.-Cállate, Río –gruñe Aitor, bebiendo un trago de su cerveza. Lo miro con cara de pocos amigos. Representa todo lo que repelo y no quiero tener cerca, no es alguien al que querría tener como amigo y mucho menos como enemigo.-¿Son todos tus amigos así de simpáticos? –pregunto a Río, ganándome la risa de Violeta y el gruñido molesto de Aitor. A decir verdad, no me apetece conocer a nadie más, y mucho menos a sus amigos. Conociendo a Aitor, ya me puedo imaginar cómo serán los demás. Pero con Río tengo la confianza suficiente para bromear y también me apetece molestar un poco a Aitor.-Os sorprenderíais –bromea Río mientras deja sus cosas encima de la mesa–. Me voy a duchar, así que podéis encender la tele o hacer lo que queráis. Sentíos como en casa. Y Aitor, compórtate –advierte el rubio antes de salir por la puerta.Dirijo mi mirada hacia Violeta sin saber muy bien qué hacer y ella me la devuelve con la misma expresión.-Os podéis sentar –dice Aitor, sacándonos de nuestro trance–. No muerdo. Por ahora –murmura, dando otro sorbo a su bebida.-¿Y cuántas personas vivís aquí? –pregunta Violeta, sentándose en el otro lado del sofá, seguida por mí.-Cuatro –contesta el moreno, encendiendo la televisión y poniendo el canal de FDF donde en ese momento están echando "La que se avecina", una de mis series españolas favoritas.-Vale –contesta mi amiga, captando la poca intención que tiene el moreno de entablar una conversación–. ¿Vas a ir a Castellón dentro de poco? –pregunta, cambiando su mirada hacia mí, ignorando a Aitor.-Pues aún es demasiado pronto para pensar en eso –digo, refiriéndome al hecho de que acabo de llegar a Madrid–. Además, debo ahorrar dinero, por lo que no creo que vaya antes de Navidades –admito.-Es una pena, yo que quería que me llevaras contigo –dice con tono de decepción.-Ya habrá otras oportunidades –digo con una sonrisa–. Tú tranquila que no te vas a librar de ir.Nuestras miradas cambian al observar cómo un chico de piel morena sale de una de las habitaciones. Se sacude el pelo mientras ahoga un bostezo. Nos quedamos mirándolo mientras se dirige a la nevera y agarra una cerveza. Aún no ha notado nuestra presencia. Después se sienta en una de las sillas que hay al lado del sofá. Miro a Violeta con una sonrisa divertida. Este chico debe de ser muy despistado para no darse cuenta de que estamos aquí.-¿No vas a saludar a las nuevas amigas de Río, Isaac? –pregunta Aitor sin despegar la mirada de la pantalla.-¿Quién...? –pregunta el chico, saliendo de su ensoñación–. ¡Coño! –se asusta al detener su mirada en nosotras–. ¿Por qué nadie me avisó de que teníamos visita? –dice, poniéndose en pie–. Hola, soy Isaac –se presenta, acercándose a nosotras para darnos dos besos, los cuales correspondemos.-Amaia –digo, dándole una sonrisa. Me parece bastante divertido, de momento me cae bien.-Yo soy Violeta –se presenta mi amiga.-¿Y de qué conocéis a Río? –pregunta el chico, volviendo a sentarse en su asiento.-De clase –contesta Violeta.-Qué extraño, no me suena haberos visto –dice pensativo–. Definitivamente a ti nunca te había visto –concluye, clavando su mirada en mí–. Me acordaría –dice con un deje seductor, lo que hace que me ponga algo colorada.-El año pasado estuve en el otro grupo –aclaro, rezando para que no se me note el nerviosismo–. Por asuntos personales me terminé cambiando este año.-¿Y qué asuntos son esos? –pregunta de pronto Aitor, quien no había querido participar antes en la conversación.-Motivos personales –digo, mirándolo seria–. Cosas sin importancia –digo en un intento de que lo deje pasar.-Si tan poca importancia tienen, no te importará contárnoslo, ¿verdad? –pregunta, insistente y algo curioso por mis palabras.-Pues sí, me importa contarlo –digo, intentando mostrar despreocupación por el asunto para que crean que tampoco ha sido nada del otro mundo–. Suelo hablar de mis cosas con mis amigos y lamento decirte que en estos momentos no eres una de mis personas favoritas, por lo que te quedarás con la duda.Ante esto, Isaac comienza a reír a carcajadas, lo que hace que Aitor lo mire furioso.-Tío, te tiene calado –murmura entre risas el chico–. ¿Te molesta que por primera vez en la vida te digan que no a algo?-Tampoco es que me importe una mierda saberlo –contesta Aitor, volviendo su mirada a la televisión–. Me importa bien poco su vida.-Se ha picado –dice entre risas Isaac, lo que hace que nos unamos las dos. Tiene una risa bastante contagiosa.-¿Habéis ido alguna vez a alguna fiesta de Silvia? –pregunta Violeta una vez que las risas se han apagado.-Claro, las fiestas de Silvia son épicas –contesta Isaac, terminándose su cerveza y dejando la lata en el suelo–. Suele hacer una cada dos fines de semana. Sus padres nunca están en casa y tiene una parcela enorme, alejada de otras casas, lo que hace que sus fiestas sean increíbles.-¿Suele ir mucha gente? –pregunto, realmente emocionada por llegar.-¿Qué si va mucha gente? Ahí va casi toda la facultad, cariño –dice con tono gracioso, lo que me saca una sonrisa.-¿Va a ir tu chica? –pregunta Río, saliendo del pasillo. Se ha vestido con unos vaqueros y una simple camiseta negra que se pega a su cuerpo, dejando ver sus músculos bien trabajados. Encima se coloca una chaqueta oscura, lo que le da un aire de motorista. Aitor lleva un estilo similar, pero sus vaqueros son negros y lleva una camisa blanca del mismo estilo. Mientras que Isaac tiene unos pantalones de chándal negros con una sudadera muy chula. Tiene un estilo peculiar y diferente, pero para nada malo. Al contrario, le sienta bastante bien.-Sí, he quedado allí con ella –contesta Isaac, poniéndose en pie–. Va a ir con sus amigas.-¿Listas para irnos? –pregunta Río, cogiendo las llaves de su moto.-Dime por favor que no piensas ir con la moto –suplica Violeta, sabiendo las intenciones del rubio, el cual la mira con una expresión divertida.-Cada vez me vas conociendo más –dice saliendo por la puerta del apartamento, cosa que imitamos el resto. Bajando las escaleras pienso detenidamente en el plan de Río. ¿Cómo demonios piensa que podemos ir tres personas en una moto? A no ser que... pienso mirando a Aitor que va por delante nuestro. No pienso subirme en la moto con él. Me alegro de que esté Isaac aquí, siempre podré elegirle a él en vez de a Aitor. Y como si fuera por arte de magia...-Mierda –dice Isaac una vez que llegamos donde están las tres motos aparcadas–. Angy me está preguntando que si puedo ir a por ella ya que son seis y no entran todas en el coche. Nos vemos allí, tíos –se despide subiéndose en la moto y arrancando, lo que hace que se me quede una cara de empanada. Mi plan, a la mierda.-¿Me puedes explicar una vez más por qué tenemos que ir en la moto? –pregunta Violeta, mirando con temor al aparato con dos ruedas–. Estos bichos son peligrosos.-Uno, mi bebé no es para nada peligroso –contesta Río, levantando uno de sus dedos–. Y dos, cuando te montes en la moto no querrás volver a bajarte –dice señalando el número dos.-¿Y eso me tenía que convencer? –pregunta Violeta, mirando al rubio en shock–. No ganarías mucho intentando persuadir a la gente, no eres para nada convincente.
-Tendremos esta misma conversación en la fiesta –dice el rubio, subiéndose en la moto y pasándole un casco para que se lo coloque–. Me da curiosidad saber si sigues pensando lo mismo una vez que lleguemos allí.
Violeta acepta el casco a regañadientes y se sube con cuidado en la parte de atrás de la moto, agarrándose bien a Río, lo cual le arranca una sonrisa.
-¿Vas a subir o no? –me pregunta Aitor, ya sentado en su moto–. Es para hoy –dice con tono aburrido, lo que hace que le mire mal. Entre todos, me tenía que tocar él. Definitivamente, no soy una chica con suerte. Agarro el casco que está en la parte de detrás y el sonido de mi móvil me detiene antes de sentarme.
-Un momento –digo, alejándome unos metros–. ¿Hola? –pregunto, oyendo el bufido molesto de Aitor.
-Hola, enana –saluda la voz de mi hermano–. ¿Cómo estás?
-Bien, Eric –digo, algo nerviosa por la mirada inquisidora del moreno, el cual no deja de mirarme desde la moto–. ¿Cómo están las cosas por allí?
-Sin ninguna novedad. Mamá te manda un saludo –dice, a la vez que oigo el grito de mi madre desde el otro lado.
-Mándale un beso de mi parte –digo con una sonrisa.
-¿Me vas a hacer esperar mucho, princesa? –grita Aitor, encendiendo la moto con un gran rugido.
-¿Qué ha sido eso? –pregunta Eric con confusión. Más o menos se puede llegar a hacer una idea de lo que es–. ¿Dónde estás, Amaia? –que me llame por mi nombre ya es algo malo.
-Ahora tengo que dejarte, no puedo hablar –explico rápidamente–. Mañana te llamo y te explico todo, ¿vale? –digo, intentando que no se enfade demasiado.
-¿A dónde vas? –pregunta, perdiendo la paciencia. Sé en ese momento que si no le contesto, es capaz de llamarme durante toda la noche hasta que le conteste al maldito teléfono.
-A una fiesta. Mañana hablamos –digo, con la intención de colgar. Ya he dicho demasiado–. Buenas noches.
-Serán para ti –oigo la voz furiosa de mi hermano desde el otro lado de la línea–. Ni se te ocurra colgarme, Amaia –y tras esto, hago lo que realmente nunca pensé que le haría a Eric: cuelgo el teléfono, terminando la llamada. Pongo el móvil en silencio y me dirijo a Aitor, el cual me mira con gesto impaciente. Agarro el casco, me lo pongo y me siento en la parte de atrás.
Es mi primera vez en una moto, por lo que no sé dónde agarrarme exactamente. Mis dudas se resuelven cuando Aitor agarra mis manos y las coloca alrededor de su abdomen, permitiéndome pegarme a él completamente. Tras arrancar la moto, mi agarre se hace mucho más fuerte, lo que hace que Aitor mire hacia atrás cuidadosamente, comprobando que esté bien. Tras unos minutos, disminuyo la fuerza de mis brazos sobre su cuerpo, acostumbrándome a la velocidad de la moto y a sus movimientos. Es ahí cuando comienzo a disfrutar del viaje, de la adrenalina que me provoca ir en esa posición y a esa velocidad. Siento una corriente electrizante recorrerme el cuerpo, una corriente que no había experimentado antes. Me siento más viva que nunca. Aitor parece notar mi comportamiento porque lo oigo reír con diversión.
El viaje es algo largo, unos veinte minutos, pero se me hacen terriblemente cortos. Observo en la distancia cómo nos acercamos a la casa. Puedo imaginar cuál es porque de ella sale una gran cantidad de luces y música. Los chicos meten las motos en el interior, ya que tiene una gran parcela con terreno suficiente como para aparcar veinte coches. Colocan las motos en el lado derecho, lo bastante alejado de la gente y del peligro que estas puedan llegar a ocasionar. Cuando posiciono los pies en la tierra, mis piernas tiemblan debido a la adrenalina que aún recorre mi sistema. Río y Aitor cubren las motos con unas mantas, ocultándolas de la mirada curiosa que cualquier persona pueda llegar a mostrar.
-¿Estás bien? –pregunta Violeta, observándome con preocupación.
-Sí, sólo un poco mareada –contesto con una sonrisa, intentando tranquilizarla.
-Bueno, vamos a divertirnos –dice Río, guiñándonos un ojo y dirigiéndose hacia la casa.
ESTÁS LEYENDO
MI SALVAVIDAS
Novela JuvenilAmaia siempre ha sido una chica tímida, cohibida y desplazada. Debido a su carácter ha tenido innumerables problemas a la hora de hacer amigos. Decepción tras decepción le ha hecho pensar que el problema lo tiene ella, y que su vida nunca cambiará...
