-¿A dónde vamos? –pregunto poniéndome a su altura a la vez que miro hacia todos lados. Nos hemos tenido que meter por la calle más oscura y siniestra de todo este sitio.
-¿Te han dicho alguna vez que haces demasiadas preguntas? –comenta Aitor haciendo notar su irritación.
-Yo haré muchas preguntas pero tú tampoco es que respondas a alguna –me defiendo poniéndome de puntillas intentando ver a donde estamos yendo –y no, al revés, siempre dicen que hablo poco. Y es la verdad, no suelo hablar mucho y menos con gente que apenas conozco.
-Me estas jodiendo –sonríe con sorna el moreno, como si le costara creerme.
-Es la verdad, pensaba que a estas alturas ya te habrías dado cuenta –digo sin despegar la mirada del frente, solo verle la cara de imbécil que tiene en este momento me pone histérica.
-Me cuesta creerlo porque en ningún momento te he visto actuar tímida en frente mío –dice sin detenerse –la primera vez que nos conocimos sí, pero es normal porque fue la primera vez que hablábamos. El resto de veces no te has mantenido callada o al margen, siempre te has hecho notar –ante eso fijo mi mirada en él, me quedo sorprendida por lo que acaba de decir.
¿Será verdad que soy diferente a como era antes?
Tengo que admitir que desde que he empezado el curso me siento bien conmigo misma, no tengo miedo de salir a la calle, ni de hablar con las personas. Al menos no con las que conozco. Es verdad que tengo gran confianza al hablar con Violeta, con Río, Aitor, e incluso con sus amigos, pero creo que es por el ambiente que se ha creado desde un principio.
Mi mayor problema siempre ha sido hablar con gente de mi edad, porque con los adultos y las personas mayores ese problema desaparece. Siempre he creído que era porque de alguna forma me sentía intimidada por ellos, como aislada y diferente, siendo imposible encajar. Pero eso cambió el día en que llegué aquí.
-Simplemente es porque me recuerdas a mi hermano –respondo dejándome llevar por la primera impresión que tuve.
-¿Hermano? –Repite el ojiverde incrédulo –No sé si tomarme eso como un cumplido o un insulto -murmura para sí mismo aunque lo he podido oír perfectamente.
-¿Por qué sería un insulto? En todo caso sería un cumplido, más quisieras parecerte en lo más mínimo a mi hermano – digo pensando en él.
Para mí, mi hermano representa todo lo bueno que me ha pasado en la vida. Es mi gran apoyo. Sin él no habría llegado hasta aquí y hasta ningún sitio si soy sincera. Él es mi talón de Aquiles.
-¿Cuántos años tiene? –pregunta a la vez que gira hacia la izquierda, otra calle igual de oscura y siniestra en la que no se ve ni un alma.
-Dos años más que yo, acaba de cumplir veintiuno –contesto mirando la calle con inseguridad.
Un ruido por el lado derecho me sobresalta, haciendo que salte del susto y me pegue a la parte izquierda de Aitor, agarrándome de su brazo. Aprieto los ojos con fuerza esperando lo peor pero en cambio solo escucho silencio, hasta el moreno se ha quedado quieto y callado. Lentamente comienzo a abrir los ojos para encontrarme con la mirada confundida de Aitor que me mira con una expresión extraña en sus ojos. Me quedo congelada sin poder moverme, como si sus ojos me hipnotizaran. Tras unos segundos, que parecen minutos, me despego de él con rapidez. Siento que mis mejillas arden de la vergüenza y bajo la mirada en un intento de que no lo note.
-Es solo un gato –aclara el chico entre tosidos, algo... ¿nervioso?
-Lo siento –me disculpo rápidamente, soy una torpe. Siempre estoy haciendo el ridículo y últimamente siempre es delante de él. ¿Habrá notado lo nerviosa que me he puesto? ¿O los latidos de mi corazón que iban a toda velocidad?
ESTÁS LEYENDO
MI SALVAVIDAS
Teen FictionAmaia siempre ha sido una chica tímida, cohibida y desplazada. Debido a su carácter ha tenido innumerables problemas a la hora de hacer amigos. Decepción tras decepción le ha hecho pensar que el problema lo tiene ella, y que su vida nunca cambiará...
