-Esto es mejor de lo que esperaba –murmuro con una mirada de asombro plasmada en mi cara. La casa es de tres pisos, por lo que puedo llegar a distinguir desde aquí. Tiene varios balcones donde hay personas bebiendo y bailando. En la parte de atrás hay una piscina cubierta donde se encuentran algunos valientes bañándose. Mientras que la parte delantera cuenta con un enorme jardín donde la gente está hablando y bailando al ritmo de la música. Si es así por fuera, no puedo ni imaginar cómo será por dentro. Me sorprende escuchar reggaetón salir por los altavoces que están en el jardín; había pensado que a lo mejor solo pondrían tecno y electrónica, pero para mi alegría parece ser que no.
-Y eso que todavía no has visto ni la mitad de lo mejor –dice Río, cogiendo el casco que había utilizado Violeta durante el viaje.-Creo que voy a buscar algo de bebida –dice Aitor, levantando la mano en forma de despedida. Lo veo alejarse, deteniéndose cada pocas personas para saludar a los que conoce. Me sorprende ver, una vez más, cómo provoca la atención del resto de las personas a su alrededor. Las chicas se giran a mirarle embobadas y los chicos le saludan con una sonrisa o un golpe de mano; es bastante popular.-¿Qué os apetece hacer, chicas? –pregunta Río con una sonrisa.-¿Entramos a ver la casa y aprovechamos para coger algo de beber? –pregunta Violeta, mirándome para comprobar que estoy de acuerdo con su plan.-Adelante –digo tras sacudirme el vestido. –Podríamos ir al baño un momento –añado, necesitando mirarme al espejo; ese maldito casco me ha debido descolocar todo el peinado.-Genial, también necesito ir –accede mi amiga con una sonrisa.-¿Cuál es vuestro problema con los baños, mujeres? Cuando llegáis a un sitio nuevo es donde siempre vais primero –dice el rubio, rascándose la cabeza con gesto confuso.-Nunca lo entenderías –digo riéndome, y Violeta se une a mi risa al ver cómo el rubio frunce las cejas de una forma bastante cómica.-¡Oh, vamos! Eso tiene que tener alguna explicación científica o algo –continúa diciendo mientras entramos en la gigantesca casa.-La misma explicación científica que existe para explicar por qué los hombres se comportan como gallitos cuando tienen a sus amigos alrededor –se burla con tono bromista la pelinegra.-Exactamente –concuerda Río siguiéndole el juego –. Todo tiene una explicación científica y lógica en esta vida. Aunque tengo que decir que no todos los hombres somos así, siempre está la excepción que confirma la regla.-Y si no me equivoco, ¿esa excepción eres tú? –río al verle sonreír de oreja a oreja.-Que conste que no lo he dicho yo, lo has dicho tú –sonríe a la vez que me revuelve el pelo, el cual ya estaba lo bastante despeinado.Nos acercamos hasta unas mesas donde se encuentran todo tipo de bebidas. Río nos convence para dejar la elección en sus manos, prometiéndonos hacernos unos gin-tonics para chuparnos los dedos. Mientras tanto, ambas nos dirigimos al baño, que se encuentra en el segundo piso. El rubio nos advierte antes de que vayamos que no subamos a la tercera planta, y si Río se pone lo bastante serio como para decirnos algo así debe ser porque realmente es un sitio al que no deberíamos ir. Son solo las doce y media de la noche y la mayoría de las personas ya están totalmente borrachas, eso es algo a lo que le tengo bastante respeto. Las pocas veces que he salido de fiesta con mi mejor amiga en Castellón, nunca he llegado a pasarme de la raya; siempre he bebido con control y cabeza. Odio a las personas que terminan tiradas por el suelo inconscientes, o peor aún, llegan al punto de necesitar un lavado de estómago. Lo más lejos que he llegado con el alcohol fue en la fiesta de fin de año del año pasado. No es que bebiera demasiado, pero mezclé dos bebidas diferentes, lo que provocó que vomitara varias veces, además de estar tan mareada que me costaba mantenerme en pie. Por suerte, pude detectarlo a tiempo y conseguí llegar a casa antes de vomitar. El día después fue aún peor; la resaca que tuve me hizo repudiar el alcohol por un tiempo. Luego aprendí que es mucho mejor beber con cabeza que de forma descontrolada, y comencé a disfrutar la sensación que me provocaba beber sin llegar al extremo de pasarme.Me coloco algunos mechones revoltosos tras la oreja mientras me limpio algo de maquillaje que se me había corrido. La verdad es que el casco no me había provocado bastantes daños, y seguía bastante igual a cuando había salido de casa. Tras usar el baño, volvemos a bajar a la sala principal buscando a Río, quien imaginamos que ya habría terminado de preparar las bebidas. En ese momento, empieza a sonar uno de los grandes temazos del momento, así que arrastro a Violeta al centro de la pista de baile y nos ponemos a bailar al ritmo de "Calma" de Farruko. Al vernos, Río nos entrega las copas y después se va diciéndonos que en un rato volvía. Nosotras seguimos bailando durante un buen rato y, cuando la copa se nos agota, nos rellenamos una más.Violeta me presenta a Silvia, la dueña de la casa y compañera de clase. La chica se muestra muy agradable y nos dice que si ocurre algún problema se lo digamos a ella directamente. Tras finalizar la canción de "La Cintura" de Álvaro Soler, nos sentamos en unos sofás que se encuentran en el centro de la sala. Ya son la una y media de la madrugada y mis pies me están matando.-¿Hay algún chico que te guste? –pregunto a mi amiga que se encuentra mirando de forma curiosa a cada persona a nuestro alrededor.-Solo estoy buscando al estúpido de Río –dice mi amiga, deteniendo su mirada en mí –. Decía que en un rato volvía y ha pasado una hora y media y todavía nada.-No sabía que te importara tanto la presencia de Río –digo con una sonrisa divertida.-No me importa, pero no entiendo por qué dice que vengamos con él si luego pasa toda la noche por su lado –explica Violeta, queriendo restar importancia a sus palabras.-Se ha ofrecido a llevarnos porque no teníamos cómo venir –digo mirándola –. Pero entiendo que prefiera estar con sus amigos que con nosotras, tampoco es que tenga que estar pegado a nosotras toda la noche solo por habernos traído, ¿no? –digo inocentemente, sabiendo que he roto todos los esquemas que mi amiga tenía.-¿Sabes qué? Olvídalo, no he dicho nada –dice moviendo repetidamente las manos frente a mi cara –. Me he explicado mal, no es que quiera que esté con nosotras, simplemente me parecía raro no verle por aquí –dice, dando un largo sorbo a su bebida y vaciándola, lo que me hace sonreír, pero decido no decir nada más; no quiero presionarla. Espero que tarde o temprano se dé cuenta de lo que realmente está ocurriendo. –Voy a rellenarme la copa, ¿quieres otra? –pregunta levantándose y agitando su vaso vacío.-Vale, pero voy a ir desacelerando –digo, entregándole mi vaso –. Ya voy con el puntillo y no quiero pasarme.-Ahora mismo vuelvo –dice, desapareciendo entre el bullicio de la gente.Presto atención a las demás personas que se encuentran a mi alrededor. Hay algunos sentados en los sofás y otros simplemente apoyados en estos. Todos están charlando animadamente hasta que uno de ellos grita para que le hagan caso y propone jugar al clásico juego de verdad o reto. Unos ríen animados mientras que otros gritan en asentimiento. Solo he jugado una vez a ese juego y fue con trece años. El juego fue divertido y entretenido, pero sabía que en este tipo de fiestas hay que huir de estas cosas.-¿Qué hacen? –pregunta Violeta, entregándome la copa mientras se vuelve a sentar a mi lado.-Han propuesto jugar a 'verdad o reto' –explico, mirándola con una ceja levantada.-Ni hablar –contesta mi amiga –. Odio esa clase de juegos, no sirven para nada. Solo traen problemas, es una estúpida forma de exponerse a uno mismo.-No podría estar más de acuerdo contigo –digo mirándola. Es increíble la facilidad con la que coincidimos en las cosas.-Acabo de ver a Río, ahora entiendo por qué estaba tan ocupado como para no venir a vernos –dice Violeta entre dientes, dando otro sorbo a su copa, lo que me hace imaginarme lo peor.-¿Ocupado con qué? –pregunto, sabiendo más o menos qué es lo que podría haber provocado la ira de mi amiga.-Ocupado con una rubia de metro ochenta a la que estaba metiendo mano en la parte de atrás de una forma un poco bastante exhibicionista para mi gusto –explica, golpeando los hielos de la copa con su pajita
-¿A lo mejor solo estaban hablando y desde la perspectiva en la que estabas viéndolos parecía algo más? –Intento darle una explicación lógica a la situación –A veces las cosas no son lo que parecen.
-Le estaba metiendo la lengua hasta la gargantilla –dice mirándome como si solo el pensar que hubiera visto mal fuera algo estúpido –parecía como si le estuviera practicando la respiración boca a boca, pero más sexual.
-¿Más sexual? –pregunto divertida por la explicación de mi amiga.
-¿Necesitas una explicación más detallada? –pregunta Violeta con un tono de que no piensa entrar en más detalles aunque insista.
-No, creo que lo he entendido –digo agitando las manos rápidamente en forma de negación mientras me río a carcajadas. Mi amiga me mira con las cejas fruncidas por mi reacción, pero en el momento que empiezo a darle toquecitos con mis dedos en la parte de las costillas y hacerle cosquillas se une a mi risa. Nuestro divertido momento se ve interrumpido por un chico bastante guapo, tiene el pelo oscuro igual que sus ojos y es de tez clara. Sus brazos se encuentran repletos de tatuajes y tiene sobre la cabeza una gorra echada hacia atrás.
-Chicas, ¿Os apetecería uniros al juego? –dice señalando al resto de personas que están formando un círculo, sentados sobre el sofá o simplemente en el suelo. Ahora me doy cuenta de que nos encontramos completando el círculo, de manera no intencionada. Me fijo en un grupo de chicas que están sentadas enfrente de nosotras, son las cuatro chicas de clase que miran en nuestra dirección de una forma poco amigable, diría yo.
-¿Sabes qué? –Pregunta mi amiga sentándose con las piernas cruzadas –somos expertas en este juego, por lo que tendría cuidado al preguntarnos eso –dice, provocando que el chico sonría gustoso.
ESTÁS LEYENDO
MI SALVAVIDAS
Teen FictionAmaia siempre ha sido una chica tímida, cohibida y desplazada. Debido a su carácter ha tenido innumerables problemas a la hora de hacer amigos. Decepción tras decepción le ha hecho pensar que el problema lo tiene ella, y que su vida nunca cambiará...
