Mañana

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Valentina podía sentir la tersa piel de Juliana bajo sus manos, podía sentir su respiración, tibia y entrecortada en su oído, su dulce voz, salpicada de deseo susurrando palabras de amor, mientras la hacía suya. Buscó sus labios con avidez, necesitaba probarlos una vez más, pues aunque llevase pocos segundos sin besarla, simplemente no podía tener suficiente, de su dulzura y...

¡Mi niña! ¡Es hora de levantarse! - Valentina se incorporó de un salto, con el cuerpo perlado en sudor frío y se pasó la mano por el desordenado y húmedo cabello- Voy a pasar y...

¡No Chivis! -alcanzó a gritar mientras arrojaba una almohada hacia la puerta cerrada- ¡Vete!

¿No quieres un juguito? -

¡No! ¡Vete! Estoy por bañarme! -

Como guste mi niña -Valentina respira aliviada mientras la escucha caminar por la sala de estar y salir por la puerta principal. No puede seguir así, no otra noche ¿Por qué le pasa esto? ¿Por qué ella? ¿Por qué ahora? Se lo pregunta mientras se dirige a la ducha y abre la llave del agua fría esperando que su temperatura pueda apagar el calor que invade su cuerpo solo con pensarla, solo con soñarla... la mujer suspira, si eso ha logrado con un simple beso ¿Qué será de ella si le ofrece algo más? Seguramente no podrá soportarlo y morirá de emoción allí mismo.

La chica sale a su cuarto dispuesta a ponerse su mejor vestido, cuando algo en la cama la sorprende; un ramo de rosas se encuentra allí. Su sonrisa es automática cuando se acerca a revisar en busca de una tarjeta, la cual encuentra casi de inmediato y que reza:

Buenos días, preciosa ¿Me acompañas a desayunar? De ser así, te espero en el camarote de Mateo en media hora.

No puedo esperar a verte. Anoche soñé contigo ¿Sabes?

Jul

"Anoche soñé contigo" "Anoche soñé contigo" ¿Qué habrá soñado Juliana? No quiere siquiera empezar a pensarlo, porque de hacerlo, lo más probable es que termine necesitando otra ducha y no quiere perder el tiempo, así que dobla cuidadosamente la dedicatoria, la esconde bajo una caja debajo de su cama y procede a vestirse con un vestido ataviado de pequeños volantes dorados que combinan con el encaje de su corsé y sale sin perder más tiempo rumbo al camarote de Mateo y Eva.

Juliana se frota las manos con nerviosismo mientras mira a su alrededor al ornamentado camarote. No quiere pensar en el chino, ni en lo sucedido, no, prefiere pensar en Valentina, aunque aquello no le garantiza un menor estrés. No tiene idea si las flores le llegaron, ¿Qué tal si no quiere verla? ¿Y si no se ha despertado? La chica suelta un largo suspiro a la par que niega con la cabeza, no, necesita calmarse, Mateo ya se lo dijo; Val no es una persona especialmente hábil por las mañanas, tardará pero llegará, él se lo había asegurado y ella no tenía motivos para dudar de él, o de los sentimientos de la mujer a la cual esperaba.

Gobiérnate -se pide a si misma- ella vendrá - ¿Y cómo la recibirá? Se pregunta, para darse cuenta de que no lo sabe. ¿Debería besarla? ¿O solo abrazarla firmemente? Le encantaría besarla, pero siente que sería muy pronto, todos sus sentimientos parecen demasiado intensos para tan corto periodo de tiempo, pero no puede evitarlo ¿Cómo puede ser? ¿Qué tiene esa mujer? No lo sabe, pero dentro de ella, algo despierta cuando sus miradas se cruzan, como si su corazón le hubiese pertenecido desde muchos años antes de conocerla.

Sus pensamientos se ven interrumpidos por el sonido de alguien que llama a la puerta y su estómago da un vuelco, está por dirigirse a abrir, cuando la perilla gira y Valentina entra esbozando una sonrisa nerviosa.

Hola -murmura la chica.

Hola -responde Jul mientras la otra chica cierra la puerta. Se acerca a ella, intentando besar su mejilla pero Val parece intentar besar sus labios, lo cual la hace frenarse en seco y cambiar el objetivo, sólo para darse cuenta de que Valentina ha hecho lo mismo. Ambas sueltan una sonrisa nerviosa al percatarse de el hecho. Sin embargo basta con que se miren un segundo a los ojos, para que Juliana sepa que hacer; se acerca y le echa los brazos al cuello para besar sus labios con mayor facilidad. Su corazón se acelera cuando se da cuenta de que la chica le corresponde poniendo sus manos alrededor de su cintura para acercar sus cuerpos con firmeza.

Cinco díasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora