Queenstown

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11 de abril 1912

Ya está, este es el momento.


¿Señorita? - Juliana cierra su diario y mira al hombre que la encara- ¿Me recuerda?

¿Debería? -

Nos.... nos conocimos en la piscina-precisa-fue usted muy valiente.

¡Ah sí! -Ella lo mira de arriba a abajo, es definitivamente uno de los hombres que recogió a la chica que se ahogaba-No fue nada, cualquiera habría hecho lo mismo.

¿Puedo saber su nombre? -

¿Para qué? -

La joven a la que salvó-dice con simpleza-Quiere agradecerle

No lo necesito-

Ah bueno, pero ella si-Juliana lo mira inquisitiva-por favor, si me lo dice le escribirá una carta o algo y la dejará en paz.

¿Y usted se retirará de aquí? -El viejo asiente-Juliana -masculla la chica-Juliana Valdés.

Muchas, muchas gracias-la chica tuerce el gesto mientras lo mira alejarse. Pudo mentir, pudo hacerlo, pero en su mente no había razón, no quería ser descortés, después de todo, en un par de horas, el Titanic atracaría en Irlanda y ella se marcharía.





Valentina se enfundó en un vestido ligero a toda prisa, olvidó las medias, se calzo los pequeños taconcillos elegantes y salió al recibidor.

¡¿Por qué no me despertaste antes, Alirio?! -inquiere mientras sale del camarote como un vendaval.

Pensé... pensé que podría esperar-se excusa-pero parece que no... yo creo que debería volver a dormir, ya hablarán luego.

No, yo quiero verla ahora-dice jugueteando con un anillo de diamante que luce en el dedo medio izquierdo- ¿En la cubierta dijiste? -El asiente- ¿Vestido gris y cabello cubierto?

En efecto, ha estado dando vueltas por la cubierta como si buscara algo...-Val no espera a que su chofer termine de hablar antes de echar a correr por el largo y lujoso pasillo. Su corazón late fuertemente mientras sube las escaleras. El barco se encuentra detenido, ha atracado en el puerto de Queenstown desde hace casi diez minutos y... choca de frente con alguien y cae al piso, por lo que pierde el hilo de sus pensamientos.

¡Mira por dónde, muchacha estúpida! -aún sentada en el piso, Valentina lo mira sorprendida por la blasfemia.

¿Qué le pasa, idiota? -no reconoce la voz, pero en seguida se voltea a ver a una mujer de gesto plagado de hartazgo y fiereza- usted fíjese por dónde camina... ¿O tan ancho es que no alcanza a ver ni su frente? - Valentina suelta una risa, mientras el caballero rueda los ojos y se marcha. Luego se voltea para encarar a su defensora y su corazón se estremece. Ha visto ese rostro antes.

¿Usted de nuevo? -el gesto preocupado y fiero de la chica parece suavizarse cuando le tiende la mano. Valentina tarda un segundo antes de reaccionar y tomarla.

Si -masculla mientras se levanta con ayuda de la chica- Eres Juliana ¿Verdad? -ésta asiente-muchas gracias por salvarme y... salvarme otra vez

No te preocupes -repica la muchacha -fue un placer- le sonríe ampliamente y luego para sorpresa de Valentina se encamina hacia otro pasillo.

¡Oye! -la chica se voltea mirándola con curiosidad - ¿Es todo?

¿Si...? -Juliana parece captar su rostro de sorpresa un segundo después-oh, lo siento, estoy... algo ocupada.

Cinco díasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora