Nadie en la vida se ha llegado a preguntar por qué la sociedad nos encasilla, bueno, quizá unos cuantos. La mayoría de nosotros aceptamos vivir como todos los demás lo hacen porque según son leyes establecidas por razones que ni siquiera entendemos. Estamos acostumbrados a que nos digan cuáles son nuestros roles dentro del mundo, pero, ¿qué sucede cuando ya se está harto de seguir las supuestas normas?, ¿es en verdad tan difícil aceptar a otro que no es igual al resto? Pues sí, habían personas como Emilio Osorio, quien en definitiva no entendía el signifcado de la palabra respeto.
Pero eso estaba a punto de cambiar.
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— Alguien me habló anoche, no sé si será una chica con la que ya he salido antes y solo quiere molestarme o... quizá es un nuevo ligue, ya sabes, más niñas para mi. — sonrió pícaro a su amigo quien caminaba junto al rizado de camino a su aula. Ambos empezaban la secundaria y, por lo tanto, habían tenido muchísima suerte de quedar juntos ya que sus padres pensaron en la idea de inscribir a los muchachos en diferentes escuelas. Por suerte eso no sucedió.
— Emilio, deberías en serio dejar de jugar con los sentimiento de las niñas. Eres el más popular de toda la escuela y entiendo que ellas se mueran por ti pero no tienen la culpa de que seas un total idiota y no las respetes. Tienes la oportunidad de formar una relación estable y lo único que haces es estar de tonto todo el tiempo burlándote de las chicas que se fijan en ti. — Diego no sabía muy bien qué estaba diciendo pero de verdad estaba harto de la actitud del rizado así que como para eso están los verdaderos amigos, se lo tuvo que decir.
— Ya sabes que solo bromeo, no manches Diego. Tengo a Sabrina conmigo y soy el hombre más feliz sobre la faz de la tierra. — Emilio estaba bastante enamorado de su novia. Llevaban aproximadamente un año juntos, claro, con el rizado siendo un poco demasiado coqueto a veces pero ahí estaban, manteniéndose fuertes.
— Sabrina es un grano en el culo. Me refería a una relación de verdad. Ustedes están más por el hecho de que la escuela entera dice que hacen linda pareja que por de verdad estar enamorados. Sé que no lo estás, no tienes que mentirme. — el ojimiel rodó los ojos y acomodó su mochila para seguidamente entrar al aula con su amigo siguiéndolo por detrás.
Todos en el salón se encontraban bastante sumidos en sus celulares, así que Diego solo fue a tomar un asiento que estaba casi al final de la habitación.
— ¿Qué le respondiste a tu admiradora secreta? — el ojimiel no estaba para nada interesado en los ligues de Emilio, pero no tenía nada que hacer por el momento.
— Nada. Aún no sé qué escribirle. ¿Qué debería hacer señor don "deja de burlarte de las niñas"? — rodó los ojos a su amigo y se acomodó despreocupado sobre el pupitre.
— Creo que deberías salir con ella y tener hijos, no quiero ser tío tan viejo. — se burló Diego y tomó el teléfono del rizado para ver la conversación. Era un hola entre signos de exclamación, esa niña saludaba de manera efusiva, no se imaginaba en persona. Tecleó unas cuantas palabras y envió el texto en segundos.
— ¿Le acabas de responder? — preguntó Emilio confundido desbloqueando su teléfono para verificar que en realidad sí, lo había hecho.
— Quizá encuentres al amor de tu vida, nadie sabe. — se encogió de hombro y metió un dulce a su boca.
— ¿Cómo crees? Ni siquiera tenía su número registrado, no la conzoco de nada. — frunció el ceño un tanto preocupado cuando leyó el mensaje que su amigo escribió. — Hola preciosa, ¿en serio? — el rizado rodó los ojos como siempre que su amigo hacía alguna de sus tonterías y se resignó a que el mensaje fuera leído, después de todo no conocía a la muchacha.
— Tranquilo, probablemente resulte atractiva y te olvides de tu querida novia de una vez por todas. — Diego definitivamente detestaba a Sabrina. La niña se había ganado su odio desde que alejó a Emilio de su lado, nada raro, solo extrañaba a su mejor amigo y ella demandaba tener muchos derechos sobre este por el hecho de ser su novia.
— No entiendo por qué la detestas tanto, deberías de darle una oportunidad. — reclamó dejando su teléfono sobre la mesa del pupitre.
— ¿En serio me pides eso? — rió el ojimiel. — Esa mujer me detesta tanto como yo a ella, no hay nada que hacer. — finalizó cruzándose de brazos.
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— ¡Mi amor! — la rubia se lanzó a los brazos de su novio y este la tomó con firmeza para que no se lastimaran. — Estoy tan feliz de verte. — susurró en el oído del rizado haciendo que la piel de este se erizara un tanto.
Diego rodó los ojos bastante harto de la cursilería de su amigo y decidió salir apresuradamente de ahí para esperarlo en el auto.
Emilio sonrió ampliamente y besó los labios delgados de la chica con cariño. Durante toda la vacación no se habían podido ver ya que sus compromisos no los dejaron, por esa razón ambos estaban más que efusivos de poder volver a tener contacto. — También estoy feliz de verte, chiquita. — el rizado acomodó con cuidado un menchón del cabello sedoso de la rubia y sonrió con ternura.
— Necesito tenerte conmigo, por favor. — Sabrina no quería separarse de los brazos de su pareja, así que comenzó a dejar besos exparcidos por todo su rostro mientras le suplicaba que por favor la llevara a su casa. — Quiero que me hagas tuya, lo necesito bebé. —
A decir verdad la situación estaba incomodando un poco a Emilio ya que se econtraban en el pasillo de la escuela y la mayoría de los que pasaban por el lugar eran capaces de percatarse de lo que estaba ocurriendo.
— Bebé, por favor. ¿Sabes que desde ahora en adelante podremos hacer lo que tú quieras? — dijo bajándola de su brazos hasta posarla en el suelo delicadamente. — Pero creo que aquí no es el momento ni el lugar, entiéndeme. — besó la frente de la chica lentamente.
— Si no quieres nada conmigo, solo me lo dices. Ya sabes que hay una fila inmensa esperando detrás de ti. — la muchacha tomó su mochila del suelo con rabia y salió a paso apresurado por el pasillo.
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— Un grano en el culo, te lo dije. — Diego tomó el volante con cuidado y empezó a manejar directo a la casa de su amigo.
— Ella es un tanto extraña a veces, no sé cómo descifrarla. — tomó su teléfono e hizo el intento de mandarle un mesaje de texto.
— Voy a tirar ese aparato por la ventana ahora mismo si es que estás a punto de hablarle hijo de tu madre. — el ojimiel frunció el ceño y miró por unos segundo al rizado. — Deja de lamerle el ano, maldita sea, que no es la única en el mundo. — casi gritó. Estaba harto de que Emilio fuera un tonto.
— Tranquilo, no le hablaré. — hizo un ademán para que el contrario se calmara. — ¡Mira, un nuevo mesaje de mi admiradora secreta! — emocionado fue a la bandeja de entrada y abrió el mensaje con ansias. — "¡Gracias! pero creo que quisiste decir "precioso", ¿no?" — leyó en voz alta y su amigo frenó de golpe, sus ojos se abrieron sorprendidos y casi tiró su teléfono del susto.
— ¿Es un macho? — susurró Diego temeroso a la respuesta de su amigo.
— Definitivamente es un marica. — Emilio respondió con asco.
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No, soy gay.
Fanfiction- Emilio, eres un idiota. - declaró el castaño soltando una corta carcajada al darse cuenta de la gran metida de pata que había tenido su amigo. - ¿Qué? - preguntó confundido con el ceño fruncido. Tomó su teléfono de las manos de su compañero y sub...
