— Creo que te he visto antes. — bromeó el rizado mientras tomaba asiento a lado del pequeño.
Joaquín estaba comiendo una ensalada y se sorprendió bastante al ver a Emilio acercarse de tal manera estando frente a toda la escuela. El rizado jamás se hubiera atrevido a hacer algo así antes, simplemente no.
— ¿Sí?, ¿dónde? — preguntó confundido. Su ceño fruncido le ocasionó una sensación extraña al mayor, pero este solo lo ignoró.
Joaquín llevó un pequeño tomatito hasta su boca y lo dejó entre sus blancos dientes mientras esperaba la respuesta del contrario con la mirada expectante.
— En mi casa. — declaró rápidamente. —Hoy, a las siete. Es una cita. — sonrió con suficiencia al notar que le había salido perfecta aquella forma de flirteo. Estaba orgulloso de ello y al finalizar incluso le guiñó un ojo al menor.
El pequeño rió porque le pareció adorable realmente. No podía creer que había caído en aquella broma, era tan antigua.
— De acuerdo. — asintió con las mejillas rojas y la sonrisa leve plasmada en su tierno rostro. — ¿Qué haremos? — preguntó con ojos grandes y emocionados. Tal vez no era la mejor pregunta pero no podía evitar querer saber lo que el mayor tenía planeado.
— No lo sé. — se encogió de hombros luciendo desinteresado. — Quizá podamos repetir lo de la última vez. — susurró mientras apoyaba sus codos sobre la mesa para estar más cerca del menor. Podía notar su nerviosismo y eso aumentaba su ego de una forma increíble. Darse cuenta de cómo podía jugar con él de la manera que quisiera le dejaba una gran ventaja porque lo único que quería era eso, tener su atención completa para así destruírlo cuando se lo pidieran.
El menor se sonrojó muchísimo y dejó de lado su tenedor para cubrir su rostro con ambas manos. Jamás se olvidaría de aquella primera vez, claro que no. Le hacía muchísima ilusión que fuera igual de especial para Emilio, eso lo enamoraba aún más de él si es que se podía.
— Qué cosas dices. — negó después de unos minutos sin dejar de mirar al contrario con ojitos brillosos llenos de felicidad.
— No sería una mala idea. — sonrió de lado. Una de sus manos se deslizó por encima de la mesa y tomó la más pequeña. — Fue la mejor noche de mi vida. — confesó mordiéndose el labio inferior para evitar reírse.
Emilio estaba consciente de la mierda de persona que estaba siendo, pero no podía evitar sentir lástima por aquel niño. Sabrina estaría orgullosa de él y eso era lo único que importaba. Su corazón latía a mil por hora sólo por el hecho de tomar esa manito suave y tímida, pero nadie tenía por qué saberlo. Podía sentir cómo la piel de porcelana se erizaba a través de las yemas de sus dedos. Todo era una completa locura. Joaquín en verdad estaba enamorado de él, y eso era algo de lo que quizá jamás se perdonaría. Lastimar a alguien que estaba entregando todo de sí mientras la otra parte sólo se burlaba de esos sentimientos puros era algo miserable, lo sabía, pero... ¿qué hay de él entregando todo por una buena causa además del inmenso amor que siente por su novia? Él también estaba entregando todo por amor, y realmente esperaba que valga la pena.
— La mejor noche de mi vida. — repitió y asintió de acuerdo. Se sorprendió un poco cuando recibió un corto besito en su dorso por parte del rizado. Emilio era la persona más marvillosa que existía.
Toda la escuela estaba atenta a lo que con ambos estaba ocurriendo. Jamás creeyeron que el gran Emilio estaría en aquella situación con Joaquín porque en ningún momento se los había visto juntos antes, era extraño para todos. Eran polos opuestos, no era posible que se atrajeran, pero al parecer les estaban demostrando todo lo contrario.
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No, soy gay.
Fanfiction- Emilio, eres un idiota. - declaró el castaño soltando una corta carcajada al darse cuenta de la gran metida de pata que había tenido su amigo. - ¿Qué? - preguntó confundido con el ceño fruncido. Tomó su teléfono de las manos de su compañero y sub...
