Capítulo 26

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Hoseok parpadeo seguidamente ante la luz cegadora, llevó su mano hacia su frente e hizo de sombra para sus ojos, cuando se acostumbró a la luz la bajó lentamente.

Desorientado observó a su alrededor, intentando reconocer algo, cualquier cosa.

Estaba en el interior de una casa, una especie de cabaña simple mejor dicho. No había más luz que la que proporcionaba naturalmente la luna a través de la ventana y velas, ubicadas estratégicamente en lugares a los cuales la luna no llegaba, logrando iluminar toda la pequeña sala.

Hoseok frunció el ceño y se acercó a una pequeña mesa para dos personas, con curiosidad, observó los papeles sobre esta.

•°La ...al...    re...e... , el ...e  la   n...e   morirá. °•

—¿Qué...? —murmura intentando tomar el papel amarillento.

Su mano lo traspaso y seguido la mesa. Asustado el pelirrojo retrocedió y alzó su mano.

Podía ver a través de ella.

—¿Qué demonios sucede? —pregunto al tocar su mano, era sólida otra vez—. ¿Dónde estoy? —observó nuevamente a su alrededor.

Intentó tomar otras cosas pero sucedía lo mismo, los traspasaba como si fuera un fantasma pero a la vez si se tocaba a sí mismo era sólido otra vez.

Era como si estuviera en otra dimensión donde no podía tocar lo que no le pertenecía.

—Conozco eso —susurro sorprendido, acercándose a la silla frente a la chimenea.

Había un conocido colgante sobre ella, abierto. Instintivamente llevó su mano hacia su cuello y tocó la cadena que reposaba.

La puerta fue abierta repentinamente, sobresaltándolo. Un figura con capucha apareció, la puerta se cerró y llamas azules volaron a través de la sala, iluminándola completamente.

La figura se sacó la capucha y la capa negra, revelando su rostro.

—¿Abuelo? —pregunto sorprendido, siguiéndolo cuando este comenzó a desplazarse.

En una habitación aparte, había una mujer durmiendo con una manta sobre su abultado abdomen, lágrimas secas adornaban su rostro.

El anciano suspiró y se acercó más a la mujer pelirroja, tocando su hombro la despertó.

¿Papá?

Hay que irnos, hija —aviso moviéndose a través de la pequeña habitación, tomando cosas y guardándola.

¿Nos encontró? —preguntó asustada, incorporándose rápidamente. Gimió de dolor y llevó su mano hacia su vientre.

Oh hija —murmura acercándose rápidamente.

No, aún no —chillo haciendo puños sus manos—. Si nace ahora, será peligroso para él, no quiero perderle también —sollozó.

Sabes que si lo hago acortare tu vida ¿entiendes que es lo que me pides? —cuestionó angustiado—. Me estas pidiendo una vida por otra, que retrase el nacimiento de este pequeño a cambio de tu vida.

Es necesario —suplicó.

Eres mi hija —la tomó sobre los hombros, sacudiéndola suavemente ante la difícil situaciones que le estaba colocando.

Y él es mi hijo, mi pequeño Hoseok —contestó terca. Lamentaba la situación en el que estaba poniendo a su propio padre, pero su bebé era más importante.

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