The day after

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-¿Puedes venir por mi si o no?- La pelirosa puso su mano izquierda en su frente y empezó a sobarla en círculos.

-... Ugh, bien. Iré por ti, pero que sea la ultima vez.- La voz masculina colgó y se metió el celular en la parte trasera de su pantalón, luego se levantó y examinó toda la casa, donde todavía había mucha gente que no recordaba lo sucedido pasado la noche anterior y se encontraban llamando a familiares o amigos para que pudieran ir por ellos.

-¿No quieres que yo te lleve?- Otra voz se hizo notar a un lado de ella, al parecer proveniente de Liam, con su gran sonrisa y pelo alborotado.- Tengo auto.- Sacudió su mano derecha, haciendo ruido con las llaves plateadas golpeándose una contra otras.

-No gracias, ya vienen por mi.- Le dedicó una sonrisa falsa y siguió tecleando en su celular, esperando a que el chico se fuera de su radar.

-Vamos, podemos ir a mi casa y pasarla bien.- Se acercó más a ella y la chica frunció el ceño. ¿Es que acaso era tonto?

-¿Eres sordo? Dije que no.- Rodó los ojos y trató de sacar un cigarro de su chaqueta, pero Liam la tomó por el brazo y esta parecía estar a punto de perder el control.

-Es de mala educación rechazar a alguien.- Su tono se volvió un poco más duro y apretó su agarre, dándole a entender que no pensaba soltarla.

-Suéltame en este puto momento o...

-¿O que? ¿Vas a pegarme?- Río y apretó aún más su agarre, lo cual hizo estallar a la pelirosa.

Se guardó pacientemente el celular en el bolsillo y con velocidad y fuerza le pegó dos puñetazos en la cara, sin dejarlo recuperarse.

Todos veían la escena con sorpresa, mientras unos le gritaban irritados a la chica y otros trataban de ayudarlos a levantar a Liam. Sin embargo, a la chica no le importó y salió de la gran casa para subir a la cuatro por cuatro de Rayan, que se encontraba frente a esta.

-Gracias por venir.- Se acomodó en el asiento y cerró sus ojos, cansada por todo lo de anoche y lo recién ocurrido. El castaño no movió el coche, así que la chica abrió los ojos, viendo la mirada que él le dirigía como diciendo "¿En serio?"- ¿Que esperas?

-Me dijiste que ya no irías a más fiestas, menos por todo lo que está ocurriendo.- Se frotó la cara y recargo en el asiento del conductor, cansado de darle tantos sermones a su mejor amiga.- No puedes ir a drogarte cada que tienes un problema, Paige. No es sano. Tendrás una intoxicación etílica o... algo, no se.

-Tu mas que nadie deberías entenderme, créeme que no lo digo con ánimos de recordarte tu vida pasada, pero entiéndeme, solo quiero alejarme de todo y todos.- Se cruzó de brazos y vio por la ventana, recordando pedazos de lo que paso anoche.

-¡No me des ese tipo de excusas, Paige! ¡Ya van seis fiestas seguidas en las que te puedo garantizar que no recuerdas nada de lo que pasó!- Elevó su tono de voz y la miró, quitando su vista de la carretera.

-Rayan, la vista en la...

-¡Por supuesto que entiendo que quieras tener un momento de paz, pero no quiero que una de las personas que más aprecio sea destruida solo por...!

-¡Rayan, el auto!- Un coche en sentido contrario estaba a punto de chocarlos. Sin embargo, la chica fue lo suficientemente rápida y giró el volante, echándose encima de su amigo para poder salvar la vida de ambos.- ¡La concha tu madre, Rayan! ¡Casi nos matas pendejo!- Se puso a gritar cosas en español y el chico no sabia por que estar más asustado, si por la manera tan compulsiva en la que gritaba las palabrotas o por como estaban a punto de perder la vida.

***

La pelirosa trepó por su ventana, eran los ocho de la mañana y Rayan ya la había dejado en su casa.

Terminó de trepar y justo en ese momento entró su hermano, viéndola tumbada en su piso como si de un fenómeno se tratase.

-¿Debería preocuparme por tu salud física como mental?- La chica negó.- Madre quiere que vayamos juntos a desayunar con la familia de Brook.

-De acuerdo, bajo en unos minutos.- Su hermano se acercó y le dio un beso en el cachete antes de salir de la habitación, haciendo que la chica sonriera.

Se levantó y se dirigió a su baño, abriendo la puerta y viendo en el espejo sus ojos rojos y rimel esparcido, al igual que su pintalabios color rojo perra, sin mencionar su cabello, parecía un nido de ratas.

-¡Que puto asco cabrón!- Después de soltar más palabrotas decidió lavar su cara y dientes, para después darse una muy rápida ducha y cambiarse a una camisa blanca con el logo "Supreme" y unos pantalones de mezclilla con unos tenis blancos, para después dirigirse al primer piso.

-Buenos días, jefa.- Le dio un beso en el cachete y rió al ver su expresión acerca de aquel apodo tan corriente, al menos eso pensaba ella.-¿Vamos con Brook?

-¿A que hora llegaste anoche?- La pregunta tomó desprevenida a la chica, pero no hizo ningún gesto para mostrar su nerviosismo.

-Llegue a las once.- Terminó de servirse su jugo de naranja y le dio un sorbo, para después dárselo a su hermano.

-¿Segura?- le dedicó "la mirada".

-Segurisima.- Sacó su celular y empezó a distraerse en él para no tener que ver a su madre.

-Bien, suban al carro. Ya nos vamos.- Tomó su bolso y su hija una mochila.

***

-¿Y si vemos esta?- Presionó los botoncitos del control y señaló la película de "Son como niños".- Hace mucho no la veo.

-Lo que sea.- Brook estaba boca abajo en el piso de su cuarto, mientras que Paige estaba recostada en la cama, eligiendo qué ver en Netflix.- La vida es una mierda y no tiene sentido.- Hizo como si se colgara de un árbol y puso los ojos en blanco mientras sacaba la lengua.

-Deja tu etapa de pre adolescente depresiva, que Zac Efron no te conteste en instagram no es mi culpa.- Le arrojó una palomita y esta se la comió, haciendo reír a su amiga.- Pero ya, fuera de cura, ¿Que tienes?

-¿Fuera de que?

-Que ya me digas que tienes.- Rodó los ojos y le bajó el volumen a la tele, dándole a entender que empezara su relato.

-Es Matthew...-Se sentó en la cama y se cruzó de piernas, mientras jugaba con su pulsera y evitaba las miradas de su amiga.

-¿Que hay con él?- Sin embargo, ella no se veía tan interesada en el tema, por lo que decidió ver a Higgins desnudo subir las escaleras de la casa de verano de Lenny.

-Creo que... el...- Se le atoraron las palabras en la garganta y se quedó pensando, haciendo que su mejor amiga perdiera la paciencia.

-¡Ya dilo!

-¡Creo que el me gusta!

En ese momento, todo el mundo se paró, como ese momento en el que te preguntan "¿Trajiste la cartulina?", sintió hasta como el mosquito que hace rato las molestaba pasaba a lado suyo, buscando a quien picar para hacerle la vida imposible. 

Secrets of a Sin_Donde viven las historias. Descúbrelo ahora