Capítulo dos

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Joaquín comía enfrente mío su pasta, yo sólo lo observaba comer, me miró y me sonrió.

Twitteo algo sobre él y veo el mundo arder por un simple tweet.

— ¿No vas a comer? —Pregunto antes de meter una porción de pasta en su boca.

Negué.

— ¿Por? —trago y dejo el tenedor en su plato y me miró.

— Prefiero verte comer —dije con una sonrisa y recargue mi cabeza en mis manos y lo miré.

— Entonces dame tu plato, para que no dejes de verme —dijo, estiró su brazo dispuesto a quitarme mi plato.

Negué.

— Eso es mío jovencito —le dije impidiendo que se llevará mi plato con mi mano.

— Me dan asco —pronunció la hermana de mi novio.

— Deberías de ser homofóbica, así no te tendría casi viviendo en mi departamento —dije con burla.

Me saco la lengua.

— Soy amante de tu relación con mi hermano —dijo—, jamás sería homofóbica.

Joaquín se mantuvo en silencio, siempre lo hacía cuando su hermana y yo discutíamos. Tomo de mi mano por encima de la mesa, me gire a verlo, guiño su ojo y le sonreí.

— Déjala —dijo antes de intentar soltar mi mano.

— No dejes de tomar mi mano —pedí con un puchero apretando su mano con la mía.

— Pueden vernos —me susurró mirando hacia los lados.

— ¿Cuándo dejarán de ocultarse? —Pregunto la pelinegra antes de beber de su limonada.

— Concuerdo con la rata —dije—, creo que ya es momento de que todos sepan que estamos saliendo.

Apartó su mano al instante, bebió de su limonada y negó.

— Imposible —dijo.

— Moco —hable.

— No, Emilio —me interrumpió—, y no quiero discutir enfrente de mi hermana.

— Por mi no se detengan —dijo ella—, amo ver cuándo hacen sus dramas.

Joaquín la volteó a ver y la miró con enojo, ella se encogió de hombros, sabía cómo se ponía su hermano si se enojaba así que no dijo nada.

— Pide la cuenta y larguémonos de aquí —ordeno.

— Aún no terminas tu pasta —le dije.

— Quiero irme Emilio —dijo, se levantó de su silla—. Voy al baño —aviso y se fue.

— ¿Ya estarás feliz? —Le dije a Renata.

— ¿Qué? —dijo—, ¿Yo que hice?

— Joaquín está enojado por lo que dijiste, pero conmigo —regañe.

— Es también tu culpa —dijo—, si no me hubieras seguido el rollo mi hermanito no se hubiera enojado.

Cerro los ojos intentando no explotar de enojo.

— Mira —hablo—, te voy hacer un favor —abrí los ojos y la mire—. Me voy a ir a mi casa, los dejare solo y tú encontentas a Joaco —hizo una pausa y guiño su ojo—, ya sabes, dale besitos y todas esas cursilerías que hacen.

Asentí confundido.

— Le compras chocolates, le das un masaje y así de la nada, pum —grito, cerró su puño—, le metes la conversación de confirmar su relación a sus seguidores y listo.

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