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Capítulo quince

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Aniversario

El reloj de pared marcaba las doce del mediodía, Emilio observaba a su novio dormir.

Emilio no podía dejar de sonreír era veintiséis de noviembre, dos años de noviazgo con su castaño.

El mayor acarició delicadamente la mejilla del menor, trazó con sus dedos un espiral sin fin.

Joaquín se movió incómodo cuando un hormigueo se apoderó de él, arruga su nariz al darse cuenta que lo habían despertado.

—Déjame dormir —regaño.

Emilio sonrió al escuchar a su novio regañarlo y beso castamente su mejilla antes de levantarse de la cama e ir al baño.

Al salir, el castaño seguía acostado.

—Moco, levántate —susurró cerca del oído del menor, el mencionado se removió incómodo al sentir su aliento tan cerca de él—, son las doce.

Joaquín sacó su mano por debajo de la colcha para mostrarle su dedo corazón.

—Haré un en vivo —aviso—, para agradecer por las felicitaciones.

Joaquín asintió aún sin abrir los ojos y dijo—: recuerda terminar bien el live.

El mayor camino hacia su escritorio y acomodó su celular de manera vertical, abrió la aplicación de Instagram presionó en un en vivo y se observó en la cámara frontal, se veía despeinado y aún tenía puesta su ropa de dormir.

—No soy pendejo —se burló, sus palabras se habían escuchado en él en vivo.

Emilio sonrió al comenzar y saludó a los que comenzaban a llegar.

—Wuola —dijo—. ¿Como andan chiquillos?

Su vista se quedó leyendo los comentarios en su mente.

—Será muy cortito este en vivo, no quiero molestarlos con mi presencia por mucho tiempo —se disculpó mirándolos.

Volvió su vista a los comentarios.

—Joacongo sigue durmiendo —aviso.

Pues la mayoría de los comentarios que el rizado leía preguntaban el paradero del menor.

—Ya dejen de preguntar por el, es mí en vivo —dijo con burla para después arrugar su nariz—. Solo quería que supieran que muchas gracias por sus mensajitos de amor y que estuve leyendo muchos de ellos.

Trago y saliva y continuó:

—Les di mucho amor y todo eso —informó—, no como el que me dan ustedes todos los días, pero traté de regresarles un poquito.

Joaquín ya se había levantado de la cama y había pasado al baño para luego ponerse detrás de Emilio y abrazarlo por los hombros.

—Felicidades moco —dijo cuando apareció en la toma.

El rizado acarició los brazos del castaño con su pulgar derecho y sonrió cuando lo escuchó hablar.

—Felicidades a ti también —respondió—, por aguantarme como amigo un año más—corrigió.

Ambos chichos sabían las verdaderas felicitaciones y eso los llevó a sonreír sin poder evitarlo.

—De nada —dijo antes de salir de la toma y de la habitación.

Emilio lo siguió con la vista y cuando salió de su campo de visión, el mayor regresó su mirada hacia su celular y dijo—: los amo.

Y terminó él en vivo, se puso de pie, no sin antes de asegurarse de oprimir él aceptar.

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