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Dic.07,17:
—No mames cabron —se quejó el menor al entrar a la habitación del otro—, me voy tres, ¡Tres! —repitió con reclamo—, putos días de vacaciones y aquí sucede de todo.
El menor pateo la puerta de manera que se cerrará sin hacer tanto ruido.
—Si no trajiste helado de galleta y solo vienes a chingar, vete a la verga Diego —gruñó el mayor desde las sabanas de su cama.
Diego rodó los ojos desde la entrada de aquella habitación y dijo—: traje helado de galleta y cajeta.
Emilio extendió su mano hacia el rubio esperando el producto.
Diego se acercó a la guarida de Emilio y se sentó en la orilla de esta antes de entregarle lo que pedía.
—Wey, se que estás que te lleva la chingada —dijo en un suspiro—, porque creías que Joaquín era el amor de tu vida y...
—¡Es! —corrigió antes de meter una cucharada de helado a su boca—, Joaquín es el amor de mi vida —recalcó con la boca llena del producto.
—Okay, okay... es —corrigió con las manos en alto—. Pero como me contó Romi, él cree que tu...tu no eres el suyo.
Emilio soltó la cuchara en el bote de helado y lo miró, sus ojos habían comenzado a llenarse de lágrimas.
—Wey, no —trato de calmar—, no era eso lo que quería decir, era más bien que...
—No —interrumpió—, tu sólo dijiste la verdad. Es verdad, Joaquín no sabe si soy yo o una mujer lo que quiere para él y está bien.
Diego forzó una sonrisa en sus labios al ver como estaba su mejor amigo; las mejillas rosadas, la boca llena de chocolate como si fuera un bebe, el cabello despeinado y los ojos hinchados lograban que el rizado tuviera un aspecto terrible.
—Wey —lo llamó—, ¿me puedes dar un abrazito?
Emilio hizo un puchero al pedirle aquello a su mejor amigo.
—Obvio que si wey —dijo antes de acercarse a estrechar en un abrazo al mayor.
El sorbido del mayor se escuchó, había comenzado a llorar otra vez en el día.
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Joaquín.
—¿Como sigues? —Preguntó el rubio al sentarse en el suelo enfrente de él.
—Mal —se limitó a decir, su mirada era fija en la nada.
—Eso ya lo vi en tu aspecto —se burló.
Joaquín solo levantó su dedo corazón en dirección hacia el chico.
—Wey, ya dime algo —pidió—, dime que puedo hacer por ti para que estés mejor. Eres mi mejor amigo y mi...ex, pero ese no es el punto.