Capítulo veintiuno

2.7K 264 92
                                        

Diciembre 05, 2017.
10:36 horas.

La nariz y las rosadas mejillas de Joaquín Bondoni, muestras del frío que estaba haciendo en la Ciudad de México, fue lo primero que notó Eduardo Barquín al estar frente al castaño.

—¿Enserio? —el mayor preguntó incrédulo—, ¿crees que estando a la intemperie con sólo una pijama, estando a seis grados vas a arreglar tu desvergue?

Joaquín no se molestó en levantar su vista del césped de su jardín ni mucho menos de levantarse de su columpio para meterse a su casa y resguardarse del frío.

Eduardo tampoco insistió, con la colcha que cargaba en sus brazos rodeo los hombros del menor, Joaquín la tomó y se acurrucó en ella.

—Gracias —susurro el menor.

Eduardo no contestó y se sentó aún lado de él sin reclamos ni regaños, sólo se sentó. Cerró los ojos cuando su trasero tocó el metal frío de aquel columpio, ¿como podía estar aquel castaño como si nada?, se preguntó.

—Ya pensé eso de irme a la nada y creo que es buena idea —rompió el silencio el menor después de minutos—. Mientras antes, mejor.

Joaquín había pasado los días anteriores acotando en su habitación, mientras en su mente la idea del mayor no dejaba de resonar en ella.

—Okay —dijo el otro—, pero, ¿no prefieres esperar a que pase navidad y todo eso? —Eduardo se cruzó de brazos intentando cubrirse del frío—, lo digo por...tu familia.

El castaño negó.

—No lo hago solo por mi, si no también por ellos —respondió.

El mayor asintió.

—Hablaré con la dirección y tramitaré tu ingreso, ¿cuando y cuanto tiempo?

—¿Podría ser hoy?

—Si —asintió—, pero sería mejor que te tomes tu tiempo para despedirte de tu familia —sugirió—, no quiero que luego te arrepientas. Si te vas, no regresarás hasta que se acabe el tiempo.

Joaquín asintió.

—¿Dos meses? —Preguntó el castaño.

—Uno —sugirió el mayor—, y si crees que no fue suficiente, me llamas cuando termine y tramito el segundo mes.

—Está bien —aceptó el menor—, ¿funcionará?

—Solo si te escuchas —respondió.

Joaquín asintió y se abrazó a su colcha.

—¿Le dirás a...?

—No —negó al comprender—, y por favor que no se entere en donde estoy...

—Creo que debería saber dónde estarás, quieras o no es una parte importante en ti y te ama.

—Cuando regrese será la primera persona que veré, sólo si es que lo es.

Eduardo asintió y el jardín se volvió silencio.

El castaño aún no sabía si lo que estaba por hacer estaba bien, claro que quería contarle a su rizado donde se iba a meter por el siguiente mes, pero también quería darle la sorpresa que se encontraba listo para demostrarle al mundo que sé amaban sin importar nada.

—Puedo tramitar tu ingreso para mañana en la tarde —sugirió el mayor al romper el silencio, el castaño asintió—, bien.

—Bien —susurro el otro.

YouTube | EMILIACO |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora