Pretendiente y bombón

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Calle.

Veo cómo sale la gran arquitecta María José Garzón de mi oficina.

Sus intenciones quedaron muy claras después de su invitación y fue por ello que decidí poner un límite, no pienso caer en su juego de ningúna manera.

Desde el primer momento que me habló por mis dotes de enfermera supe que me estaba coqueteando. Lo termine de confirmar al momento de invitarme a comer.

¿Cómo supe qué ella era gay? Fácil, no dejaba de comerme con la mirada.

Me sentía desnuda ante su mirada intensa, en todo el transcurso que trabajó, tuve que ejercer mi pose de abogada seria para dejarle las cosas claras, no quiero involucrar sentimientos.

¿Sentimientos? ¿Qué estoy pensando? No puede haber nada. ¿Cómo me puedo estar planteando la idea? Estoy loca.

Pegué un pequeño brinco al oir abrirse la puerta de golpe, es mi socia y mi mejor amiga apareciendo otra vez, no me deja hablar ya que me bombardea de preguntas.

—¿Viste cómo te quedó viendo la arquitecta? ¿Por qué la rechazaste? ¿Es muy guapa, ¿no? ¿Creés qué sea tú nueva pretendient-

— ¿Puedes callarte?

En un momento me aturdió demasiado, parece grabadora dañada con su horda de preguntas.

— No me trates mal, no puedes negar que esa mujer es un bombón. — puntualizó alzando sus cejas pícaramente.

— Alba, me exaperas. — ella rueda los ojos.— Para empezar no es ningún bombón.

Recibí una mala mirada de ella, suspiré echando mi espalda en la silla.

— Y para concluir, ¿cuántas veces te tengo que decir que no soy de tu bando?— recalqué sobando mi sien.

Alba resopló tomando asiento.

— Sí, claro y yo soy Jennifer Lawrence.— negué divertida.

Me puse de pie para ir por café, tenía que seguir trabajando con el mismo caso. No sabía cómo mi cliente iba a librarse de esto.

— Castaña virgen, ¿viste a ese bombón? O tú eres ciega o realmente eres hetero.—

Rodé los ojos de nuevo, había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho ya, tomé asiento de nuevo.

— No me ruedes los ojos, Calle, sabes que tengo la razón muy en el fondo lo sabes.

— Claro que no. — me defendí sin verla.

— No creas que no te caché viendola. — arrojó con u a risita divertida.

— Tonterías.

— Ponme atención.—  mencionó irritada, la vi para darme una mirada asesina.

Alba tenía en cierto punto razón, pero nunca lo iba a aceptar y peor enfrente de la demente que tenía cómo socia.

— Alba, te estoy escuchando, déjame trabajar este caso lo llevo meses trabajando y no tiene fin.— pedí con poca paciencia, bufó.

— Castaña virgen, deja el trabajo, morirás sola y anciana y lo peor de todo sin sexo toda tu vida, ¿lo imaginas?— hizo una mueca de terror. — Yo no, me moriría antes de envejecer.

Solté una risita, la española hueca esta mal y si es capaz de hacerlo.

— Alba, necesitas ayuda psiquiátrica, sólo piensas en sexo me preocupas. — mencioné, vi cómo soltaba una estruendosa carcajada, fruncí el ceño.

Destino || TerminadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora