Sí, sí es contigo

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Poché.

—¿Puedo ser tú novia?

Mi corazón corría una maratón a toda velocidad, latía tan fuerte que sentía que se saldría de mi pecho en cualquier momento.

Estoy esperando la respuesta que cambiará mi relación con la mujer que amo, sigo esperando su respuesta, pero todo queda claro cuándo siento sus labios impactar con los míos. No es un beso apresurado, ni urgido, es un beso suave, lento, cómo si nuestras almas bailarán la más lenta de las canciones en un solo espacio.

Me dejó llevar perdiendome en esos labios que son mi adicción, ella se separa de mi con una sonrisa que jamás olvidaría.

— Sí, sí quiero ser tu novia, Poché. — contestó sin dejar de sonreír.

Solté el aire retenido en mis pulmones, tome a Calle entre mis brazos y empecé a dar vueltas con ella en el aire, solo podía  escuchar el hermoso sonido de su risa.

—¡Daniela Calle es mi novia!— grité feliz.

Dejé a la castaña en el suelo para empezar a saltar por toda la playa, sintiendo un tipo de adrenalina en mi cuerpo que no sentí antes.

— ¡Tengo novia, tengo novia!

Volví hasta donde Daniela y salté encima de ella, caímos al suelo y soltamos carcajadas, ayudé a levantarla sacudiendo su ropa para tomar sus manos.

— Gracias, gracias, gracias. — murmuré pegando su frente a la mía. — Prometo hacerte feliz.

— Ya lo haces, corazón.

No dude ningún segundo más y tomé sus labios con los míos, demostrandole todo el amor que siento por ella, rodeando mis brazos en su cintura para tener más contacto.

Ella rodea mi cuello con sus brazos sonriendo en medio del beso. Me separo de ella con una sonrisa.

— Ven, aún no termina la sorpresa. — comenté jalando de su mano.

— ¿Otra sorpresa?— soltó a mis espaldas. — Me consientes demasiado, me voy a mal acostumbrar.

Solté una risita, ayudándole con sus tacones para llevarlos en mi mano libre. Detuve el paso para verla.

— Para ti todo lo que quieras, hermosa. —contesté dándome un corto beso.

Seguimos caminando hasta que vi el yate que renté para Calle y para mi, ella me vio sorprendida.

— Es nuestro por está noche y mañana. — informe, observando cómo ella veía el yate maravillada.

Jalé de su mano para empezar a subir al yate, ella me detuvo jalando de mi mano para pegarme a su cuerpo.

— No sé que hice para merecerte, gracias por darme esta noche. — susurró con alegría.

— La agradecida debo ser yo, por tenerte en mi vida. — repliqué rozando su nariz con la mía.

Seguimos caminando para ir a la cubierta del yate, ahí bajo la luz de la luna había una mesa con pequeñas velas para dos personas, un mantel blanco la cubría con todo tipo de comida encima.

— Después de ti.

Arrastré la silla para dejar que Calle se sentará, después de tomar asiento nos dispusimos a comer los manjares que habían en la mesa.

En toda la cena solo se escuchaban nuestras risas, miradas, caricias suaves debajo de la mesa, uno que otro beso y chistes tontos por parte de ambas. Me sentía tan plena y en paz ahí en medio del mar con la mujer que amo cenando bajo la luz de la luna y las estrellas, no podía pedir más.

Destino || TerminadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora