Golpe y dueña.

18.4K 850 33
                                        

Calle.

— ¡Mierda! — exclamé al ver la chica que le di tremendo portazo.

— ¿Qué carajos, Daniela?— dijo Alba a mis espaldas.

Lo me que me faltaba.

No solo estuve minutos escuchando la letanía de Alba por llegar tarde a la supuesta reunión con la arquitecta, para también agregar que le di un portazo a alguien que parecía inconsciente en el suelo.

«Genial» pensé.

— ¿Qué no tienen nada mejor qué hacer?— inquirí al ver la mirada de todos en el piso. — Vuelvan al trabajo.

Todos se dispersaron para seguir en su trabajo, suspiré echando un vistazo a la mujer inconsciente.

— No te basta llegar tarde para que también mates a la arquitecta. — reclamó Alba, suspiré.

— ¿Es ella?— cuestioné, ella me dio una mirada fulminante.

— Por supuesto, castaña idiota.

Con mi mirada entiende que necesito ayuda urgente, por lo que la española hueca llama a un guardia de seguridad.

Doy la indicación de que la lleven a mi oficina, el guardia la deja en un sillón de cuero, le  doy las gracias y se retira.

— Ve por un botiquín o hielo en vez de verme.

— Cómo digas.

Alba salió de la oficina cerrando la puerta a sus espaldas.

Veo la peliazul y ni siquiera da señales de vida, me acerco y noto que respira, por suerte está viva.

Lo menos que quiero es ir a la cárcel por homicidio en primer grado, ¿y qué clase de muerte es esa? Una muy ridícula, quizás.

Un suspiro pesado sale de mi boca escuchando mi teléfono sonar, lo ignoro entretanto espero a Alba para que llegue, pero no lo hace.

Me dirijo a la puerta para abrirla, al hacerlo veo cómo mi mejor amiga da dos pasos hacia atrás con cara de susto.

— Joder, con lo peligrosa que estás con las puertas es mejor alejarme. — bromeó.

— No digas tonterías y dame eso.

Le arrebato el botiquín que trae en las mano para acercarme a la mujer que está en el sofá.

Abro el botiquín y sacó un pequeño bote de alcohol para tomar un trozo de algodón y llenarlo con el líquido.

— Viendo a la arquitecta, no está fea, eh. — comentó mi socia.

— Alba, por Dios, está inconsciente. — mencioné evidente.

— No te preocupes, la necrofilia no me va.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro, mi amiga esta loca.

Por el comentario inapropiado de Alba, mi vista recorre a la mujer que está tirada en el sofá, tiene rasgos definidos y lindos. Su cuerpo se ve trabajado debido al traje que se le pega al cuerpo.

¿Hará ejercicio diario? Sacudo mi cabeza.

Estoy pensando tonterías, me obligo a concentrarme.

Me acerco y me siento a su lado, no puedo evitar ver sus pestañas largas, ¡que envidia! Sus pestañas y cejas hacen una hermosa complementación con su cara y sus labios, son carnosos y gruesos... Se ven suaves.

¿Qué se sentirá besarlos?

Pero ¡¿qué?!  ¿Que hago pensando en esta desconocida? Además soy hetero, ¿oh, no?

Destino || TerminadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora