¿Puedo ser tú novia?

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Poché.

La felicidad no cabía en mi cuerpo, sentía todo que todo mi ser iba a estallar, me parece increíble cómo puede caber tanta felicidad en un cuerpo tan pequeño.

No lo sabía, lo que si sabía es que besar los labios de la mujer que amo es inefable.

Porque sí, amo a Daniela Calle y descubrirlo es la mejor cosa que me pudo haber pasado, Calle es mi complemento y lo es todo para mi, no me arrepiento de nada lo que ha pasado, desde su portazo hasta viajar hasta Colombia para venir hablar con ella.

Me siento aliviada porque todo se solucionó, pero aún no entiendo cómo ese audio llegó al teléfono de ella. Ese día hablé con Alba y sólo estábamos ella y yo, tengo que averiguar qué pasó.

Por lo pronto disfrutaré estar con Calle y disfrutar de está hermosa ciudad con ella.

Ambas estamos paradas aún en medio de la habitación, su frente está pegada a la mía, mientras acaricio su mejilla tiernamente y ella pasa las yemas de sus dedos por mis brazos delicadamente, nuestros ojos conectados perdiéndose entre ellos y demostrandonos todo lo que no podemos con palabras,

Com ese brillo intenso cuándo ves a esa persona especial.

No puedo creer aún que encontré a la persona que esperé todo este tiempo, el destino y mi angelito en el cielo me puso a Calle en mi camino.

Un suspiro sale de mis labios no queriendo romper este momento que se que quedará en mi memoria, pero me obligo a hacerlo cuando veo a mi castaña bostezar.

Una sonrisa tierna se dibuja en mi rostro.

— ¿Quieres ir a dormir?— murmuré con voz cariñosa.

Ella sólo asintió con sus ojitos casi cerrándose.

— Ven, vamos a dormir, hermosa. — mencioné deshaciendo el abrazo.

Tomé su mano llevándola a la cama, al llegar Calle se lanzó a ella cómo un perezoso, solté una risita.

¿Qué haría sin esta mujer?

Ella se acomoda en la cama y su cabeza en la almohada abrazandola, estoy a punto de irme al sillón cuando veo que levanta la cabeza para verme.

— ¿Adónde crees que vas?— preguntó alzando una ceja.

— Al sillón, no quiero molestarte. — respondí con una sonrisa, frunció el ceño.

— Me molestaría si no vienes y te acuestas a dormir conmigo. — habló con voz evidente.

— ¿Me está proponiendo una propuesta indecente, señorita Calle.

Caminé hasta ella lentamente fingiendo voz seductora, ella veía atenta mis movimientos.

— Sí, señorita Garzón, — contestó con una sonrisa juguetona,

Tendió su mano hacia y yo la tomé, solté un pequeño quejido al ser jalada de mi brazo cayendo a la cama de golpe.

— Ahora callate, hay que dormir. — ordenó, solté una risita.

— No puedes vivir sin mi, ¿cierto?— murmuré rozando nuestros labios.

—No, y tú no puedes vivir sin mi.

Fue lo último que escuché antes de romper la distancia de nuestros labios en un beso dulce.

— Ahora ya puedo dormir. — comentó con una sonrisa.

Respondo esa sonrisa y cómo la gobernada que soy, me acosté a su lado.

Ella inmediatamente se acomodo en mi pecho cómo siempre lo hacemos, su pierna entre las mías con mis manos en su cintura, acariciando su cabello castaño, hago suaves caricias en sus brazos y cabellos hasta que siento su respiración más pesada, dándome a entender que está dormida.

Destino || TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora