Enfrentamientos

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Poché.

Con Alejo llegamos a la delegación de policía, nos adentramos al lugar hasta que miré a Juan Pablo, apresuré mi paso llegando hasta él.

— ¡¿Qué demonios pasó con tu seguridad?!— grité furiosa. — ¡Dijiste que esto no pasaría!

— Cálmate, María José. — pidió Juan Pablo. — Hago mi trabajo.

— ¿Tú trabajo?— inquirí incrédula. — ¡Mi mujer está en manos de ese hombre!

— Cálmate o me veré en la necesidad de ponerte trás los separos.

Apreté la mandíbula, mi mejor amigo colocó una mano en hombro, llené de aire mis pulmones.

— Al menos dime qué ya sabes dónde está Daniela. — murmuré entredientes.

— Aún no, estamos mirando las cámaras en dónde sucedieron los hechos. — replicó, pasé una mano por mi rostro.

— Maldita sea.

Me sentía impotente, no hacer nada y saber que la mujer que amo está en manos del enfermo de su padre me pudría las entrañas.

Una llamada en mi teléfono me hizo sacarlo rápidamente, lo observé y era un número desconocido.

— ¿Bueno?

— La adoración de la pequeña Daniela. — escuché su asquerosa voz.

Le hice señas a Juan Pablo poniendo el teléfono en altavoz.

— ¿Dónde tienes a Daniela, maldito?— cuestioné con poca paciencia.

— ¿Me creés tan estúpido para decirlo?— oí a Germán chasquear la lengua. — Sé que estás en contacto con la policía.

Observé a Juan Pablo y él me alentó para seguir hablando.

— Dime que quieres.

— Muy sencillo, quiero llegar a un acuerdo contigo, Garzón. — replicó con voz cantarina.

— Habla. — demandé con firmeza.

— Quiero cinco millones de dólares para devolverte a la estúpida de mi hija.

Me quedé en silencio ante la gran cantidad, Juan Pablo negó con sus manos pidiendo cortar la llamada.

— Vaya, ¿es mucho dinero para rescatar a tu adorada?— lo escuché reír.

Apreté los labios volviendo apartando la vista de Juan Pablo.

— Está bien, los tendrás. — accedí, el policía frente a mí me dio una mirada asesina.

— Sin policías, Garzón, te saldrá caro si los llevas. — advirtió Germán.

— Te daré mi palabra que no llevaré a nadie conmigo. — repliqué.

— Muy bien, busca ese dinero y si dices algo, mato a Daniela.

— ¡No la toques, infeliz!— grité enfurecida.

La llamada se colgó, pasé una mano por mi cabello viendo a Juan Pablo.

Destino || TerminadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora