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Recuerdo cuando abrí mis ojos luego de la operación. Te encontré dormida sentada en una silla alado de mi cama con nuestras manos unidas. Despertaste unos minutos después y al verme despierto tus ojos brillaron. Sonreíste aliviada y te acercaste a darme un beso.

– Hola – salude recordando el día que nos conocimos. Aquella primera palabra que salió de tus labios, tu positividad y por como congeniaste enseguida con mi mamá.

Te volviste mi amuleto de la suerte, un ángel que vino a cuidarme y a quien yo debía cuidar.

– Gracias – susurraste acariciando mi cabeza y besando muchas veces mi frente. Sin esperar a que preguntara porque me agradecías tu misma me contestaste como si leyeras mi mente – Gracias por no abandonarme – en ese momento no entendí tus palabras.

Te extraño rayo de sol.

EfímeraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora