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Aunque me habían dicho que esperara dentro del coche, no hice caso

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Aunque me habían dicho que esperara dentro del coche, no hice caso. Prefiero llevar la contraria siempre a hacer lo que ellos me dicen, que para colmo llevan razón, ya que no pasas frio y no te enfermas, pero parece ser que yo solo escuche la parte de que no es muy confiable ir en esta camioneta.

Cada vez que dejaba que dejaba que el aire saliera de mi cuerpo cuando lo expulsaba se creaba un humo blanco, que se produce cuando hay bajas temperaturas. Estaba helado de frío, tenía un abrigo, pero no abrigaba lo suficiente para mantenerme quieto y sin moverme un buen tiempo. Estoy sentado en un tronco de un árbol que por algún casual lo tallaron. La noche estaba bastante tranquila, callada sin ningún ruido alrededor.

Ya había pasado bastante tiempo y el sueño empezaba a apoderarse de mi cuerpo, intentaba no cerrar los ojos, aunque por inercia lo hacía.

Miro a la furgoneta con los cristales polarizados pensando en entrar o no, cada minuto que pasaba me estaba congelando más y si me dormía era mejor estar en un lugar más cálido.

Me levanto y voy caminando muy despacio y yéndome de un lado a otro pareciendo un ebrio que acaba de beber como un poseso y va para su casa o a cualquier parte.

El coche también se estaba enfriando y eso era porque no tenía la calefacción puesta por el simple hecho que después la furgoneta no arrancaba, aunque si la vamos a dejar aquí no hay motivo para no encenderla.

Apoyo mi cabeza en el respaldo de mi asiento y me acomodo para dormir un poco, pero mis planes se truncan cuando alguien toca con sus nudillos el cristal de mi ventanilla.

¿Quién será ahora? Todavía no he abierto los ojos y gruño al escuchar de nuevo el sonido.

—Zarek abre la puerta, estamos todos aquí —escucho la voz de Dagmara al otro lado.

—¿No podíais haber tardado un poco más? Estaba a punto de quedarme dormido un rato.

—No seas un incordia a estas horas Zarek, todos aquí tenemos sueño —a tientas voy palmeando la puerta para poder llegar al tirador para poder abrirla —, abre la maldita puerta.

Sin abrir los ojos abro por fin la puerta y le mando que se calle, ya que Nadzia se supone que dormía.

—Ve a sacar a Nadzia.

—Y tú abre los ojos que nadie te llevara en brazos, que ya eres mayor —gruño.

—Eso ya lo sabía, no hacía falta que me lo dijeras.

—Abre los malditos ojos y sal de la puta camioneta, no te lo diré otra vez. Si no has bajado en menos de tres segundos, te bajo yo y no será de una bonita forma.

—Está bien jefa —bromeo aunque no sea el momento indicado.

Abro los ojos y lo primero que hago es estirarme como si acabara de despertarme. Me paso las manos por la cara, tengo mucho sueño y espero llegar pronto a donde quiera que vayamos.

El mundo de ZarekHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora