Si Me Dices Que Me Quieres

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Apenas amanece Emilio sube las escaleras de su edificio hasta llegar a la azotea, donde se queda viendo cómo va saliendo el sol en el cielo despejado, algo irónico cuando él parece sentirse debajo de una nube gris permanente. No ha podido dormir nada, pensando en Joaquín, en Joaco, y en Mauricio. Todo es muy extraño.

— Hola.

Hablando del Rey de Roma.

— Ahhhh chinga tu madre, me asustaste pendejo.

Emilio se gira para mirar a Mauricio recargado en una pared.

— Diría que lo siento, pero no es así,— dice el mayor con una sonrisa sarcástica.

— ¿Qué chingados quieres? Deja de aparecerte en todos lados siempre.

— Quería saber cómo estabas. Ayer te desmayaste ¿no puedo preocuparme por un amigo?

— Tú y yo no somos amigos y llegar a las seis de la mañana a preguntar cómo estoy no me parece algo muy normal.

Mauricio se queda un rato mirando a Emilio, quien permanece con en ceño fruncido— Bien — dice, soltando un suspiro — Me voy.

Por un momento a Emilio no le importa pero después, abre los ojos de par en par — No no, espera.

Mauricio ni siquiera se ha movido de su lugar

— Joa- joaquín,  quiero decir ¿sabes más cosas de Joaquín? ¿Cómo murió? ¿Qué le pasó? — necesita saberlo, cerrar ese ciclo, de algún modo.

Mauricio sonríe aún más — Claro que lo sé pero ¿por qué te lo diría? ¿Y por qué te interesa después de todos estos años?

— Eres un imbecil Mauricio — Emilio empieza a alterarse pero por primera vez no será impulsivo ni le soltará un golpe a Mauricio, porque desgraciadamente, lo necesita — Solo... Solo dímelo.

Entonces el rubio empieza a acercarse a él — te mando un mensaje de texto, pasame tu número, y en la noche tendrás todas las respuestas, te lo prometo.

Emilio recita su número de teléfono y Mauricio lo anota en el suyo, guardandolo como Emilio y un emoji de carita enojada.

— Jaja, qué gracioso — le dice Emilio girando los ojos.

— No lo es. Siempre estás enojado conmigo y yo solo quiero ser tu amigo — Mauricio hace un puchero y le da una palmada en la espalda al rizado.

— Ni creas que me vas a convencer de que tienes un corazón — dice Emilio apartándose y yéndose de ahí, dejando a Mauricio solo.

— Curioso Emilio, porque tienes razón, no lo tengo — dice Mauricio al aire, porque Emilio ya se ha ido.

......................

El resto del día se la pasa completamente ido, sin siquiera saber  qué pasa a su alrededor, cuando puede, se encierra en su cuarto y cuando no, ignora a los demás. Su madre y hermana intentan hablar con él pero no saben cómo acercarse, es obvio que Emilio esté dolido después de enterarse de que su amigo de la infancia ha muerto.  Lo único que le hace no saltar por la ventana es Joaco, su Joaco bonito.

Por su parte, Joaco está normal, algo preocupado por Emilio pero por supuesto, no logra aún tener esa empatía como para entender el sufrimiento de Emilio, después de todo, la gente muere todos los días.

— Joaco — La voz de Pancho retumba en la sala de estar, sobresaltando al chico y a Renata que está en el sillón escuchando su música con sus audífonos.

— Necesito que empaquen, ambos. — se acerca a Renata y le quita los audífonos — Nos vamos.

— ¿A dónde? — Pregunta Joaco confundido, siguiendo con la mirada a su padre adoptivo que camina de un extremo a otro.

J04K0 (Emiliaco) TERMINADA Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora