17. Dylan, el Encantador.

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Oliver escuchó las voces y los pasos acercarse a la cocina, por lo que tuvo que esconderse junto a la puerta, se arremangó las mangas de la sudadera hasta el codo para tener una mejor movilidad en los brazos y no hacer mucho ruido, pero una luz verde en su muñeca derecha llamó su atención, en ese momento entraron Leo, Sasha, Nohemí y otros tres chicos más. La científica sostenía una tablet en las manos, Oliver la miró con odio, tomó un cuchillo y en total silencio salió de la cocina no sin antes conducir a dos infectados y encerrarlos dentro a todos. Mientras escuchaba los gritos y ruidos se recargó en la pared con el cuchillo en la mano, respiró una vez, dos veces, tres veces.

—Vamos, Oliver. Tienes que hacerlo –volvió a respirar profundo una ultima vez, cerró los ojos y se clavó el cuchillo en la muñeca. Sentía el dolor pero no quería ni mirar lo que estaba haciendo. Podía oler su propia sangre y comenzaba a sentir nauseas. Sacudió la cabeza y rebuscó con sus dedos el pequeño metal de color gris, lo miró pero al instante lo tiró al suelo con una mueca de asco –Esperaré con ansias el día de tu muerte, Nohemí –sacó una camiseta que había robado de una habitación y se envolvió el brazo con ella. Corrió a la enfermería, tomó todas las vendas que pudo, alcohol y corrió de vuelta a la PDI donde Dylan lo esperaba preocupado –Volví –se deslizó con habilidad por entre los barrotes y dejó la mochila en el suelo.

—¿Qué te pasó? ¿Te mordieron? –Oliver le dio las vendas y el alcohol –¿Pero qué...?

—Escuchame con atención. Me quitaré esto y tienes que ponerme el alcohol, después vendarme.

—¿Estás loco, Oliver? Yo...

—Dylan, por favor... –hizo una mueca de asco al ver su mano izquierda un poco manchada de sangre, Dylan se extrañó –. Mierda...

—Oliver... Solo es sangre.

—No lo entiendes. No puedo ver mi propia sangre sin sentir nauseas. ¡Hazlo rápido!

—No puedo creer lo que acabas de...

—Voy a vomitar...

—¡No! Ya, ya. Lo hago, lo hago –Oliver cerró sus ojos y volteo la cabeza mientras Dylan abría la botella de alcohol y se limpiaba bien las manos –Esto va a doler. Muerde esto –le pasó otra camiseta limpia que encontró dentro de la mochila. Oliver se limpió la mano izquierda en un plato de agua que había en el suelo y tomó la camiseta, respiró profundo y mordió la prenda. Dylan se echó el cabello hacia atrás y se concentró. Vertió el líquido en una pequeña gasa y también respiró profundo –Aquí voy, no me vayas a matar después de esto, por favor.

—¡Solo hazlo, Murphy! –su voz sonó amortiguada por la prenda. Dylan le colocó la gasa en la herida –¡ME CAGO EN LA...! MIERDA ESO DUELE –Dylan limpió rápidamente y procedió a vendar tal y como recordaba a Keyla haciéndolo. Cuando terminó de colocar las vendas y notando que Oliver ya estaba más tranquilo, le quitó la camiseta y la usó para limpiarle la sangre del brazo.

—Listo... ¿Estás mejor?

—Eso creo...

—Bien, ahora ¿me puedes explicar qué mierda te pasó? –Oliver lo miró fijamente, lo tomó del brazo y le clavó el cuchillo –¡OLIVER DANVERS! ¿QUÉ DIABLOS TE SUCEDE?

—Ya casi... Aquí está –extrajo el rastreador. Dylan estaba sorprendido pero rápidamente se cubrió el brazo con la camiseta manchada de sangre que había usado Oliver –Es un rastreador. Debo deshacerme de él, no tardo.

—No oye, espera... Oliver –pero el chico ya había salido de la PDI –. Mocoso loco.

Oliver encontró a un infectado que llevaba una sudadera, con increíble sigilo, se acercó a él y le puso el pequeño aparato en la capucha de la prenda, corrió nuevamente a la PDI y al ver a Dylan vendarse el brazo, rápidamente entró a ayudarlo.

V-77 |#2| TERMINADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora