Su corazón ya no late

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"Su corazón ya no late" fueron las cinco palabras que resonaron como frío eco en aquellos oscuros y largos pasillos de blancas paredes. Como un susurro lúgubre. Murmullo de pasos. Muchas miradas ensombrecidas lo observaron pasar, contemplando durante todo el camino el escalofriante rastro de sangre.

Muchos sollozaron su nombre, la angustia consumía a aquellos que esperaban ¿Qué esperaban? No sabían, quizá un milagro. Un extraño acto misericordioso de la muerte. O tal vez, despertar. Sintiendo el repentino alivio de saberse todo mentira. Como un sueño, una simple pesadilla. Sin embargo aquello no pasaría, la realidad era demasiado dura. Cruel. Era imposible pensar las cosas de otra forma. Ino ya no respiraba.

—¡Tsunade! —el desgarrador grito de Naruto quebró el denso silencio que llenaba aquel lugar. En tan solo segundos la Hokage se encontraba frente a él.

Sin siquiera dudarlo tomó el cuerpo inmóvil de la chica y acercó su oído al ensangrentado pecho de ella. Oyó por unos segundos, buscando en el silencio la vana esperanza de un furtivo latido, como rayo de luz. Nada. Volvió a concentrarse, una vez más, sólo silencio. Nada.

Aún así cargó con el cuerpo hasta el interior de una de las puertas, junto con Shizune. Quien había permanecido de pié al lado de la rubia. Contemplando con horror el pálido cuerpo de Ino, cubierto en un espeso manto de sangre. De su propia sangre.

Todos la contemplaron marcharse. Sin embargo Naruto no se movió, y permaneció allí frente a la puerta. Rígido. Anko y Kiba lo acompañaban, en silencio. Lo cierto era que los tres se sentían, de alguna forma, responsables por lo que había sucedido.

Mientras, y tras ingresar a la habitación, ambas mujeres depositaron el cuerpo de Ino sobre la fría superficie de una camilla. Contemplando todo el camino la herida, aquella que había producido el fallecimiento de la joven. Además de esa, tenía otros cuatro cortes: uno en el hombro, otro en el brazo, en la espalda y rodilla. Sin embargo aquellos eran superficiales. Meros cortes a la carne, ninguno fatal.

—Está muerta…—susurró con tristeza Shizune, sin embargo Tsunade no replicó. No dijo nada y contemplando la herida, la cubrió con sus manos deteniendo la sangre de seguir saliendo. Fluyendo de su chakra a través de sus palmas hacia el corazón de la rubia. Intentando una y otra vez reanimarlo—. Tsunade.

Aquella escena era idéntica a la muerte de Dan, esa vez ella había fallado. Esta no lo haría… Por lo que continuó intentándolo, una y otra vez. No importaba si aquello la drenaba completamente de chakra. No se rendiría.

—¡Nooooooooo! —chilló de dolor una mujer rubia en la sala de espera, contemplando con los ojos llorosos a Anko, Naruto y Kiba. Un hombre de similar color de cabello y esbeltas facciones permanecía a su lado. Contemplando con la mirada vacía a los tres shinobi frente a él. Tenía la expresión en blanco sin embargo sus azules ojos, similares a los de su hija, reflejaban dolor.

—Inoichi… —susurró un alto hombre de oscuro cabello recogido en una cola, Shikaku—. Acabo de enterarme, vinimos lo antes posible… —Yoshino asintió, con suma tristeza. Shikamaru no dijo nada, y rápidamente se marchó junto a Chouji. Quien permanecía inmóvil, en un oscuro rincón junto a sus padres.

—Ino está… No quiero creerlo —susurró el Akimichi, al sentir la presencia de su mejor amigo junto a él. El Nara asintió, más no dijo nada. Prefiriendo permanecer en silencio una vez más, repitiendo en su cabeza una y otra vez las últimas palabras que ella le había dicho "Mira si yo me iba y ustedes no llegaban, y luego no vuelvo de la misión". Una y otra vez, se repetían en su cabeza. Una y otra vez, la rubia había tenido razón. Pesaría en su conciencia, pero más aún lo lamentaría. Por el resto de su vida si no hubiera sido capaz de despedirse de su amiga a tiempo. Si ahora ella muriera ¿Qué haría? No quería perder a nadie más, cuando había fallecido Asuma Shikamaru había sentido, en un instante, su mundo desmoronarse. Lo mismo había ocurrido aquella vez, en la misión de rescate a Sasuke, cuando Chouji había resultado gravemente herido. Suspiró. Aparentemente el equipo 10 era el fetiche de la muerte.

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