—¡Ino, hija apúrate! —oyó a su madre decirle, mientras junto a su padre terminaban de preparar lo necesario para aquel día en el parque.
La rubia por su parte se encontraba en la cocina, sentada al borde de la encimera contemplando junto a ella una gran caja de color púrpura, y una similar al lado de ésta pero más pequeña en la cual se encontraba, sin duda, el ponqué de chocolate y canela que había preparado para Shikamaru el día anterior.
Lo cierto era que aún no se había decidido, no sabía si sería lo correcto dárselo o si debería simplemente arrojarlo a la basura o comérselo ella. Y aún miles de pensamientos se arremolinaban en su cabeza, uno tras otro confundiéndola más y más. Había pensado que quizá cuando llegara el día todo pareciera más claro y sin embargo había resultado ser exactamente lo opuesto. Estaba completamente perdida, sin la menor idea de que debía hacer.
—¡Ino, vamos! —volvió a insistir su madre.
—Voy —replicó esta vez, tomando ambas cajas y dirigiéndose hacia la puerta donde sus padres se encontraban.
Finalmente, ya todos listos, se dispusieron de camino al parque. Durante el trayecto sus padres continuaron hablando sin cesar del placer de tener un día libre para simplemente disfrutar en familia y con amigos. Ino, por su parte, pensaba en su dilema. Y en que debería hacer en cuanto lo viera.
Intentaba imaginarse su reacción, armar en su imaginación la conversación que tendrían. Por supuesto sin éxito, y es que por más que intentara descifrar al Nara jamás parecía lograrlo. El chico era simplemente un misterio.
Entonces llegaron, el lugar abarrotado completamente de gente. Todos sentados sobre coloridos manteles en la hierba, charlando animadamente, comiendo y celebrando aquel día. Podía ver a lo lejos la familia Aburame, todos sentados en círculo en completo silencio. O al menos eso parecía dado que no podía verles la boca a ninguno de ellos debido a las vestimentas de cuello alto. También pudo vislumbrar a Kurenai, en la distancia, con su pequeño hijo y el resto de los sensei, la mujer al verla inmediatamente la saludó con un gesto alegre de la mano y retomó su conversación con los demás.
—¡Buenos días, Ino! —saludó entonces una voz gentil. La rubia inmediatamente se volteó a verla.
—¡Hola Hinata! —replicó feliz, no sabía porque pero había algo en la Hyuuga que transmitía tranquilidad y calma—. Oye ¿Ya le diste tu regalo a Naruto?
La joven rápidamente bajó la mirada ocultando su rubor y negó con la cabeza. Sosteniendo frente a ella una pequeña caja, similar a la de Ino, de color azul oscuro.
—Ya veo, estaba pensando llevarle uno de los míos de chocolate ¿Quieres que vayamos juntas? Seguramente también estará Sakura.
—Si... si, está bien.
Y así ambas se dispusieron a buscar al rubio, suponiendo que se encontraría con la familia de Sakura dado que la pelirrosa lo había invitado a pasar el día con ella.
Recorrieron durante largo rato el poblado parque, saludando de vez en cuando algún que otro rostro familiar. Cuando se encontraron con Kiba, Hinata se detuvo a darle su ponquecito. El castaño sonrió animado y le regaló, como muestra de su amistad, uno de los ponqués que su madre y su hermana habían cocinado. Akamaru, por su parte, permaneció feliz al lado de los Inuzuka, agitando la cola felizmente. Sobre todo cuando Hinata entregó al perro un ponqué similar al que le había regalado a su amo.
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Últimos suspiros
FanfictionHola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Acá yo de regreso con una nueva historia shikaino que realmente espero les guste.
