Esa noche trató de no pensar en aquello, trató de por un momento al menos borrar las palabras de Sakura, sus propias palabras. Desviando su atención de todo aquello que pudiera rememorarle a él. Toda aquello que pudiera recordarle a aquel funesto día en que entre suspiros fúnebres había susurrado su nombre, con el sabor metálico de la sangre en su boca. El instante aún permanecía lívido en su cabeza, para su desgracia, pues se lamentaba hacerlo. No quería pensar en aquello pero era una trágica tentación. Tanto como inevitable, el solo hecho de no querer hacerlo lo aferraba más a su cabeza. Hacía cada instante más vívido, a pesar de querer borrarlo Shikamaru estaba allí.
—¡Ah! —chilló frustrada, estrujando la almohada en sus brazos mientras se volvía a girar por enésima vez en la cama. Enmarañándose entre las sábanas—. Sal de mi cabeza, estúpido Shikamaru.
Sin embargo allí estaba, podía imaginarlo con esa estúpida sonrisa sarcástica que tanto odiaba. Y que por el momento no le desagradaba en absoluto. Nada de él lo hacía, siempre había tenido bien presente las cualidades del chico. Sólo que jamás lo hubiera mirado de forma particular. Como le ocurría ahora, sin siquiera quererlo.
¿Y que haría mañana? ¿Cuándo tuviera que verlo? ¿Seguiría actuando como si nada? Seguramente. Debía hacerlo, y tratar de no perder la razón en el intento.
Finalmente con un plan en mente sonrió para sí y cerró los ojos, pretendiendo que de esa forma todo pasaría. Quizá si durmiera al otro día aquellos pensamientos desaparecerían. La abandonarían y con fortuna todo volvería a la normalidad.
Extrañamente para ella el día llegó más pronto de lo habitual, pensando que quizá el sol también se hubiera complotado en su desgracia se incorporó. Notando entonces el cansancio en su cuerpo, aparentemente no había descansado bien y ahora lo resentía.
Lentamente comenzó a cambiarse de ropas, vistiéndose con su habitual atuendo de entrenamiento compuesto por un top púrpura, que dejaba ver su plano abdomen, y una pollera púrpura y negra. Aferró la correa de su porta kunai en su muslo derecho y bajó las escaleras. Comprobando que sus padres ya se habían marchado, probablemente su madre a la tienda y su padre a una misión, se fue. Saliendo finalmente al cálido día.
—¡Que bonito día! —exclamó feliz contemplando el cielo, totalmente despejado. Ni una sola nube en el cielo. Ni una estela blanca. Sonrió, no podía evitarlo.
Y así continuó caminando, hacia los terrenos en el bosque que solía ocupar durante sus entrenamientos. Lo cierto era que hacía mucho habían dejado de entrenar los tres juntos, sin embargo una vez a la semana habían decidido mantener aquella costumbre. Por los viejos tiempos, y en memoria de su querido sensei.
—¡Buenos días! —saludó alegre a Chouji, buscando inconscientemente con la mirada a Shikamaru. Cuando notó lo que estaba haciendo se obligó a fijar sus ojos en su amiga.
—¡Buenos días, Ino! Llegaste temprano —ella asintió feliz. Y aunque quiso detenerse algo en su interior no se lo permitió. Por lo que formuló la pregunta que traía en mente.
—¿Y Shikamaru? —el Akimichi se encogió de hombros.
—Tarde —replicó casualmente—, ya sabes como es.
La joven rubia asintió, sonriendo. Pero pronto su mueca decayó al notar que sus pensamientos, por más que quisiera desviarlos, volvían siempre a su compañero ausente. Incluso al presente, que él no estaba, Ino se encontraba pensando en él. Preguntándose por él.
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Últimos suspiros
FanfictionHola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Acá yo de regreso con una nueva historia shikaino que realmente espero les guste.
