— ¿Alguna vez te preguntaste que era lo que yo sentía cada vez que me vendías por un par de pastillas? —Preguntó Dann a su madre—. Oh, estoy segura que no, tu solo asentías cada vez que me pedían ¿No es así?
Su madre yacía en el sillón, la mano de Dann le apretaba tan fuerte el cuello que las palabras no podían salir de su boca.
— ¿Alguna vez te preguntaste cuanto miedo pase? No, claro que no lo hiciste, Entonces tampoco te llegaste a preguntar cuanto me dolía… ¡Responde!
Su madre negó con la cabeza.
—Me lo temía, pues déjame darte una pequeña demostración.
Su otra mano se elevó en el aire, en ella aún mantenía el mango de la cuchara de madera que había roto en la cocina, presionándolo con tanta fuerza que el roce de su piel con la madera podía escucharse entre los intentos de gritos de su madre. Ver la desesperación en sus ojos la hacía sonreír, como si una alegría reprimida por fin viera su libertad.
El trozo de madera bajó con toda la fuerza que Dann pudo poner en ello, atravesando la tela del pijama que utilizaba y la delgada ropa interior, incrustándose hasta lo más profundo que pudo llegar y astillando toda la carne que sorteaba a su paso.
—Mírate—dijo Dann, soltando una pequeña risa—pariste dos hijas y sin embargo sangras peor que una virgen.
El pedazo de madera salió solo para volver a introducirse en ella una y otra vez. Intentaba gritar, pero la fuerte presión en su cuello no le permitía expulsar el aire contenido para gritar ni tampoco respirar. La intensidad del dolor iba en aumento, Dann no se detenía y no mostraba intenciones de hacerlo. Se sentía débil, poco a poco el roce y las heridas provocadas por la madera la hacían perder la sensibilidad.
—Danili… ¿Qué… qué le estás haciendo a mamá?
Se detuvo. Desvió su mirada hacia a un costado y ahí, en la entrada del pasillo, Emilia la observaba. No estaba asustada, pero no comprendía que es lo que pasaba, solo veía a su madre tumbada en el sillón y a su hermana haciendo algo que ella no entendía.
Danielle volvió en si misma, se levantó y fue hacia ella, la abrazó como de costumbre, le pregunto si tenía hambre a lo que Emilia asintió y le pidió que volviera a su habitación, aún estaba somnolienta y estaba distraída sobre lo que pasaba a su alrededor. Danielle la observaba caminar y tambalearse por el sueño, por un momento sintió aquella paz que su pequeña hermana le brindaba hasta que un fuerte portazo la hizo volver en razón. Miró hacia el sofá y su madre no estaba, de alguna manera había logrado escabullirse hasta la puerta sin que se diera cuenta, había escapado.
El vehículo se detuvo en una esquina. Era casi el medio día y las empolvadas calles sin pavimentar se encontraban desiertas, la gran mayoría de las casas se encontraban abandonadas o eran utilizadas solo durante el verano.
— ¿Por qué volvimos a este lugar? — preguntó Nella.
—Tenemos que estar atentos a todos sus movimientos, así que prepárate, porque será un día largo.
—Aun no comprendo por qué no les has dicho todo esto a los demás, tendríamos más apoyo y…
—Sabes bien que no lo creerían —interrumpió Lobos—. Están demasiado convencidos de lo otro.
— ¿Ni siquiera a Molina?
—A él se lo explicare con tiempo, de una manera más calmada—bostezó— y con menos sueño.
Nella cabeceaba por el cansancio, no había dormido en toda la noche y apenas acabaron con el caso de Felix se pusieron en marcha para planear la captura de Danielle. Tenía hambre, sueño, se sentía fatigada, definitivamente necesitaba su cama.
—Quiero comer algo—dijo Nella entre bostezos, mientras sus ojos se cerraban lentamente.
—No creo que tengamos tiempo para ello.
Lobos le dio un golpe en la nuca para que espabilara, ella lo miró con el ceño fruncido pero rápidamente desvió su mirada hacia donde Lobos observaba. A unos metros una mujer caminaba intentando no caer, la parte baja de sus ropas estaban manchadas con sangre y dejaba huellas rojas a cada pisada que daba, de pronto se desvaneció.
—Vamos —dijo Lobos, abriendo la puerta del auto.
Faltaban unos metros cuando una chica salió de la casa de dónde provenían las huellas. Nella la miró y volvió a sentir aquel miedo de antes. Danielle los vio y se quedó inmóvil observándolos. No había miedo en su rostro, pero tampoco ira, era simplemente inexpresiva.
—Tiene…
—No hagas nada que pueda hacerla usar eso—dijo Lobos, con la mirada fija en el cuchillo que Danielle llevaba consigo.
— ¿Ahora si crees que necesitaremos refuerzos? —susurró a Lobos.
—No hay tiempo, prepara las esposas.
Nella llevó lentamente sus manos hacia la parte trasera de su pantalón, donde en un pequeño compartimiento mantenía un par de esposas, Lobos le había insistido llevarlas siempre consigo cuando comenzó a trabajar con él hace un par de años y por fin había llegado el día en que las usaría. Aquella noche habían dejado sus armas en sus casas, Lobos era muy precavido, él mismo llevaba también un par de esposas consigo, pero en ningún momento llegaron a tener en consideración que podrían necesitar el llegar a usarlas, al menos no mientras no estuvieran ya listos para tomar arrestada a Danielle, aquel momento lo esperaba para uno o dos días más, pero por lo visto el día se habría adelantado, Danielle estaba ahí, frente a ellos, con la que pudo haber sido su próxima víctima y el arma con la que la había atacado en sus manos.
Lobos dio un paso adelante y Danielle se lanzó hacia él.
El cuchillo fue directamente a su estómago pero logró desviarlo y tomarla del brazo. Danielle soltó el cuchillo y lo atrapó con su mano libre, Lobos intentó atraparla en dirección a su cuello pero el filo viajó directamente hacia la mano que la apresaba, haciendo que la soltara. Nella la tomó del brazo y en un movimiento logro torcerlo, haciéndola soltar el cuchillo.
Su brazo se retorcía y la mano de la oficial la presionaba con fuerza, soportando el dolor logró reincorporarse y darle un fuerte puñetazo en la tráquea, pudiendo así liberarse de nuevo.
El golpe no le permitía respirar, una patada en su estómago la hizo caer. Escuchaba forcejeos, golpes, el sonido de zapatos arrastrados por la tierra y fuertes pisadas. Poco a poco el aire volvía a entrar a sus pulmones, logró comenzar a levantarse. Alzó su mirada y la chica estaba en el suelo intentando retorcerse para liberarse, Lobos le aplastaba un brazo con sus rodillas mientras mantenía sujetos el otro brazo y el cuello de la chica con ambas manos.
—Nella, rápido, las esposas
Nella se incorporó y sacó las esposas de su compartimiento, camino hacia Lobos para esposar a Danielle pero antes de llegar a su lado las piernas de la chica se recogieron hasta su pecho y empujaron al detective lejos de ella. Se levantó y tomó el cuchillo del suelo, se lanzó contra Nella pero Lobos, abalanzándose sobre ella, logró sujetarla aferrándose a su cintura, cayendo ambos al suelo.
Lobos intentó levantarse pero las piernas de la muchacha rodearon su cuerpo y en un impulso Danielle logró ponerse sobre él. Varias puñaladas cayeron sobre su rostro, Lobos intentó cubrirse y desviar el cuchillo con sus manos pero una de ellas alcanzó a clavarse en su ojo izquierdo.
Nella la tomó y se la quitó a Lobos de encima, Danielle iba a atacarla nuevamente pero el sonido de una baliza la hizo alertar. En la esquina de la calle una patrulla se asomó a toda velocidad, Danielle supo en ese momento que estaba en problemas y escapó corriendo.
Molina bajó del vehículo y este siguió a Danielle intentando darle alcance.
—Hombre, sí que te ves mal… Nella llama a una ambulancia.
—Estoy bien, pero ella no—Lobos apunto a la madre de Danielle que yacía en el suelo.
Molina se dirigió al cuerpo de la mujer, midió sus signos vitales y estos eran demasiado débiles.
La ambulancia no tardó en llegar y con ella los equipos de investigación quienes rápidamente aislaron el perímetro. Varios oficiales se acercaron a Lobos, era cosa de verlo para saber que estuvo cerca de la muerte, pero algunos no evitaron bromear con él antes de que se lo llevara la ambulancia. Nella quiso acompañarlo pero él no se lo permitió. Con un gesto apuntó a la casa de Danielle.
—Entra y asegúrate que esté bien.
No comprendía a que se refería, pero decidió obedecer y descubrirlo por si misma. Las puertas de la ambulancia se cerraron y ambos heridos fueron llevados del lugar.
— ¿Qué te dijo? —Preguntó Molina a Nella.
—Que entrara a la casa.
—Entonces vamos.
La puerta estaba abierta, había un pequeño desorden que más bien hacía parecer al lugar una sala descuidada que la escena de una pelea, pero el sillón ensangrentado dejaba claro lo que había pasado. Molina se dirigió a la cocina, Nella caminó por el pasillo hasta la primera puerta que encontró. La abrió, un baño; siguió hasta la siguiente puerta, esta tenía un distintivo de madera colgado con las letras “D y E”. La abrió lentamente y se encontró con una habitación; entró.
En la cama, sentada, había una pequeña niña que la miraba fijamente.
— ¿Quién eres tú? —Preguntó Emilia.
—Soy Nella—respondió nerviosa—, nos conocimos hace días.
—No es cierto, no te conozco… ¿Dónde está Danielle? Tengo mucha hambre.
Nella se acercó y se sentó en el borde de la cama, de un salto Emilia se ocultó bajo las sabanas.
— ¡Fuera de aquí! —Dijo Emilia entre sollozos—si me haces algo se lo diré a Danielle.
Nella se levantó de la cama y fue nuevamente hasta la puerta. Emilia asomó la mirada entre las sabanas, Nella recogió la manga de su sudadera y le mostro la trenza de hilos que Emilia le había regalado hace días. La pequeña la reconoció, salió de su escondite y de un salto al borde de la cama se lanzó al cuello de Nella.
— ¡Si te conozco! —Dijo emocionada.
Lobos sabía que Emilia se encontraba dentro de la casa. También sabía que la pequeña sería enviada un hogar de menores y conocía perfectamente la historia de Nella como para saber que ella no podría evitar el hacer algo al respecto. Pero lo que al parecer Lobos no sabía era que no había nada que Nella pudiera hacer para evitarlo. Emilia pasaría toda su infancia y adolescencia encerrada en un lugar en el cual sufriría mucho, tal como lo habría hecho ella varios años atrás.
ESTÁS LEYENDO
Sinister
TerrorEn esta pequeña historia seguiremos los pasos de Danielle, una joven de dieciséis años la cual acompañada de un ser creado por sus más oscuros sentimientos decide recuperar aqueños años de su vida arrebatados por los abusos de quienes pronto conocer...
