Eric Theodore Cartman era la peor mierda que pudo haber existido, en el momento que nació el mundo le dio la mejor suerte de todas, como hadas madrinas se acercaron al infante con los males y prejuicios de la humanidad, y con sus varitas oscuras y maltratadas fueron dándole lo mejor y peor de cada vida.
Era racista, era un gay de closet, era un egoísta, gordo, con tendencias psicópatas, era un neonazi, odiaba a los pobres, judíos e hippies, odiaba a las minorías, malcriado, había matado a su padre, su madre era una puta, se podría decir que odiaba a cada ser que no fuera él.
Pero con todo aquello, tenía virtudes que nadie podía negar.
Era gordo, sí, pero su grasa era agradable de abrazar, no lo decía un don nadie, lo decía Heidi Turner, su ex—novia. Aquella perra que había intentado cambiarlo y terminó con todo lo contrario.
Era bueno debatiendo, aunque cuando era más pequeño realmente no le importaba mucho aquello, al crecer su palabra fue tomando poder, y eso le encanto.
Su mente diabólica era perfecta para cualquier empresa, todos querían tener al mal nacido de Eric en algún momento, pues tenerlo de su lado significaba beneficios sin fin.
Había tanto que querían del aquel chico de huesos grandes, pero nadie aparte de Heidi fue capaz de ingresar a su corazón.
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Kenny, Kyle y Stan tenían planeado juntarse ese viernes en la noche, y quedarse en una pijamada, a sus doce años y estando casi en navidad, todo estaba servido, la televisión, los juegos, la comida chatarra.
—Kyle, viejo —le llamó la atención McCormick —Deja de pensar en cosas maricas —Dicho esto le empujo un poco para hacer espacio en el lugar donde iba a poner su bolsa de dormir
—No estaba pensando en el Culón —Protestó enseguida el pelirrojo
—Nadie— Stan tragó algo de saliva —Nadie dijo que lo hacías —Él estaba algo asustado, aburrido, tal vez era el dolor de cabeza que alertaba que su sistema ya había empezado a notar la ausencia de alcohol.
—Oh... Bueno ignoren eso— Como si aquello hubiera sido nada, Kyle se acostó con los brazos apoyados en su nuca.
—Yo también pienso en él— Confesó el rubio, sacándose su capucha para dejar libre su cuerpo que daba muestras de desnutrición, pero con una sonrisa traviesa.
—Yo pienso más en él —Aquella pequeña discusión la siguió el pelirrojo, observando el techo
—Me masturbo pensando en él —Aquello levantó la risa de los presentes, más acabo tan rápido como empezó.
—Dude —Quedaron en silencio, se miraron a los ojos — Ok, es suficiente —La voz de la razón estaba siendo Stan —¿Desdé cuando pensamos así de Cartman?
—4 años —Respondió el rubio
—2 años —prosiguió el de cabellos negros
—Al menos toda la vida —Susurró el colorado —No sé si se acuerdan, pero en Kindergarten el culón y yo éramos mejores amigos —Una sonrisa salió de él —Iba a su casa cada fin de semana para hacer una pijamada, en un momento él dijo que me amaba
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Schnuckelchen [Kyman Drabbles]
Fiksi PenggemarCartman no entendía el porque de aquello, miraba incrédulo sujetando una mano de calor familiar. En cada línea temporal, en cada dimensiones, ellos acababan igual. Ellos acababan juntos. Sentia su estómago resolverse al sentir un beso en su mejil...
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