La lagrima sobre un clavel rojo.

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—Dos días...

—Ya relájate.

—No puedo con esa música infernal.

Ian estaba tratando de calmar a Connie mientras la música gótica del chico del departamento en el piso tres subía cada vez más y más de volumen, no sabría decir si era música gótica o simplemente metal, pero en la cabeza de ambos parecía que estaban invocando a algún demonio.

Los hermanos Walker habían superado nuevamente la fecha de la muerte de sus padres, y ahora, un día después de la visita al botánico, ambos se sentían mas alivianados, mas libres, o al menos eso quería decirse Ian a cada minuto que pasaba. Dave le había contado la razón principal de su motivación a Ian, e Ian finalmente lograba entender que su hermano aun en sus arranques de locura seguía pensando en como ayudarle a recordar a sus padres.

—Dave me contó sobre ayer... —dijo Connie.

—¿Ah sí?

—Si, me era de esperar que de el viniera algo así, si bien es más despreocupado que tú, usualmente no hace las cosas sin una fuerte motivación. —respondió Connie tratando de enfocarse en la conversación y no en la música.

—Si.

Ian se había dado recientemente una ducha ante de ir al departamento de Connie y aún tenía el cabello húmedo. Pasó su mano por su cabeza y por un segundo volvió a revivir aquel momento en el botánico. Ese brillo en los ojos de Dave que iba y venía, ese brillo tan particular que hacia que Ian no pudiera dejar de admirar a su hermano mayor, a su motor de ser alguien mejor dia a dia.

—¿Quieres bajar los cuadros esta noche? ¿o mañana temprano?

—¿No tienes que trabajar? Mañana es lunes.

—Si, pero puedo llegar tarde.  —respondió el chico mirando los diferentes cuadros. —Me gusta el cambio...

—Es una metamorfosis, como una mariposa.

—Literal. —agregó Ian haciendo que Connie riera.

Connie solía pintar cuadros grises  con tonalidades algo lúgubres, pero últimamente también habia pintado algunos surrealismos con colores fluorescentes y llenos de energía y alegría, era una declaración de que su vida estaba cambiando y haciendo una transición hasta reflejar su verdadero yo.

—No entiendes, he esperado esto por años, y ahora al fin Ian, al fin.

—Y vendrá mucha gente, es lo mejor. —respondió el chico mirando a su amiga quien en un rápido movimiento se acercó a la puerta de la entrada del departamento.

—¡BAJALE A LA MUSICA! —gritó la chica rabiosa con el cabello alborotado.

—¡OBLIGAME!

La respuesta inesperada desde el piso tres hizo que Ian y Connie simplemente se miraran confundidos. Asi que decidieron ir a por aquel retador.

La música se esparcía como un eco que hacía retumbar las paredes del edificio, y aunque parecían ser los único realmente molestos, podríamos asegurar que la mayoría de los demás residentes estaban a solo segundos de llamar a la policía.

Ian tocó la puerta dos veces, hasta que abrieron y una ola de música chocó el rostro de ambos, casi haciéndolos retroceder.

—¿Qué pasa?

Cristoff tenía la edad de Ian, quizás un poco menos, vivía con su hermana y su padre, todos igual de góticos y extraños. Tenían piercings en sus orejas y usaban más delineador que shampoo, y eso no era suposición.

El Florista.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora