Un mes transcurrió, y el día de volver al departamento llegó. Departamento que parecía intacto de no ser por el olor a humo impregnado en las paredes que según los reconstructores se iría en un par de semanas. Connie también había vuelto, Ian la había ayudado a subir un sofá que había adquirido por la venta de uno de sus cuadros, y no era de sorprenderse que su departamento también oliera a ahumado, y pintura, oleo y ahumado, una sensación que causo algo de nauseas al joven. Ian también notó que la anciana de los perros y a familia gótica también habían vuelto, el olor a perro mojado y la música gótica no pasaban desapercibidos.
—¿Necesitas algo más? —preguntó Sato antes de dejar a Ian en el edificio luego de ir de compras al supermercado.
—No, todo bien, mañana me tomaré el día, quiero descansar.
—Me alegra, si quieres que nos veamos estoy a una llamada de distancia. —respondió Sato mientras Ian lo besaba suavemente antes de bajarse. —Ian...
El joven puso sus ojos sobre el asiático.
—Estoy para ti, y contigo.
Las palabras del asiático se escabulleron como pequeños dardos en el pecho de Ian, quien se despidió con un guiño y entró al edificio. Ian se abría con Satoshi, finalmente y poco a poco le decía lo que pasaba por su mente y aceptaba esos gestos demostrativos sin quejarse, es más los atesoraba, aunque eran cosas banales, Sato lo agradecía, y al menos Ian también, sentía que Sato no lo juzgaba, no hacia preguntas extras, era bueno leyéndole, y el joven Walker cada vez se sentía mas arraigado al afecto que le demostraba.
Subió las escaleras del edificio y la anciana de los perros lo interceptó en el pasillo.
—Ian, toma... —le dijo entregándole una cacerola con pure de papas. —Bienvenido de nuevo, no había salido a saludarte porque mis perros están cagando todo el departamento de nuevo.
Ian tomó la cacerola con una sonrisa.
—Gracias. —respondió.
—Si necesitas algo, pues...
—Estoy bien, y de nuevo muchas gracias... —interrumpió a la anciana poniéndose en marcha hacia su hogar.
—Ian... —volvió a decir la anciana. —No tuve la oportunidad de decirte cuanto lo siento...
La herida se abrió lentamente, como si uno de los puntos que la mantenían cerrada se desprendiera.
—Gracias Linda, supe que fuiste al funeral, realmente lo agradezco.
—Si de algo sirve, Dave era lo mejor de este edificio, ustedes lo son, soportan a viejas idiotas como yo y a los escandalosos del piso tres sin alegar mucho.
La anciana arreglo sus gafas y entrecerró los ojos mirando a Ian, quien escuchaba a Linda y poco a poco el punto quirúrgico de su herida volvía a su lugar.
—Dave solía preguntarse porque vivías sola...
—Ah pues es simple, me basta con limpiarle la mierda a unos perros como para estar pendiente de un hombre que no es muy diferente. —ella respondió con soltura haciendo que Ian sonriera.
Linda volvió a entrar a su departamento e Ian subió al suyo, con una inesperada sensación de calma y con una sonrisa en su rostro. Al llegar dejó la cacerola sobre la cocina y caminó hacia su cuarto, pasando de largo por el de Dave. No había entrado desde que había regresado, tenia miedo de hacerlo y no ser capaz de salir. Se sentía mejor, lo estaba llevando bien, lo había aceptado, pero no se sentía preparado para revivir su aroma o su esencia. Simplemente lo pasó de largo.
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El Florista.
Teen Fiction「Terminada」La verdadera motivación detrás de esta historia es incierta. Quizás este justificado por el despido de Dave de la universidad, o de las ganas de hacer algo más que solo enseñarles a mocosos sin respeto en las aulas. Pero una cosa esta cla...
