El primer amor.
Aquella primera ilusión que te hace idealizar la perfección y se queda en tu memoria como un sentimiento puro y verdadero.
Un recuerdo de la niñez dando paso a la juventud, apostando a un futuro incierto.
¿Recuerdas tu primer beso?
¿...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Oliver.
—¿Quieres explicar qué es esto? —Mi madre parece que se ha vuelto loca—. ¡Es increíble, Oliver! —Se peina el cabello hacia atrás con frustración—. ¡No has puesto un pie en las clases de verano! ¿Qué has estado haciendo? ¿Pensabas que no me enteraría? ¡Han mandado un citatorio, Oliver! ¡CITATORIO!
Sí, definitivamente está en fase terminal.
Esta loca si cree que pasare todo mi verano encerrado en la escuela.
—¿Qué tienes que decir al respecto? —No la había visto así desde que me suspendieron hace tres meses atrás—. Sabes que tu padre se pondrá furioso ¿cierto? Nos veremos obligados a llevarte nosotros mismos a clase si es preciso ¡No permitiré que suspendas de nuevo!
¿Por qué los padres se empeñan en hacer la vida de sus hijos miserable?
Creo que puedo escapar por la ventana del baño escolar si no me dejan opción. No hay manera que tome esas estúpidas clases de verano.
¡Maldito señor porcino, me paso el teorema de Pitágoras por el arco del triunfo! ¡No permitiré que arruine mis planes! No es mi culpa que su esposa lo dejara por ser una asquerosa bola de manteca.
—¡¿Por qué no dices nada?! —Sigue gritando como histérica.
—¿Puedo ir a mi habitación?
—¡Ah, Oliver! —Le van a salir canas si sigue así.
—Ya me hice cargo de la basura, creo que puedo irme ahora —comienzo a levántame de la silla donde me acorralo.
—No te vas —dice poniendo sus manos al costado de cada bracera de la silla.
—Iré a las estúpidas clases —ruedo los ojos esperando que esto termine.
—No es un juego, Oliver, es tu educación —toma aire relajando los hombros—. Estás por comenzar onceavo grado, no querrás quedarte en décimo y dejar de ver a tus amigos ¿cierto?
¡Ah, mierda! Eso no lo pensé.
Mi madre se reincorpora con la espalda recta y cruza los brazos ¡No es justo! ¡No cantes victoria, Darsy Cox!
—Iré a las clases —digo entre dientes.
—No solo iras —me mira astuta—. No quiero menos de una "B".
—Pero...
—Nada de peros —me corta.
—¡Es imposible!
—No hay imposibles, cariño —despeina mi cabello con una sonrisa terriblemente malvada—. No me mires así.
La miro como se merece ¿Cómo puede hacerle esto a su propio hijo?
—Tranquilo, hijo, veras que no es tan malo —da un paso hacia la cocina—. Además, te alegrará mucho saber que Emma estará contigo.