Pequeños escritos.
A veces siento una pequeña gotita de inspiración que toca mi mente, hay veces mi inspiración viene de todos lados,y no viene de ninguno.
A veces paso analizando mi plato de comida en mis horas de descanso. Como esa mariposa atrapada en un cuarto, que se estrella contra la ventana tratando de soñar con la libertad. O como aquel insecto muriendo en un charco, pobre ser luchado por qué el mismo movimiento inútil que produce lo salve. Y así son algunos días, vivimos pensando que la rutina nos salva.
Después sales del trabajo y vuelves a ser esa mariposa atrapada en un cuarto. Vuelves a ser ese insecto caminando estúpidamente de nuevo por aquel charco. Que injusta es la vida cuando vas con la sonrisa a medias, que justa es la vida cuando te permite seguir con vida.
Es una de esas preguntas que desde niña me hice. ¿Por qué el sufrimiento es parte de la experiencia? Y aprendí a las malas que cuando algo duele en el corazón jamás se olvida.
Sirvo mi cena y me cuestiono si la carne que está ahí tuvo una mejor vida que aquella mariposa que morirá mientras se aferra a creer que un simple foco es la luz que la salve, y a veces así somos nosotros, creemos que la felicidad es la única que salva, y yo ahora somos como un tesoro hundido.
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