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Tengo unos sueños que se descomponen, y un alma famélica que comienza a dudar de que yo sea quien sacie su existencia. Soy de ese porcentaje de gente que decidió poner comida en su mesa a cambio de ver morir sus sueños, me fabrique una máquina de esperanzas, pero no abraza. Me hice un traje a la medida pero parece que sólo es para portarlo el día que me vaya para siempre.

Hay días donde huelo a fracaso y ruinas, como una iglesia antigua que lucha por no perder su fe. Hay días donde Dios se sienta a mi lado y me pregunta: ¿por qué hemos fallado tanto? Mientras también agacha la mirada, y también se rompe.

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A Z U LHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora