Capítulo 10

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—Hey, soy yo, tranquila —.Levanto mi rostro para ver a Amanda frente a mí, su mirada emana tristeza y compasión.

Me siento en la cama tomando el plato de comida que esta me ofrece y seguidamente empiezo a comer, observo que también trae una peculiar ¿Ropa?, definitivamente no sé si así podría llamársele, pero en vez de pasármela solo la guarda en el closet.

—Cuando termines de comer dúchate, son ordenes de Daniel —La sola mención de su nombre causa que mi estómago se cierre. Amanda sale del cuarto dejándome a solas con mis pensamientos.

Y en este momento, pienso en los recuerdos que he tenido, aquellos que sólo aparecen cuando duermo y que se sienten más reales que la realidad misma. Ahora entiendo que no debo simplemente rendirme, debo intentar luchar por mi vida y salir de aquí aunque pierda la batalla, debo ser fuerte.

Dejo el plato en la pequeña mesa a lado de la cama, para dirigirme al baño, una vez allí, retiro las ropas que cubrían mi cuerpo y me adentro a la bañera, abro la ducha dejando que el agua recorra mi cuerpo intentando hacer la labor de limpiarlo, pero eso ya no es posible, pues el sucio no está en mi piel si no en mi mente y en mis recuerdos.

Restrego mi cuerpo provocando rojez y ardor en mi blanca piel, y entonces, allí bajo el agua me permito llorar, desahogo mis sentires que yacían amontonados en mi interior, carcomiendo y quemando por dentro, dejo que cada lagrima se funda junto a agua

Mi mente da vueltas sobre todo, mi vida, los acontecimientos que forjan esta desde que recuerdo hasta ahora, en mi viaje por mi pasado y mi presente no encuentro el recuerdo en donde sonreía sin miedo, o donde veía a mama hacerlo sinceramente, tampoco encuentro a alguna persona en la que haya confiado aparte de mi madre, ahora pensándolo, siempre fuimos ella y yo y eso nunca me molestó o incomodó, dado el entorno en el que vivía creo que tener una amiga era algo por lo que no me preocupaba. Mi madre siempre cumplió todos los papeles: madre, padre, amiga, confidente, compañera y cuantos otros pueden existir.

Ahora que no la tengo a ella, me pregunto ¿Quién ocupará dicho lugar? Y la repuesta es muy clara, nadie, nadie jamás podrá ocupar el lugar de mi madre en mi vida.

Y pienso en que otras personas podría yo confiar, pero mi mente esta en blanco, es casi imposible para mi depositar mi confianza en alguien cuando se supone que las personas que debieron protegerme solo me hicieron daño, a excepción de una.

Y entonces a mi mente llega Amanda, esa chica de oscuro pelo y esbelto cuerpo, que solo ha estado cuidándome desde que llegue aquí, y me pregunto ¿qué posibilidad hay de que ella pueda convertirse en mi amiga deseada?, pero lamentablemente dicha pregunta en mi mente obtiene una respuesta nula, pues ¿Qué posibilidad habría de que traicione a su jefe por una chiquilla a quien acaba de conocer? si algo he llegado a aprender en esta vida, es que por más pena o compasión que demuestre alguien por ti, eso no hará que cambie sus intenciones contigo.

Salgo de la bañera envolviéndome en la toalla que se encontraba enganchada al lado de la ducha, seco mi cuerpo dirigiéndome hacia el cuarto con la esperanza de ver a Amanda con algo de ropa para cubrir mi cuerpo, pero no está.

Mi estómago ruge y voy en busca del platillo con la cena, el cual deje en la mesita al lado de la cama, pero este tampoco está, lo que indica que alguien estuvo en la habitación.

La lámpara que cuelga del techo del lado oscuro del sótano es encendida de imprevisto, causando que me espante. Giro presurosa hacia el lugar que antes estaba sumido en la oscuridad, para encontrarme con algo que más que miedo, me causa terror. Al lado del interruptor se encuentra Daniel, quien me observa con una sonrisa ladeada en sus labios. Lo observo percatándome que en una de sus manos trae una bolsa blanca donde al parecer hay comida, o eso supongo.

—¡Ay Cielito!, ¿O así no era? sé que era algo que tenía que ver con el cielo, o un color no lo sé... ¿Verdecita?, ¿Azulita?... —Continúa diciendo absurdas palabras intentando dar con mi nombre, mientras hace una mímica absorta —¿Celestina?, ¡Celeste! Sí sí, así era, ¿no? —Su estridente risotada causa una mezcla entre impotencia y tristeza en mí, más de la que yacía en mi interior —.Como sea, vi que decidiste no comerte el platillo de chiles rellenos que pedí que te sirvieran para cenar, admito que no es una de mis comidas favoritas, pero ¡vamos! Es de muy mala educación rechazar la comida, querida.

—¿Qué es lo que quieres lograr con todo esto? —Me fastidio de todo su dialogo majadero y decido interrumpirlo con una simple pregunta, porqué aún sigo sin entender cuál es su ecuánime para conmigo.

—Ay, mi ingenua Celeste, quiero muchas cosas y las irás descubriendo poco a poco, pues planeo llevarlas a cabo junto a ti, o mejor dicho planeo cumplir cada una usándote a ti —.Su mirada pérfida causa horror en mí, provocando aquella sensación que te dice que algo malo sucederá, aquella que te acalambra el cuerpo y sientes que pierdes la fuerza de tus extremidades, pues tus nervios y terrores se hacen presentes en ese momento en que piensas todo lo que puede llegar a ocurrir —.En fin, imagino que debes tener hambre, así que me he tomado la molestia de traerte algo de comer —.Analizo su falsa expresión de amabilidad mosqueándome de sus fingidas intenciones.

—Deja la ridiculez y ven toma la puta bolsa —Su voz resuena en el sótano causando nerviosismo en mí.

Aprieto el nudo de la toalla que cubre mi cuerpo, y con los nervios a flor de piel camino con paso decidido hacia él, quien extiende la bolsa en mi dirección, dibujando una sonrisa libidinosa en su rostro. Tomo la bolsa en mis manos observándola detenidamente.

—Anda toma asiento —Con sus manos me señala la camilla de metal la cual se encuentra ubicada justo debajo de la lámpara que cuelga del techo de este lado del sótano.

Con el corazón en un puño camino hasta la camilla, escuchando los pasos de Daniel seguirme, me siento en una de las esquinas de la misma observando a mi raptor, quien se ha quedado de pie frente a mí.

Con mis manos trepidantes destapo el morral, inmediatamente este es abierto el olor a chile inunda el espacio, termino a abrir para ver el completo contenido de la bolsa.

Dibujo en mi rostro una mueca de desconcierto dirigiéndole una mirada consternada a Daniel quien solo dice cuatro palabras que me hacen entender, que lo que hay en esa bosa no es para que yo lo coma.

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¿Qué creen que ocurrirá en el próximo capítulo? ¿Qué hay en la bolsa y a qué se refiere celeste al decir que lo que hay allí no es para comer? ¿Será esta la primera tortura de todas las que están por venir?

Los leo en los comentarios.

¡¡Próxima actualización dentro de 2 días!!

Venganza Celeste 《SIN EDITAR》Donde viven las historias. Descúbrelo ahora