El abrupto sonido de la puerta al ser abierta me despierta, mi cabeza duele horriblemente, siento mis sienes palpitar, la realidad me golpea provocando que me despabile, no puedo controlar mi tristeza y otra vez siento el salado líquido resbalar sobre mí.
Héctor entra y de tras de él dos hombres fornidos, altos y musculosos, ambos visten de manera informal. Héctor se ve borracho, no sé qué pinta todo esto pero no me gusta nada, aunque nada que involucre a Héctor es bueno.
—No creo que nos de muchos problemas llevarla con nosotros, si está hecha un trapo —.Habla uno de los desconocidos, los tres ríen con su comentario, puedo distinguir la malicia en sus rostros, me atemoriza.
—¿Seguro que es Virgen?, ¡si no lo es te va a costar muy caro eh! —.Habla el otro hombre dirigiéndose hacia Héctor.
—Es una pelele, no atrae ni a la mosca que ronda los platos —.Los dos tipos asienten ante la afirmación.
Presto nula atención a la conversación que se lleva a cabo frente a mí, sólo puedo observar el cadáver de Elizabeth, sus ojos opacos, sin vida, su piel pálida por la falta de circulación en su cuerpo, la veo y no veo otra cosa más que todo mi universo deshecho a manos de un desgraciado.
—Llévala al auto —.Dice uno de los hombres al otro, cuál se dirige a mí para desatarme de la silla, Mi vista viaja a donde Héctor que me mira satisfecho.
—Héctor ¿Qué es todo esto? ¿A dónde me llevan? —Intento resistirme a los brazos del extraño pero mis intentos son inútiles, el corpulento hombre me carga como si de un saco de patatas se tratase —¡Héctor! —.Es como si nadie hablara pues todos quedan en silencio mientras el desconocido me lleva sobre sus hombros fuera de la deteriorada casa.
—¡Ayuda, ayúdenme, por favor! —grito deseando ser escuchada por alguien pero eso no sucede.
—Ya cállate mocosa, no me hagas callarte a la mala —Son las palabras producidas por mi raptor antes de abrir la puerta de una camioneta negra con vidrios polarizados y tirarme en el sillón de atrás, seguido entra al vehículo colocándose a mi lado, su vista recorre mi cuerpo con deseo y siento el espacio cada vez más pequeño.
—Agradece que eres Virgen, si no nos divertiríamos mucho contigo —.Hago caso omiso a sus palabras dejando que mi mente navegue en pensamientos, intentando convencerme a mí misma que todo es un mal sueño.
Me dedico a hacerme bolita en el asiento dirigiendo mi vista a la ventana, nada tiene sentido, nunca le vi el buen sentido a mi vida pero en estos momentos es como si todas mis esperanzas de ser alguien en el futuro simplemente desaparecieran, ver mi mundo derrumbarse frente a mis ojos, un mundo que siempre tambaleaba pero nunca pensé que fuese a derrumbarse en sí.
Sabía que algún día pasaría, sabía que llegaría el día en que Héctor terminase con la vida de mi madre, pero de igual forma es un dolor que arde, quema por dentro... sé que ella está mejor en donde sea que esté, si existe el cielo o el infierno estoy segura que mi madre está en el cielo en estos momentos, por un lado me siento bien, me siento tranquila pues al fin mi madre está descansando después de atravesar una vida llena de tanto dolor y sufrimiento, ni siquiera estoy segura que a eso podrían llamarle vida, creo que si alguna vez se ganó el infierno lo vivió aquí en la tierra sin necesidad de morir.
Lo que duele y desgarra mi alma es no saberla conmigo, era mi única amiga, todo lo que siempre tuve... ¿qué será de mí ahora?... ella siempre estuvo para cuidarme y defenderme, ¿qué sigue? Esa incógnita me tortura mentalmente.
No puedo evitar mirar la vivienda donde crecí y sus alrededores, ¿ya no volveré a pisar más este lugar? Tantos recuerdos malos y buenos ¿a dónde irán? ¿qué será de mí? Tengo tantas dudas, pero en mi ser predomina la tristeza y la melancolía, ya no extrañaré este lugar porque todo lo bueno que en el había se ha ido y en él sólo quedan estragos de amargura.
Despego mi vista de la ventana y al girar mi cabeza me encuentro con el hombre que me entró a la camioneta frente a mi sosteniendo un trapo en sus manos, segundos después tengo aquel pedazo de tela en mi nariz y boca, tiene un olor asfixiante, empiezo a ver puntos negros y siento mi cuerpo perder fuerzas, todo se apaga.
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—Mami, mami ¿No hay más caldo? —.Mi madre me ve con ternura y una pizca de pena, antes de levantarse y dirigirse a la cocina egresando de allí con un pequeño tazón con caldo de fideos.
—Aquí tienes cariño, buen provecho —.Mamá me ofrece una acogedora sonrisa antes de perderse tras la puerta de la cocina.
La puerta de la casa es abierta estruendosamente provocando que salte en la silla, tras la puerta está Héctor reflejando la furia en sus facciones. Me dirijo a paso apresurado hacia donde mi madre para enredarme entre sus piernas
—Hombre malo está en la casa mami, no quiero que él te lastime de nuevo —Mi madre me ve y con una mirada acristalada se agacha hasta quedar a mi nivel, posa sus manos en mis mejillas y besa mi frente.—Todo estará bien mi amor, nadie va a lastimarme, ahora vete a tu cuarto y no importa que escuches, No salgas ¿Ok?
—Sí mami —digo esto asintiendo repetidamente, mi madre me dedica una sonrisa mientras una lágrima resbala por su mejilla, pero esta la retira al instante haciéndome señas de que me vaya.
En el instante en que voy saliendo de la cocina Héctor aparece bloqueando mi salida.
—Hasta cuándo será mujer ¡¿eh?! – Su voz retumba en la pequeña cocina, intento escapar por debajo de sus piernas pero este me toma por uno de mis débiles brazos echándome junto a mi madre, se acerca a nosotras peligrosamente mientras mi madre me abraza fuertemente susurrándome al oído que todo estará bien.
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Venganza Celeste 《SIN EDITAR》
RastgeleCeleste de 18 años, luego de vivir una infancia traumática, es vendida por su padrastro al mercado negro, donde es subastada y sometida a torturas extremas. ¿Estará dispuesta a buscar su libertad incluso luego de perder la esperanza en todo? ¿Cuáles...