Samantha.
Caminaba de un lado a otro de su habitación, del armario al espejo y vuelta al armario. No sabía por qué pero nada le convencía, posiblemente serían los nervios. Su amistad con Flavio no había dejado de mejorar en el último par de semanas, había pasado mucho tiempo en casa del chico y Maialen, y por fin había conocido a Gérard, el famoso compañero de piso. Tanto la pamplonica como el ceutí se habían ido a pasar unos días a sus respectivos hogares, aprovechando el puente de San Isidro en la capital, y Samantha había invitado a Flavio a su casa ya que Eva tampoco estaba en la ciudad.
Después de muchas vueltas, se decidió por unos pantalones blancos de campana y un top rojo de lunares blancos que se anudaba en el pecho. Se había planchado el pelo y maquillado su cara, después de ver el resultado final en el espejo se sintió satisfecha. Se ponía nerviosa cada vez que estaba cerca del murciano, sentía que su estómago se llenaba de unas revoltosas mariposas y no era capaz de dejar de hacer el tonto, lo que divertía a ambos. Al final de cada rato que pasaban todos juntos acababan con dolor en el estómago y los mofletes de tanto reír.
En el segundo en el que el reloj marcó las 20:00, Flavio llamó al portero automático, puntual como sólo él podía serlo. Ella abrió sin hablar y esperó junto a la puerta a que llegara al piso, dándose un último vistazo en el espejo de la entrada hasta que escuchó los nudillos del chico contra la puerta. Abrió rápidamente para ver la amplia sonrisa del chico al otro lado, con los ojitos achinados y una botella de vino blanco en la mano.
-Que guapa estás, SamanTHA -fue lo primero que acertó a decir el moreno. Ella agrandó su sonrisa y se abrazó a él, permaneciendo así un par de minutos hasta que decidieron separarse.
-Tú también estás muy guapo, Flavio -le dijo ella, dejando un beso en su mejilla.
-He traído vino.
-Verás como acaba la noche, que a mi esto me sube más que la cerveza...
-No creo que sea peor que en el cumple de Mai -el chico soltó una pequeña risa y ella le dio un leve empujón en el hombro, riendo también.
-El otro día con el juego aquel en tu piso no te quedaste atrás, eh -le recordó la chica. -¿Quieres abrir ya el vino o esperamos?
-Podemos dejarlo un rato en la nevera para que se enfríe y me ofreces una cerveza hasta entonces, ¿no?
-Lo que usted desee -respondió Samantha, haciendo una pequeña reverencia y alejándose a la cocina con la botella de vino en la mano. Flavio la miró marchar sin poder quitar la sonrisa de su rostro, era un efecto que ella tenía sobre él. Y así le encontró al volver con un par de botellines en la mano.
-Te has quedado pillado, chaval -pasó por delante de él para dirigirse al salón, sintiendo que el murciano caminaba detrás de ella, hasta que ambos se sentaron en el sofá.
-¿Qué tal la búsqueda de trabajo, bebé? -preguntó ella.
-Bueno, no encuentro gran cosa. Pero el otro día dejé el currículum en un restaurante súper elegante para ser pianista, creo que es mi mejor posibilidad porque tengo menos competencia. -se encogió de hombros. Se notaba que la idea no le entusiasmaba demasiado, pero vivir en una ciudad como Madrid no era algo barato y el chico no quería depender del apoyo económico de su familia todo el tiempo.
-Seguro que sale, además en un sitio así seguro que van peces gordos de la industria musical y te pueden escuchar. Ya verás, todo te va a ir bien.
-¿Tú qué tal en el bar?
-Sin más. Un poco cansada pero es lo que toca. Estoy intentando que me dejen dar un pequeño concierto allí un día que no tengan a nadie.
-Bua, Samantha, eso sería increíble.
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Entre acordes ~ Flamantha
FanfictionEllos buscaban ganarse un hueco en la industria musical cuando se presentó la oportunidad que tanto estaban esperando. Pero no sabían que aquel concurso por ser teloneros de una gran artista cambaría sus vidas para siempre.