25. Gilipollas

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Flavio.
Y ahí estaba ella. Con esos ojos azules clavados en los suyos y una mueca de confusión dibujada en su cara.

Ninguno de los dos entendía nada. Simplemente se miraban intentando adivinar por la cara del otro una mínima pista de lo que estaba sucediendo.

-Titi, estás aquí, pasa pasa. Fla qué modales, como la dejas en la puerta.-intervino Maialen, con la intención de suavizar la situación qué ella misma había creado.

Samantha entró en el salón y no podía dejar de mirarla. Quería abrazarla pero se mantuvo alejado de la rubia. Le regaló una sonrisa de cortesía y fue directo a sentarse, quedándose un poco desubicado en su propia casa.

Maialen aprovechó y fue a la cocina para sacar la cena y Samantha huyó con ella en un intento de salvar la situación. En el salón, Bea se acercó al moreno y se sentó junto a él.

-Madre mia Fla... ¿qué vas a hacer?-le preguntó su hermana.
-Yo qué se, es qué ella está aquí, y yo no sé si puedo hablarle... Necesito cinco minutos de tranquilidad, voy a mi habitación, ahora salgo.- dijo el moreno mientras se dirigía a su cuarto con la cabeza a mil por hora.

Ya en su cuarto, el moreno daba vueltas de un lado a otro sopesando si debía o no decirle algo, si debía o no darle la oportunidad de hablar, si debía o no debía... Entre tanto pensamiento, Flavio oyó un par de suaves golpes en la puerta, y cuando ésta se abrió, la sonrisa de samantha se abrió paso en sus labios a lo que Flavio respondió con una leve mueca que no llegó a sus ojos.

-Flavio yo... lo siento muchísimo, de verdad.-comenzó la rubia a disculparse.- Tenia un compromiso qué se alargó y escribí el mensaje para mandártelo pero con las prisas no le di a enviar y cuando me quise dar cuenta era tardísimo y yo... Flavio yo lo siento muchísimo, quería ir a verte en tu primer día, se lo importante qué era para ti y no estuve, lo siento muchísimo de verdad... -la rubia hablaba atropelladamente, se notaba qué estaba nerviosa y qué todo esto le había pillado desprevenida como a él, pero era sincero lo qué estaba diciendo y a Flavio no le hacía falta más.
-Sam, Sam tranquila.-le interrumpió el moreno.- Respira qué te va a dar algo mujer.-sonrío achinando los ojos.
-Ay Flavio, es qué de verdad que lo siento, muchísimo.-le repitió la chica mirándole a los ojos.

Flavio no pudo evitarlo y acarició suavemente su mejilla, gesto qué tranquilizó a la rubia qué soltó todo el aire contenido de todos estos días sin verse, ni hablar.

La rubia se acercó a él para abrazarle, y rodeó su cuello mientras Flavio rodeaba su cintura. No pudo sentirse más en casa en ese momento.

-Sam, yo también debería disculparme. Me cerré y no dejé qué te explicases. Pero es qué sentí qué la confianza qué teníamos se había esfumado...-se explicó el moreno.- No me gustaría qué ninguno de los dos pudiéramos sentir qué la confianza se esfuma, o qué no puede confiar en el otro. Tú puedes confiar en mi siempre, Sam .-le dijo él mirándole fijamente a los ojos. En ese momento, algo dentro de Samantha se rompió pero él no pudo verlo.

Samantha.
Salieron de la habitación agarrados de la mano y las dos chicas que estaban en el sofá no pudieron ocultar sus sonrisas. Maialen y Samantha compartieron una mirada de complicidad, la rubia sabía que no podría agradecerle a su amiga lo suficiente por sus palabras de hacía un rato.

-Maialen, te quiero, pero cómo cojones me dices que venga sabiendo que Flavio está aquí con ella.
-¿Ella? ¿A quién te refieres, Titi? -preguntó la morena, extrañada por la reacción de su amiga.
-Joder, Mai, por si no te has dado cuenta el nuevo ligue de tu compañero de piso está sentada en el sofá. Y para colmo es guapísima.
Maialen comenzó a reír lo cual desconcertó mucho a la rubia, porque no le parecía que la situación tuviera ni pizca de gracia. La pamplonica paró inmediatamente al ver la cara de pocos amigos de Samantha y supo que le tocaba explicarse.
-La chica del sofá se llama Bea, y es tu futura cuñada. -Samantha notó como su cara cambiaba de tonalidad hacia un rojo intenso y no pudo evitar soltar una pura carcajada de alivio.
-¿Entonces no se ha estado viendo con otras?
-No, Titi. Flavio sólo tiene ojos para ti, ¿es que no te has dado cuenta?
-Pero yo soy gilipollas...
-Todos somos gilipollas de vez en cuando, pero ese gilipollas está deseando que le des un motivo para perdonarte.

Bea se levantó enseguida y se abalanzó sobre Samantha, plantando un beso en cada una de sus mejillas al tiempo que se presentaba.
-Hola yo soy Bea, encantada de conocerte por fin Samantha. Me han hablado muchísimo de ti, la verdad es que no he hecho otra cosa que oír cosas sobre ti en estos días -notó la penetrante mirada de su hermano clavada en ella, y si las miradas matasen en aquel momento Flavio estaría camino de prisión.
-Es un placer, Bea -respondió Samantha, que de nuevo había adquirido un tono rosado en las mejillas y sonreía de oreja a oreja.
-Te quedas a cenar, ¿verdad, Titi? -preguntó Maialen y la rubia no pudo negarse. Con la compañía decidieron apagar la televisión y simplemente charlar. Bea les contó muchas cosas de su vida en Murcia y aunque trataba de prestar atención, por la cabeza de Samantha no dejaban de repetirse las palabras de Flavio. "Tú puedes confiar en mí siempre, Sam". La chica se giró hacia el moreno.
-Luego te tengo que contar una cosa -susurró, intentando que las otras dos chicas no se diesen cuenta.
-Vale -dijo él, dejando un suave pico en sus labios y volviendo la atención a su hermana que les contaba cómo Rubio se había escapado de casa hacía dos meses y finalmente le habían encontrado en casa de la vecina retozando con la gata que vivía allí.

Después de un par de horas Maialen dijo que se iba a acostar por lo que todos se levantaron para recoger la mesa. En cuanto ésta y Bea desaparecieron por la puerta de la cocina Flavio se giró hacia Samantha.
-¿Te quedas?
-No sé, Fla, está tu hermana y no quiero molestar...
-Porfi -insistió él, haciendo un pequeño puchero.
-Mare de deu senyor que cosa més bonica -dijo ella mientras le llenaba la cara de besos, provocando muchas risas por parte de él.
-SamanTHA que me haceh cosquillah -intentaba decir entre beso y beso de la valenciana. Finalmente ella se separó y fue a la cocina con las otras chicas, dejando a un Flavio con cara de bobo plantado en medio del salón. Cuando por fin terminaron de recoger todo se dirigieron a sus respectivas habitaciones, Bea se estaba quedando en la de Gèrard que se había ofrecido a irse a casa de su novia esos días para estar más cómodos.

Cuando por fin estuvieron solos, Flavio se lanzó hacia la valenciana y comenzó a darle besos por el cuello mientras agarraba su cintura. Ella rodeó su cuello con los brazos y estiró el cuello involuntariamente.
-Espera, te tenía que contar una cosa.
-Me la cuentas luego -dijo el chico, posando sus labios en los de ella y besándola con intensidad, como si intentase recuperar el tiempo que habían perdido. Así, los dos se dejaron llevar y finalmente se quedaron dormidos uno en los brazos del otro, con la ropa esparcida por el suelo y una conversación pendiente.

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*Nota:
¡Hola! Primero queremos pediros perdón porque queríamos subir el capítulo ayer pero no pudimos por problemas técnicos. Además, a partir de ahora empezaremos a publicar cada dos días. Cuando empezamos teníamos bastantes capítulos escritos pero ahora publicamos más rápido de lo que escribimos y no nos da la vida.
Bueno, dicho esto, ¿qué os está pareciendo todo lo que ha pasado? ¿Hay algo que os gustaría ver en la historia?
Muchísimas gracias por los comentarios y las estrellitas, es muy reconfortante ver que escribes para alguien.

Entre acordes ~ FlamanthaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora