26. Paraiso

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Samantha.

Los últimos días habían sido una locura en la vida de Samantha. Los ensayos con Nia eran muy demandantes, pasaba allí todas las mañanas y las tardes en el bar, porque aún necesitaba el dinero. Algunas noches le tocaba trabajar también, lo cual no le dejaba demasiado tiempo para pasar con Flavio.

Samantha había estado decidida a contárselo aquella noche en su casa, pero al día siguiente la compañía había sido muy insistente en que no se lo podía contar a nadie, era un asunto altamente confidencial y no quería cagarla al ser algo tan importante. Por ello, esquivaba sus preguntas e inventaba excusas sobre en qué invertía su tiempo además de insistir en que no durmieran juntos las noches previas a un ensayo. Toda aquella situación la iba a volver loca. Por eso, aquel día decidió hacer algo al respecto.

-Anaju, ¿podemos hablar un momento? -preguntó la rubia cuando hubieron terminado el ensayo de aquel día.

-Claro, Samantha, dime.

-Verás, yo entiendo todo el tema de la confidencialidad... pero estoy engañando a gente de mi vida para ocultarlo y ya no puedo más. Necesito contárselo a las personas más cercanas a mi.

-Samantha... te entiendo, de verdad que sí, pero no puede ser. Cuando llevas varios años trabajando en este mundo aprendes que hasta los amigos más leales dejan de serlo si les ponen un cheque delante. Lo siento. -vio la cara de decepción de la chica y tras el silencio que la acompañó, tomó una decisión. -Vamos a hacer lo siguiente, voy a subir a hablar con los de prensa para confirmar con ellos cuando quieren dar la noticia e intentar adelantarlo todo lo posible. Un par de horas antes de que vaya a salir yo te escribo para que avises a la gente que quieras, intentaré que sea a lo largo de la próxima semana. ¿Te parece bien? -Samantha se lanzó a los brazos de Ana Julieta e insistió en darle las gracias mil veces.

Aquella noche cuando quedó con Flavio estaba resplandeciente, era imposible quitarle la sonrisa de los labios, y el chico no tardó en darse cuenta.

-¿Qué te pasa hoy, SamanTHA? Que estás tan feliz.

-¿Qué me va a pasar? -respondió la chica. -Que estamos aquí, juntos, esta cena está riquísima, la noche es perfecta...

Flavio la miraba extrañado, levantando ligeramente una de sus cejas. Estaban en casa de la rubia cenando de ese chino que habían pedido en otras ocasiones y fuera hacía más bien un mal día, llovía y hacía bastante viento.

-¿Tienes sueño? -fue lo único que se le ocurrió responder al chico. Samantha no pudo evitar reír y sorbió los tallarines que tenía cogidos en sus palillos en aquel momento, lo cual provocó una risa mayor por parte del chico.

En cuanto terminaron de cenar ella se reclinó hacia él y se acurrucó en sus brazos, donde él comenzó a acariciarle el pelo. Aquel lugar era su propio paraíso.

-Fla... -susurró.

-Dime, rubia.

-¿Me cantas la del Paraíso? -levantó la vista y le miró poniendo ojitos, sentía la necesidad de escuchar la voz del chico en aquel momento.

-Si me lo pides así sabes que no puedo decir que no -el moreno se levantó para ir a la habitación de la chica a por la guitarra pero ella le siguió hasta allí y se tumbó boca abajo en la cama, con la cabeza apoyada en sus manos y estas sobre sus codos.

Sentados sin saber qué pasaría

Sentíamos las miradas siempre unidas

Fluían las palabras en encuentros

Sufríamos por dudas

Angustiosos los momentos

Y el instante ya llegó

Ya la puerta se te abrió

Y tú, sin pausa y constante

Usted las normas las incumplió

Mis consejos los escupió

Pero no, yo no dije puede marcharse

Llévame a ese lugar que llaman paraíso

Cuando llegó al estribillo la voz de ella se sumó a la suya y así ambos cantaron a dúo hasta finalizar la canción. En ese momento ninguno de los dos podía ser más feliz, aunque Samantha se seguía sintiendo culpable por ocultarle a Flavio todo lo que le estaba pasando. Él detectó aquella sombra pasando por su mirada y cogió su barbilla con una mano mientras con la otra dejaba la guitarra en el suelo.

-Eh, eh, eh, ¿qué pasa?

-Nada, nada. -sonrió ella, y para evitar que volviese a hablar se incorporó y comenzó a besar sus labios. Él se dejó hacer y ambos se fueron reclinando en la cama, besándose y acariciándose todo el cuerpo con deseo mientras la ropa iba cayendo.

Flavio.

No podía ser más feliz de haber solucionado toda aquella situación con Samantha. Le gustaba mucho la conexión que tenían, no podía evitar sentirse en casa cuando estaba con ella y más aún le gustaban los momentos en los que compartían música juntos: era algo realmente mágico.

El trabajo estaba siendo cada vez mejor, le dejaban mucho margen para improvisar y le tenían mucho en cuenta sus peticiones de poder tocar, con lo cual le daba repasos a canciones que tenía que haberse preparado para el conservatorio.

Llegó al piso algo cansado y miró el móvil. Samantha le había contestado que no podía quedar, otra vez.

Le había preguntado varias veces si le ocurría algo ya que desde que se habían arreglado notaba que algo no andaba bien. Ella decía que no pasaba nada y él quería creerla, de hecho siempre dejaba el tema cuando ella le decía que estaba todo bien, confiaba en ella y era su manera de demostrárselo.

Sin embargo, su instinto le decía que algo no andaba del todo bien.

Maialen estaba esperándole con una cerveza y una sonrisa. El moreno aceptó la cerveza y se sentó en el sofá bastante cansado.

-¿Qué tal el día de hoy?-le preguntó la morena.

-Bien, aunque Sam no ha podido quedar... No sé Maialen, hay algo que no me cuadra de toda esta situación y no sé qué es.-le contaba el moreno a su compañera de piso.

-No creo que pase nada grillito, y si pasa, dale tiempo porque ella te lo contará seguro, no te preocupes. Ya viste que fue un malentendido lo de la última vez, ambos confiáis en vosotros y queréis que esto salga adelante, no te preocupes que, si pasase algo, ella te lo contaría.-aseguraba la pamplonica.

-Si, si tienes razón Mai, tengo que dejar de pensar en esto porque realmente ella confiaría en mí y me lo contaría.-sentenció el moreno.

La noche pasó tranquila, vieron una serie y hablaron de temas varios, llegando a la conclusión de que les hacía falta una noche de fiesta y que encontrarían un día que Flavio librase para volver a liarla como habían hecho anteriormente. Y Flavio se moría de ganas de compartir esa noche con sus compañeros y, porque no, con aquella rubia tan especial que le estaba robando el corazón.

Entre acordes ~ FlamanthaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora