Capítulo 9.
10 de Mayo, 2013.
Fletcher se preparaba para la gran noche, había estado esperando esto hace meses. A los alumnos de sexto año por fin los dejaban asistir al baile de graduación de los egresados. Invitar a su mejor amiga no había resultado nada fácil. Olivia no era popular, pero si era completamente cierto que, para muchos chicos, ella era totalmente hermosa.
Olivia no era una chica de bailes escolares, pero era el primero al que podían asistir y, por la gran emoción que tenia su mejor amigo, ella simplemente acepto se su compañera. A lo largo de las semanas previas al baile, Olivia recibía cartas al abrir su casillero con invitaciones, nunca las desechaba, pero las dejaba bien escondidas y actuaba como si nunca las hubiese visto.
Lori preparaba los últimos detalles para el peinado que planeaba hacerle a su hija, quería recogerle el cabello, ya que Olivia siempre lo llevaba suelto y sus bucles estaban como locos con la menor de la brisa.
- Mamá, no vas hacerme esto -reprochó Olivia mientras sujetaba una foto que su madre usaba para guiarse.
- Vamos, es precioso y se te vera hermoso a ti.
- Hazme lo que quieras, pero no me recojas el cabello, parezco un huevo frito cuando lo haces, sin mencionar que arrancas mi cabello en el intento.
- Le quitas lo divertido a la vida -rió su madre.
- Y tu me quieres hacer ver como un huevo, no es Halloween mamá.
- Lo sé, ahora quédate quieta.
Olivia sentía como su madre la peinaba con mucha paciencia, si bien no tenia tantos rulos, su cabello se enredaba con facilidad.
Una media coleta de caballo, con unos bucles más definidos gracias a la rizadora, fue lo que optó Lori por hacerle a su hija. Cuando Olivia se miro al espejo, realmente sintió que se veía hermosa, algo que nunca le sucedía.
Una niña de quince años es alguien que esta floreciendo, las mujeres a esa edad empiezan a cuidar mucho mas su imagen, pero Olivia no era una de esas chicas. Ella siempre asistía al instituto con el conjunto de deporte, salvo los días importantes cuando alguien famoso o algún intendente visitaba las instalaciones. Las faldas no eran su fuerte, no tenia unas piernas largas y finas para lucirlas como sus compañeras de curso.
- Gracias mamá -dijo Olivia.
- Oh, eso no es nada... ¡Llegó! -chilló cuando oyó el timbre.
Olivia se acomodó el vestido y caminó hacia la puerta, su madre se detuvo antes de abrirla, mirando a su hija, esperando algo.
- ¿Qué? -dijo por fin Olivia.
- Tienes que ir arriba, así te ve bajando las escaleras -Lori miraba las escaleras con desesperación.
- Mamá, eso solo pasa en las películas, abre ya la puerta o lo haré yo.
Resignada, Lori abrió la puerta.
Fletcher sonreía, traía un esmoquin color negro, con sus típicas converse negras que le hacían juego con todo. Tenia en sus manos una pequeña caja de plástico con un ramillete amarillo.
- Pasa querido -dijo Lori , luego de inspeccionarlo.
- Gracias... Wow -dijo al ver a su amiga parada al lado de la escalera -Lindos zapatos -mencionó de forma chistosa.
- Me puse un vestido, no esperes mós, mis bebes van conmigo a donde vaya -dijo Olivia.
Así como Fletcher había optado por sus converse, en lugar de zapatos. Olivia había elegido sus borcegos negro platinados, algo muchísimo mas cómodo que unos horribles zapatos con punta.
- Esto es para ti -dijo levantando la caja.
Al abrirla, Olivia no pudo evitar sonreír, el ramillete era de un girasol, sus flores favoritas. Fletcher se lo coloco con cuidado mientras que Lori sacaba miles de fotos, tratando de capturar el momento perfecto para luego poner la mejor foto en un cuadro gigante en la habitación de su hija.
Si había alguien demasiado fan de Fletcher, ese persona era Lori. Lo había visto crecer junto con su hija y amaba la relación que ambos llevaban, salvo por la parte de que nunca habían sido algo mas que amigos, pero ella estaba segura de que terminarían juntos tarde o temprano y esperaba ese momento con ansias.
- Pónganse juntos por favor -ordenó Lori, como una fotógrafa profesional.
- Solo una mamá, vamos a llegar tarde.
- ¡Solo sonrían!
Luego de unas cincuenta fotos, ambos pudieron librarse de Lori y se encaminaron hacia el instituto.
Olivia no dejaba de mirar su ramillete, le encantaba.
¿Conocen la historia de los girasoles?
El girasol es el símbolo del sol y simboliza el amor y la admiración. Pero también la felicidad, la vitalidad, el positivismo y la energía.
Oliva amaba rotundamente los girasoles, por su significado. Además de simbolizar el amor y la admiración, los girasoles necesitan del sol para mantenerse radiantes y, cuando no lo tienen, se buscan entre ellos mismos, buscan la luz, la calidad en su especie.
Era lo que ella quería para su vida, tener gente a la cual admirar y en la que pueda buscar el sol cuando todo sea una tormenta.
- ¿Te gusta? -preguntó Fletcher.
- Es hermoso, gracias.
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Sunflower
RomanceTodas las historias suelen tener un final feliz, averigüemos si este es el mio.
