Capítulo 27

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Dennis

-Te llamé para preguntarte si podrías desayunar conmigo. ¿Por lo menos podrías darme treinta minutos de tu atención? Hace semanas que no nos hemos visto. Te echo de menos—. Me afectó el dolor en la voz de Dalu. Tenía razón. La estaba ignorando. Incluso no estaba seguro de lo que me había dicho desde que Angie entró en el comedor. Estaba tan concentrado en que no cargara nada pesado y que nadie la estuviera molestando... o coqueteando con ella, que no me quedaba mucho tiempo en el almuerzo con mi hermana.

—Sí, lo siento —le dije, viendo la puerta por donde había visto a Angie entrar.

—Otra vez cuéntame del torneo de navegación que estabas haciendo con el chico nuevo... me dijiste que su nombre era Charles.

Dalu sonrió cuando le mencioné el nombre del chico y luego asintió. Me recordó a la pequeña niña que se entusiasmaba hablando de algo que le interesaba. No como un adulto enojado cuando crecía. —Sí. Es el nieto de los Kellars. Es de Cape Cod y es un experto en navegación. Navegó hasta aquí durante el verano. Como sea, entró a un torneo y quiere llevarme con él. Sólo será por unos días.

Escuché mientras hablaba de Charles y su velero, pero era muy difícil no mirar alrededor y buscar a Angie. Necesitaba encontrar un balance entre estas dos mujeres en mi vida. Primero estaba Angie, pero amaba a mi hermana y me necesitaba. Incluso si en el desayuno la escuchaba hablar acerca de su última conquista. No tenía con quien hablar. Dejó de hablar y frunció su ceño por algo que pasaba detrás de mi hombro.

—Necesita concentrarse en su trabajo y dejar de mirarte. Dios, no sé por qué Carlos no la despide.

Miré hacia atrás para ver a Carlos, Gibran y Thad sonriendo y bromeando con Angie, que se encontraba sonrojada.

—No está mirando ahora. Está demasiado ocupada coqueteando con los chicos. Sólo le importa el dinero. Realmente es patético. Me gustaría que vieras lo ridículo que es su intento. Quiero decir, los estoy viendo y...

—Dalu, cállate —gruñí. No quería escuchar todas las tonterías que decía respecto a Angie, tampoco quería ver a los chicos coquetear con ella, y que la hicieran sonrojar era más de lo que podía manejar. Iba a asegurarme de cada uno de esos hijos de puta comprendieran que era mía.

—¿Vas a dejarme por ella? Está coqueteando con ellos, Dennis. No puedo creer que simplemente te levantarás durante el desayuno para ir con el público que tiene esa tipa barata. —El ataque de celos que había tenido inmediatamente me había distraído y me había olvidado de mi hermana. Una neblina roja se apoderó de mí, y me giré hacia ella.

—¿Qué demonios acabas de decir? —le pregunté susurrando y levantándome sobre ella. Abrió la boca para hablar, pero sabía que si decía algo malo de Angie iba a perder el control.

—No lo hagas. Si es que quieres salir de aquí con un poco de dignidad. Si alguna vez vuelves a decir algo malo acerca de Angie ya no voy a volver a verte. Maldita sea, ¿lo entiendes?

Los ojos de Dalu se abrieron. Nunca le había hablado de esa manera. Pero esta vez había llegado demasiado lejos. Se levantó de un salto y tiró su servilleta a la mesa.

—No puedo creerlo. Soy tu hermana. Ella sólo... ella sólo... 

—Es la mujer de la que estoy enamorado. Necesitas recordarlo —dije terminando su oración.

Los ojos de Dalu destellaron odio mientras se daba la vuelta y salía del club. No me importaba. Necesitaba que se fuera antes de que dijera alguna otra estupidez. No quería hacerle daño. La amaba, pero odiaba cada una de las palabras que salían de su boca. Una mano me tocó el brazo y me sacudió, antes de que lo hiciera, sabía que era Angie. Sus ojos estaban llenos de preocupación. Esto era a lo que tenía miedo. El odio de Dalu hacia ella. No podía culparla, pero no podía vivir sin Angie. Pero en este momento necesitaba estar solo.

—Lo siento —le dije susurrando, luego aparté mi mano para sacar el dinero y ponerlo en la mesa antes de salir a perseguir a Dalu fuera del comedor.

Pasé las siguientes tres horas en el gimnasio. Mi cuerpo estaba físicamente listo para golpear a quien sea para el momento en que llegué allí. Pero ahora mi ira se había desvanecido. En este momento sólo quería ver a Angie. Su turno ya había terminado y quería abrazarla. Se merecía una disculpa. Nunca debí haber permitido que Dalu escogiese el club para desayunar. Me había pedido que me encontrara con ella en el club, así que fui. Incluso me había asegurado que estaríamos en la sección de Jona. No había querido incomodar a Angie. Pero de todos modos había fracasado. Esta es la última vez que le permitía a Dalu acercarse a ella. No lo hará y Angie no se lo merece.

Toqué la puerta y esperé. Nadie vino. Metí la mano en mi bolsillo y saqué mi teléfono sólo para recordar que Angie no tenía celular. Maldita sea. Iba a coger el teléfono de mi casa e iba a obligarla a tomarlo de nuevo. ¿Y si estaba herida? ¿Y si se había ido de aquí y no pensaba regresar?

—Salió con Jona —dijo Fran detrás de mí. Me di la vuelta para ver a Fran caminando desde el campo de golf—. Me la encontré después de que terminó su turno y me dijo que ella y Jona tenían una cita caliente.

—¿Por qué no me lo dijo? —Porque no sabía en dónde encontrarme, eso si es que me hubiera querido decir. Había huido de ella—. ¿A qué hora llegará? —le pregunté cuando Fran se puso delante de mí y abrió la puerta.

—No lo sé. Estaba enojada. ¿Sabes algo de eso? —preguntó Fran con voz agria, mientras empujaba la puerta.

No le pregunté si podía entrar, sólo seguí adentro. —Dalu y yo fuimos a desayunar hoy al club. Y no nos fue muy bien.

Fran arrugó la nariz con disgusto. —¿Eso crees? ¿Para qué? No puedo imaginar a la perra de tu hermana haciendo algo para disgustar a Angie —Fran arrojó su bolso y murmuró una maldición—. No necesita que la estresen, lo sabes muy bien. Está embarazada y está decidida a permanecer de pie la mayoría del tiempo y a llevar bandejas todo el día. Tú estás añadiendo más drama familiar, y no necesita eso. La próxima vez que quieras tener una reunión familiar con la malvada bruja, asegúrate de que sea en otro sitio.

Tenía razón. No debería haber dejado que Angie viera a Dalu. Nunca debí haber creído en la amabilidad de Dalu. O por lo menos en que se hubiera querido comportar. Esto fue mi culpa y necesitaba encontrar a Angie.

—¿En dónde está? —le pregunté

Fran se dejó caer en el sofá. —Consiguiendo un descanso de esta vida de mierda en la que ha vivido últimamente —si Fran quería hacerme daño, estaba haciendo un excelente trabajo. Estaba dispuesto a rogarle cuando la puerta se abrió.

—Siento llegar tarde. Fuimos a... —se detuvo cuando sus ojos se encontraron con los míos—. Hola.

—Hola —le dije acercándome para quedar enfrente de ella, pero con miedo a tocarla—. De verdad lo siento. Por favor vamos a tu cuarto y déjame explicártelo —hizo el primer movimiento y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura.

—Está bien, no estoy molesta —me iba a consolar. Otra vez. Esto es lo que siempre hace: preocuparse por lo demás.

—No, no lo está —le respondí y tomé su mano para llevarla a su cuarto. Lejos de Fran que en estos momentos no era mi mayor fan.

—Ve y deja que se arrastre. Lo necesita. Mierda. Necesito que lo haga —dijo Fran desde el sofá, tomando el control remoto de la televisión.

Nunca demasiado lejosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora