Don't give up

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Capítulo 25

Al llegar, un par de chicos se llevaron a Sam en una camilla. Adam intentó detenerme para hablar pero no estaba dispuesta a ello ahora, quería descargarme, desaparecer y no volver jamás.

Pasé a su lado ignorado sus palabras monumentalmente, caminé hasta el final del pasillo aguantando las lágrimas y respirando profundo, pero el maldito nudo en mi garganta me lo hacía imposible.

Ni siquiera me preocupé de vendar mis manos (para qué decir de los guantes) y comencé a dar golpes al saco del gimnasio. Uno tras otros sin importar el dolor que sentía en los nudillos, sin importar lo fatigados que estaban mis músculos y sin importar nada.

Cada golpe era un recuerdo que volvía e intentaba apartar.

Mi madre y yo nadando juntas.

Golpe

Cenas familiares en el patio trasero de nuestra antigua casa.

Golpe

Ronnie y yo haciendo surf, como si nada nos afectara.

Golpe

James apuntando la cabeza de mi mamá, su fría mirada y aquellas últimas palabras que ella me había susurrado.

Caí de rodillas al piso sin aliento, mis manos sangraban y pequeñas gotas caían de mi cara, no me había dado cuenta cuando comencé a llorar pero de lo que estaba segura que esta vez no pararía pronto.

Ni siquiera escuché cuando la puerta se abrió, no lo sentí llegar a mí hasta que puso sus brazos a mi alrededor y me abrazó. Sin poder evitarlo me aferré a él como si mi vida dependiera de eso, mi lágrimas empaparon su camiseta en cuestión de segundos y mis nudillos sangrientos mancharon su piel.

-Shh, tranquila-me daba tiernas caricias en mi cabeza y espalda, los espasmos disminuían de a poco-. Sácalo todo, te sentirás mejor.

-N-no hay f-forma de sentirse m-mejor- con suerte se entendía algo de lo que decía.

-Aunque no lo creas, te comprendo perfectamente-levanté la mirada para encontrarme con él-. Sé lo que se siente perder todo lo que tienes, luchar por salir adelante pero siempre estaba ese recuerdo que te hacía retroceder todo lo que habías avanzado. Muchas veces pensé en rendirme, total no había nadie que entendiera el sufrimiento que estaba pasando, nunca nadie pudo ver más allá de mi mirada fija y dura. No quería seguir viviendo Simone ¿entiendes lo es eso? Sólo necesitaba desaparecer y dejar de luchar por algo que ya había perdido, por algo que jamás recuperaría.

-¿Qué es lo que sucedió?- mi respiración estaba más tranquila.

-Mis padres trabajaban en una organización internacional de inteligencia o como es conocida aquí como SIS, fue hace dos años. Ello recibieron una llamada desde la India, era una urgencia y necesitaban de ambos.

Wow, puse mis manos en su pecho en señal de que parara.

-No necesitas contarme esto, no quiero que lo hagas si no quieres.

-Quiero hacerlo, quiero contarte esta parte de mi vida-. Quedé en silencio y me apoye en la pared más cercana con Logan a mi lado- Ellos no dudaron en ir, era su trabajo y lo que más amaban hacer. Recuerdo que le había rogado a mi madre que me llevara y que podía ayudar pero dijeron que no. Era muy peligroso para un chico de diecisiete años. A los tres días mi hermana Dakota recibió a unos oficiales en nuestra antigua casa, ella me pidió que esperara arriba pero yo soy extremadamente terco así que me quedé a escuchar lo que tenían que decir. Decir que mi mundo se fue hacia abajo era poco, mis padres en un intento por salvar a civiles, a sus amigos y a miles de personas murieron por una explosión de bomba.

Él conocía tan bien como yo lo que significaba perder a alguien que amas, pero lo había vivido doble. Admiraba que siguiera adelante porque yo... Yo no lo habría logrado por nada del mundo.

Mucha gente admira a personas que por el exterior se ven fuertes, son valientes y no se dejan llevar por comentarios u opiniones que los desacrediten. Yo me consideraba una de ella antes de que mi mamá se fuera, el mundo me importaba un real carajo porque yo disfrutaba día a día sin importar el obstáculo que se presentara. Me creía invencible y me reía del maldito destino porque yo era quien tenía el lápiz para escribirlo.

Pero luego me di cuenta que no era nada, el destino me había dado un gran empujón de esos que te dejan tirada en el suelo sin poder levantarte, para mí el mundo se había ido a la mierda. Los primeros meses fueron los peores, pasaba en mi habitación sin hacer nada, no comía ni bebía, por ningún motivo salía y me lastimé varias veces. Poco a poco me fui dando cuenta que me había convertido en una de esas personas que odiaba y criticaba: en una cobarde, en alguien que se daba por vencido cuando ni siquiera lo había intentado, me daba ASCO lo que era. Así que un día salí de mi escondite, con varios kilos menos en mi cuerpo, y tomé mi tabla para ir al mar.

No recuerdo la cantidad de horas que estuve en el agua, ya estaba oscureciendo y yo seguía corriendo olas . La fatiga y el cansancio aparecieron como una bomba pero claro estaba ya que no comía casi nada así que no tenía energía para tanta exigencia. Salí del agua para encontrarme a mi papá esperando, lo que menos necesitaba de su parte era un regaño pero me sorprendió abrazándome como nunca lo había hecho.

Siempre me persiguió el hecho de que jamás pude contarle que vi como asesinaban a mi madre, fue lo que más me marcó en cierto sentido.

-Te diría que lo siento pero sé que eso no ayuda en nada, lo digo por experiencia- le di una pequeña sonrisa y apoye mi cabeza en su hombro con cansancio.

-Joder, creo que odié esas dos palabras por un tiempo- soltamos a reír rompiendo toda la tensión anterior.

Quizá Logan no era tan mal chico como pensaba, solo alguien que no era comprendido en cierto punto igual que yo.

-Gracias por estar aquí-susurré cohibida-. No suelo llorar de esa manera y menos en público.

-No hay nada que agradecer, hay veces que es necesario desahogarse porque si no lo haces, un día todo se viene encima y no sabes que hacer o como reaccionar.

Valla que tenía razón.

Tomó mi mano para ponerme de pie y luego observó mis destrozados nudillos, sacudió la cabeza en forma de desaprobación.

-Vamos a que te venden estas manos ¿está bien?

Asentí con una pequeña sonrisa en mi cara y salimos del gimnasio con la manos entrelazadas. No me importó una mierda el desastre que de seguro estaba hecho, con los ojos hinchados, el maquillaje corrido como un mapache y la cara sonrojada.

Por primera vez en mucho tiempo podía decir que estaba mejor.

Self-destructionHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora