Jungkook es el hijo de uno de los mafiosos más peligrosos de todo Corea del sur, pero odia su vida de lujos y dinero sucio. ¿Qué pasará cuando su padre le compre un bello chico para satisfacer su vida sexual?
Taehyung caminaba por las calles de la ciudad algo desanimado, maldiciendo internamente a su antiguo jefe por despedirlo sin razón alguna.
No le parecía justo que lo despidiera solamente por pedirle un aumento, siempre trabajaba de más y su paga era una miseria, así que le pareció que merecía aunque fuera solo un poco más de dinero, lo necesitaba para su universidad, sin embargo, aquel hombre había preferido despedir a su mejor empleado que darle lo que merecía.
-Maldito hijo de puta.-
Dijo Taehyung entre dientes y con la miraba baja.
Podía ser un amor de persona, una ternura, bastante amable y cariñoso, pero cuando se enojaba cambiaba totalmente.
Empezó a sentirse abrumado. No iba a poder empezar su universidad este año.
Seguía caminando, ya estaba cerca de su casa. De repente sintió algo extraño, una sensación de que lo observaban apoderó su cuerpo. La calle estaba desierta por lo que entró en pánico y aceleró el paso.
Cada vez aquella sensación se hacía más fuerte, y se sentía más nervioso al escuchar un auto que cada vez se acercaba más a él.
Al estar cerca de él el auto se detuvo, y Taehyung pudo escuchar claramente cómo la puerta del vehículo se abría. Observó hacia atrás y vio a dos hombres que empezaron a correr en su dirección, por lo que no tuvo más opción que tratar de huir del lugar, corriendo tan rápido como su cuerpo se lo permitía.
Trató de gritar pero una mano cubrió su boca, mientras sentía un pequeño dolor en su brazo.
Pudo observar que el dolor era gracias a una jeringa insertada en su brazo, sintiendo mucho más terror y miedo por lo que podía pasarle.
Lo último que sintió fue como el líquido de la jeringa se adentraba en su cuerpo y ataban sus manos tras su espalda. Poco a poco, todo se volvió oscuro.
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Jungkook jugaba videojuegos en su lujosa habitación. No estaba alegre, odiaba vivir así, tan encerrado, tan solo.
Terminó la partida, decidido a darse una ducha, sin embargo escuchó su puerta ser abierta con violencia.
Se puso alerta y tomó el arma que tenía a la mano, apuntando a quien sea que haya entrado a su habitación.
-Ey, tranquilo hijo, solo soy yo.-
Jungkook guardó su arma y miró con mala cara a su padre.
-¿Qué quieres ahora?-
Preguntó dándole la espalda, continuando con su camino hacia el baño.
-Pero que carácter el tuyo.-
Dijo el hombre riendo, acercándose al chico moreno que estaba tirado en el piso para tomarlo con violencia.