Finales de 2013

El barullo de la ciudad se escuchaba a través de las ventanas entreabiertas.

Sin él, la cama estaba fría y sabía que no dormiría en toda la noche. Menos aún cuando el sabor amargo de la discusión seguía presente en su boca.

Harry se incorporó y se sentó en el borde de la cama. Le escocían un tanto los ojos y notaba un ardor en el pecho por todas las cosas horribles que habían pasado. No estaba siendo una buena etapa para ellos dos.

El reloj marcaba las dos de la madrugada pasadas. Tres horas desde que estaba en la habitación a solas, compartiendo lágrimas con la almohada y escuchando el ajetreo londinense a altas horas de la noche mientras el arrepentimiento se filtraba poco a poco en su ser.

Se deslizó hasta la puerta, abriéndola y cerrándola tras de sí, apagando el ruido de la ciudad y sumiéndose en el silencio cargado de angustia de aquella estancia.

La suave luz blanca del refrigerador en la pared opuesta, donde se encontraba la diminuta cocina, iluminaba muy tenuemente la habitación; en contraste con el haz plateado de luna que entraba a través de la superficie del vidrio de la ventana, incidiendo de lleno en su figura, ovillada en el sofá.

Había levantado la cabeza por su entrada, y Harry notó cómo su corazón se estremecía de amor. La luz de la luna reflejaba su cabello como reflejaba el agua del mar, resplandeciente. Su rostro bañado en luz lunar era precioso, como el de un verdadero ángel. Los tatuajes de sus brazos relucían plateados.

Acercó sus pasos hacia Louis y se sentó a su lado. Él tenía los brazos alrededor de sus rodillas, y el mentón apoyado en una de éstas. El cuerpo de Harry fue bañado por la luna y éste pensó que sus siluetas eran como la de dos fantasmas.

—¿No puedes dormir? —preguntó el ojiverde entonces, con un hilo de voz.

Se sintió afligido cuando recordó la horrible discusión de aquella tarde, que había superado con creces a cualquiera que hubiesen tenido antes. Los ojos de ambos habían relampagueado con furia hasta el punto de que Harry había cerrado la puerta en las narices de Louis, dejándolo en el sofá. No habían pasado ni cuatro horas desde entonces y los dos se sentían destrozados.

Aquello era el inicio de algo mucho peor, de lo que ni el castaño ni el rizado eran todavía conscientes.

Louis giró su rostro hacia él. Sus ojos estaban brillantes y rojizos por las lágrimas contenidas y sus suaves labios levemente hinchados. Harry no debía de tener un aspecto muy diferente al suyo. ¿Qué les estaba pasando? Aquellos no eran ellos. Aquellos no solían ser ellos.

Eran dos fantasmas ocupando su lugar.

—¿Recuerdas el tour de Up All Night? —preguntó Louis a modo de respuesta. Había bajado las piernas, y su mirada estaba posada en las manos en su regazo—. Cuando empezamos a escaparnos a la habitación del otro.

Harry sonrió con tristeza.

—Claro que lo recuerdo.

—Cuando nos quedábamos tumbados, hablando de cualquier cosa. Podíamos permanecer así toda la noche —continuó Louis con un deje de melancolía en la voz.

Harry suspiró y notó cómo las lágrimas se agolpaban en sus ojos.

—O cuando viniste a Holmes Chapel en 2012. En mitad de la noche entraste en mi habitación porque no podías dormir —susurró con la voz ya quebrada.

Las comisuras de la boca de Louis se alzaron, formando una pequeña sonrisa. Se tocaba el dedo anular de su mano izquierda con los dedos de la derecha constantemente.

don't give up on me // larry stylinsonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora