Harry nunca imaginó que la próxima vez que volaría de regreso a Inglaterra sería por la pérdida de un familiar. O al menos, no quería imaginarlo.
Seguía en estado de shock y su mente se negaba a creérselo. Cuando llegara a Holmes Chapel, Robin lo recibiría con un gran abrazo y comentarían las últimas novedades para después ayudarlo en sus típicas tareas, como en los viejos tiempos. Se obligaba a pensar que él no los había dejado.
Se removió en el asiento del avión con un ardiente dolor de cabeza y una sensación de ausencia creciendo poco a poco en su pecho. Cuando Gemma lo había llamado, a las seis de la mañana, pensaba que era una broma de muy mal gusto. Pero su hermana jamás haría una broma así y su voz a punto de romperse también la había delatado.
La noche anterior la pasó en compañía de unos amigos: bebiendo, fumando, hablando, bailando y olvidándose de todo. Llegando a tal punto de acabar todos durmiendo en el suelo y Harry echándolos a gritos tan solo unos minutos después de hablar por teléfono con Gemma, tratando de asimilar lo que había sucedido.
Robin queriendo a su familia como si hubiese estado con ellos toda su vida, sin peros. Robin apoyándolo desde el primer momento para acudir a X Factor. Robin celebrando como nadie que hubiese sido escogido para formar parte de una banda. Robin tranquilizándole y dándole consejos a lo largo de los años. Robin celebrando cada uno de los éxitos de One Direction y cada éxito que había recibido hasta el momento en su carrera en solitario. Robin sabiendo en todo momento cuándo necesitaba un abrazo. Robin y su cálida sonrisa, recibiéndolo por última vez, luchando hasta su último aliento.
En ese preciso momento, cuando volaban por encima de Los Ángeles y sobrepasaban las nubes, la realidad atacó a Harry con la violencia propia de un guerrero, clavándole la espada en el corazón.
Robin había perdido la batalla.
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El calor provocaba que la camiseta se adhiriera a su torso mientras finas gotitas de sudor caían hasta la base de su espalda. El sol incidía de lleno en su cabeza; pero poco le importó cuando su madre le abrió la puerta, y él ni siquiera se detuvo a observar su estado: la envolvió con fuerza entre brazos sintiéndose en un lugar seguro. Transmitió todas sus emociones en los brazos de su madre: tristeza, desolación, aflicción, dolor y también impotencia. Dejó salir las lágrimas que no sabía que estaba conteniendo y dejó que fluyeran como pétalos arrastrados por la corriente de un río.
Su madre había comenzado a sollozar y se sintió la peor persona del mundo por no haber estado cuando debería y por haber estado más tiempo fuera de casa que en ella.
El pecoso rostro de su hermana lo recibió cuando su madre se separó, limpiándose las lágrimas con un pañuelo. Pudo ver que las mejillas de Gemma estaban rojizas antes de rodear su cuerpo con sus brazos y sumirse en un largo y profundo abrazo, que solo hizo que su corazón se encogiese más.
Con pesar, comenzaba a darse cuenta de lo que ello suponía: ahora solo serían ellos tres. El cielo se había ganado una estrella.
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Su madre vestía un delantal negro —adornado con flores— y se apreciaban manchas tomate en él. El olor que provenía de la cocina hizo que Harry se sumergiera en un viaje en el tiempo y se trasladase a ese mismo lugar pero muchos años atrás, cuando era un niño y llegaba agotado después de un largo día en la escuela y reconocía el olor de su comida favorita. Podía visualizar a su madre con una sonrisa de oreja a oreja y una olla en las manos, mientras una Gemma con el rostro aniñado discutía con él para ver quién se servía primero.
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don't give up on me // larry stylinson
FanfictionOne Direction aununció un merecido descanso en 2015. Las vidas de Harry y Louis toman caminos opuestos, a la vez que tratan de olvidar lo que alguna vez fueron. Pero Louis aparece en las canciones de Harry y Harry aparece en las de Louis, cercioran...
