Inuyasha Taisho, jefe de Corporaciones Taisho, tiene como amante a Kagome Higurashi, una mujer aplicada que trabaja en una filial dos pisos debajo de su oficina.
Kagome siempre ha sido una mujer libre. Ama experimentar, tomar sus propias decisiones...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
°°°
— ¡Abran! — gritaba Inuyasha detrás de la puerta de la casa de Kagome y Bankotsu mientras que también le daba golpes desesperantes — ¡Ábranme!
— ¡Deja de hacer ese escándalo estúpido! — Bankotsu abrió la puerta, que con dificultad había logrado su objetivo, se enderezo en su silla al ver a Inuyasha parado frente a él.
— Te hubieras apurado — se quejó el peli plata con su ceño fruncido.
— ¡Oh disculpa! ¡Es que mis dos piernas son muy lentas! — Inuyasha no dijo nada y solo desvío su mirada — Que bueno que viniste, creí que no lo harías ya que no respondías mis llamadas...
— ¿Tú me llamaste?
— Sí, estos días lo único que podía hacer era intentar localizarte — Bankotsu retrocedió en su silla para darle pasó al peli plata.
— Cambié de número... lo siento — Inuyasha entro y cerró la puerta.
— Ya estás aquí...
— ¿Dónde está Kagome? — pregunto al fin, con su ambarina mirada escaneando el interior de la casa, solo quería verla para decidir seguir preocupado o empezar a sentirse aliviado.
— Sígueme... — murmuro Bankotsu dándose la vuelta con agilidad en su silla de ruedas para luego avanzar siendo seguido por detrás a Inuyasha que ya se encontraba nervioso y ansioso por ver a su hermosa azabache.
— ¿Está bien? — se atrevió a preguntar.
— No, hace cinco días que se la pasa en cama, mi enfermera y el ama de llaves se hacen cargo de ella ya que yo... — Bankotsu se encogió de hombros dejando sin pronunciar lo que era obvio — La enfermera volverá en unas horas y el ama de llaves, su especialidad está en la limpieza o en la cocina... Abre, está es su habitación — Bankotsu retrocedió dando espacio para avanzar al peli plata, sin dudarlo abrió la puerta quedándose de pie y con su mirada ambarina en el cuerpo durmiente de su hermosa azabache.
Troto hasta ella arrodillándose a su lado, Kagome dormía, toco sus brazos descubiertos, estaban calientes, sus mejillas sonrojadas y en la frente un paño mojado que ya había que cambiarlo, la temperatura de la azabache lo había calentado.
— Preciosa...Kagome — murmuro despacio a su lado acariciando su rostro durmiente, aparentaba estar relajada, pero su respiración agitada era lo que delataba lo frágil que se encontraba — ¿La vio algún médico?
— Viene todos los días, hoy ya vino, el reposo es lo mejor ahora, también está a suero — señalo el otro lado de la cama — Ayer le inyectaron un calmante, fiebre, delirio y vómitos...lo último desde ayer que no los tiene. Y débil, está muy débil.