⇠ Enciende mi cuerpo mientras el caos se apodera de la ciudad ⇢
Horacio corría sin parar, buscando donde resguardarse, hacía ya unos minutos que había perdido a sus compañeros y tenía miedo de que le llegará algún otro bando, buscaba donde ocultarse con rapidez pero todo parecía ser demasiado cantoso o no le cubría como debía. Un auto a toda velocidad paso junto a él, para después detenerse y regresar cerca de él a baja velocidad, Horacio empezó a descargar todo su cargador contra él, buscando la cabeza del sujeto.
— ¡H! ¡H! ¡Que soy yo! ¡que soy yo!— Gritó desde dentro aquella voz gangosa y arrastrada. Horacio detuvo los disparos— ¡Suba!— Le ordenó, Horacio obedeció con rapidez.
— Me había asustado, lo siento— Dijo apenado, esperando a que Viktor volviera a conducir.
— ¡Joder!— Golpeó el volante— Que me ha petado una llanta— Pasó una mano por su rostro, frustrado— Baje, hay que buscar un lugar, no podemos quedarnos aquí, somos un blanco fácil detenidos— Perez asintió, tomando su arma que reposaba sobre sus piernas y salió del auto negro.
— Venga por aquí, comisario— Tomó la mano del ruso y lo dirigió hacía lo que parecía ser un estacionamiento.
Viktor se dejó guiar por el menor, tomando con fuerza su mano, deseando que no lo soltara nunca más. Se empezó a perder entre las caderas de Horacio, se movían como si una balada estuviese sonando de fondo, con ritmo, delicadeza y sensualidad. Debajo de aquella gabardina se encontraba el cuerpo más bonito jamás visto. Y Volkov lo sabía, y trataba de no pensar en ello porque definitivamente no era el momento pero por su mente no podían dejar de pasar las imágenes de Horacio con sus diferentes conjuntos de ropa.
Horacio se metió detrás de uno de los arbustos, sentándose con rapidez, esperando a que su cuerpo no fuese visible, Viktor lo siguió, nervioso por aún tener las manos entrelazadas.
El silencio de las calles y los repentinos estallidos de pólvora solo hacían aquel momento más intenso, sintiendo la adrenalina correr por las sangres de ambos hombres.
Viktor sentía la calidez subir por su pecho, estancándose más que nada en el lado izquierdo. Y Horacio sentía lo mismo, evitando soltar al comisario, no quería y no pensaba hacerlo.
Perez miró de reojo a su superior, sintiendo el calor ahora ir hacía su abdomen, acumulándose ahí como nunca antes, sintiendo algo empezar a crecer en sus pantalones negros. Aquel ruso le podía ocasionar una erección sin siquiera hacer nada, solo estar ahí, en un modo violento y frío, mirando hacía los lados, con su arma larga sobre sus piernas y el dedo cerca del gatillo. Horacio se removió un poco, soltando la mano de Viktor que fue a parar a su muslo.
Volkov se encontraba sonrojado, debajo de aquella mascara sentía la cara totalmente caliente. No sabía si era el último día de su vida así que no se quería alejar del chiquillo aquel, quería permanecer en contacto con su piel lo más posible. Si moría que fuese junto al chico que le hacía encender en llamas su cuerpo y alma.
— Horacio— Le llamó, sintiendo la mirada de él de inmediato. Viktor se sacó la mascara con rapidez— Horacio, ¿le puedo besar?— Preguntó, nervioso. Horacio siquiera respondió.
Perez subió su gabardina hasta sus muslos y se coloco sobre las piernas del comisario, quitándote el arma de fuego y dejándola a un lado. Horacio subió su mascara hasta su nariz, y sin avisar besó al hombre, levantando un poco su cuerpo, quedando más alto que el ruso, acariciando sus mejillas con delicadeza pero besándolo con fogosidad y lujuria.
Dejando que aquellas lenguas desconocidas experimentaran en la boca del otro, que conocieran cada rincón del otro, que jugaran entre ellas creando una lucha y mucho desastre con sus salivas.
— ¿No siente calor, comisario?— Preguntó juguetón— ¿Jugamos?— Bromeó. Viktor frunció el ceño confundido, sin embargo aquello no le impidió tirar al joven sobre el césped, empujando las armas un poco más lejos de ellos.
Volkov volvió a destrozar la boca del chico, mordiendo sus labios y lengua, siendo un poco bruto con aquellos actos. Horacio empezó a quitarle aquel chaleco al comisario, despojándolo de él poco segundos después, tirándolo junto a las armas y siguiendo a desabrochar su pantalón.
— Debemos darnos prisa— Susurró el mayor entre jadeos— No podemos quedarnos por mucho tiempo aquí, H— Perez asintió.
Horacio hizo que el comisario se sentará de nuevo, se levantó del césped y se arrodillo frente al miembro cubierto por una ligera tela negra, lamió ahí, escuchando a Viktor susurrar algo en su lengua materna. H bajó aquella tela negra suave y beso la punta rosada del miembro del ruso, mirando como el mayor echó su cabeza hacía atrás. Horacio se sintió acalorado, quito su gorra, sus lentes y dejó su rostro libre de aquel pasamontañas negro. Viktor gimió con fuerza para después morder la palma de sus manos en cuanto su pene sintió la calidez del chico rodearlo, besando cada parte de él, cada centímetro de su miembro, cada vena, cada espacio de él.
Volkov sujeto la cresta de Horacio, levantando su cabeza, mirando las llamas que sus ojos reflejaban, su dilatación era asombrosa.
— N-no podemos tardar mucho más, Horacio— El chico asintió.
Escupió un poco sobre la punta del pálido miembro y lo esparció con sus manos, su pantalón negro quedo fuera del camino, subió su gabardina hasta su cintura y se volvió a subir sobre el ruso. Siquiera preparó su entrada, aquello no le interesaba, no lo necesitaba realmente, todos aquellos fluidos corporales ya lo habían hecho por él.
Horacio se sintió pletórico y realizado al sentir el grueso miembro dentro de él, echo su cabeza hacía atrás, mordiendo su labio inferior con fuerza y sujetándose los fuertes hombros del ruso. Empezando unos saltos sincronizados, constantes y sobre todo bellísimos.
Viktor en ese momento se preguntó el por qué realmente rechazo a ese chico, si era fabuloso, ya ni siquiera por su cuerpo, por el sexo ni nada de eso. Sino por lo que él era, era precioso en todos lo sentidos, tanto en su interior como en su exterior, irradiaba felicidad a cualquier lugar al que llegara, brillaba entre todos los demás aún en la noche más oscura, quizás hasta brillaba más que la luna. No lo sabía pero esa era su percepción, Horacio brillaba más que cualquier estrella sobre el cielo. Horacio era el sol y estaba ahí, junto a él, quemando sus pieles y fundiéndolas para no ser separadas nunca más, para no ser alejados por más excusas estúpidas.
El caos que estaba fuera de aquel lugar, los disparos y caídas de casquillos, las fuertes llantas rechinando en el suelo, los autos yendo y viniendo a gran velocidad, las personas gritando y corriendo asustados. Todo aquello no importaba, solo importaban ellos dos, los movimientos que Horacio ejercía sobre el ruso y los besos y caricias que Volkov le proporcionaba. Dejando arder sus almas y cuerpos en ese lugar, en aquel césped, ocultos de toda la asquerosa realidad que los atormentaba.
Las embestidas que Horacio se proporcionaba con calma y delicadeza aumentaron, ahora eran muy fuertes y rápidas, desesperadas, ansiosas de llegar a eso que llamaban paraíso y no estaba por encima de todo.
Horacio mordía el cuello del ruso, tratando de acallar sus gemidos y jadeos, tratando de no hacer escándalo y que fueran a por ellos.
— Joder Horacio— Gimió, sobre los labios del menor, dejando un beso vulgar sobre ellos.
— Mmh— Gimoteo, sintiendo el pene chocar con su punto dulce y placentero, haciendo que se rindiera ante Viktor, dejando que lo tomara a su conveniencia.
Horacio sentía aquel ardor sobrecargarse en su abdomen, estancándose en ese lugar y haciendo que perdiera la poca cordura que le quedaba en ese momento. Volviéndose loco, perdiendo su mente y dejando que los vagos pensamientos se esfumaran.
La leve voz de Conway salía de ambas radios, desesperado en busca de sus compañeros, sin embargo aquellos lo ignoraron, no querían ser interrumpidos. Era su momento y nadie se interpondría hasta sentirse plenos.
Horacio se derramó sobre la camisa gris del comisario, a quien no le importo mucho. Besó al chico, gruñendo sobre sus bonitos labios rosas, sintiendo él también aquello que tanto le gustaba sentir en su abdomen. Dejando que todo fluyera con normalidad, dejando que la presión de la entrada del chico sobre su pene le hiciera sentir el placer que necesitaba en ese momento. Viktor mordió el labio inferior del inspector, con fuerza y quizás hasta haciéndolo sangrar un poco, pero no podía más, necesitaba liberarse.
— Horacio voy a-a— No termino la frase por sentir el aire pegar sobre su carne. Horacio se volvió a arrodillar sobre su miembro y lo metió a su boca de nuevo.
Succionando la punta, ahuecando sus mejillas y dejando salir pequeños "bloop" cuando lo sacaba de él, recorrió con su lengua todo aquel trozo de carne, concentrando sus labios sobre la punta de vez en cuando.
Viktor recogió la cresta despeinada, retirándola de la frente del chico, dejando ver sus ojos con más claridad. Y con un gemido alto dejo salir su líquido en la boca del menor, mirando como todo aquel agridulce y blanquecino líquido fue tragado. Horacio dejó una succión más sobre la punta y se alejo.
Miró al ruso con una ligera sonrisa y mordió su labio inferior, mirando al ruso respirar con fuerza pero con una sonrisa en su cara.
— Te daré mi camisa— Le dijo, desabrochando su gabardina y sacándose la camisa blanca con rapidez— No creo que te guste andar por ahí con una mancha blanca— Viktor rió y obedeció, se quito su camisa gris y se puso la del chico.
Camisa que quizás no sería devuelta, o que quizás fuese la primera de muchas que tendría.
— Joder, Horacio— Murmuró, abrazando al chico— No volveré a separarme de ti, te lo prometo— Dejó un beso sobre su frente y peino la cresta blanca desecha hacía atrás.
Enamorándose un montón más ante la sonrisa cálida que recibió del inspector.
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One-Shots || +18 || VOLKACIO
Fanfiction❝Follaba con él todas las noches, sé como amarlo❞ [ 🍂 ] One-Shots / AU's. [ 🍂 ] Volkacio: Viktor Volkov X Horacio Perez. [ 🍂 ] One-Shots +18. [ 🍂 ] Actualizaciones un poco lentas. [ 🍂 ] Si quieres leer las actualizaciones antes puedes seguirme...
