PIERCING

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Horacio miraba atento al hombre frente a él, tomaba de su café lentamente mientras leía algunos papeles en su escritorio. El menor, tatuador, se removía en su silla, mirando todas las cosas que había en esa oficina, esperando a que el comisario dijera algo, sin embargo nada pasaba.

Un minuto, diez minutos, treinta minutos, una hora y el silencio seguía reinando en esa habitación, hasta que Horacio se animó a decir algo al azar.

— ¿Le gustan los piercings?— Preguntó tratando de empezar un tema interesante, y los piercings eran una de sus mayores especialidades.

-— No— Dijo después de mirarlo por unos segundos y volver a bajar la mirada a los papeles.

Perez se avergonzó un poco, su rostro tenía algunos piercings, en la ceja, en la nariz, en el labio y en las orejas. Pensó que fue un poco desafortunado.

— ¿Sabía que puedo perforarle el pene?— Soló de repente, haciendo al comisario toser.

— No me interesan sus servicios, Horacio, si esta aquí es por una investigación en la que su estudio esta involucrado.

— Bueno, tómese un descanso, no ha hablado conmigo en ningún momento.

— Déjeme hacer mi trabajo, Horacio— El chico asintió, rindiéndose.

— ¿Quiere ver el mío?— Preguntó por último, descolocando al instante al mayor.

— ¿Có-mo?— Preguntó de regreso, un poco sonrojado.

— Que si quiere ver mi piercing del pene.

— Yo-yo— Empezó sin saber como terminar y solo quedándose consternado con la boca abierta.

Y Horacio supo que ya lo tenía cazado, que había caído, muchos hombres caían a sus pies cuando contaba aquello. Se levantó de su asiento y se acercó a él, recargándose en el escritorio

— ¿Quieres verlo?— Toqueteo un poco los cabellos plateados, esperando a su respuesta que sabía no llegaría. Acarició sus mejillas, levantando su rostro y él acercando el suyo— ¿Quieres?— Murmuró antes de robarle un húmedo beso con las lenguas de por medio.

Viktor ni siquiera pudo articular una palabra, Horacio controló su mente y sus movimientos, se desabrocho el pantalón con rapidez y dejó al aire su miembro, hizo una ligera seña que Viktor captó y llevó de inmediato sus manos a tal pedazo de carne.

Acarició un poco antes de soltar un cumulo de saliva sobre la punta y esparcirlo con sus largos y pálidos dedos, el menor jadeaba ante las caricias del comisario, sujetándose de los bordes del escritorio de madera oscura.

— Tenemos que hacerlo rápido— Salió con un hilo de voz, suspirando un poco.

— Vale— Asintió, lo alejó y puso una mano sobre la cabellera del otro— No te ahogues— Terminó antes de follar su boca.

Metió el miembro con brusquedad a la boca del otro, embistiéndolo haciendo que soltara algunas arcadas fuertes, movía sus cadera de adelante hacía atrás, logrando hacer un vulgar sonido de saliva y fluidos más ligeros movimientos del escritorio. Gemía por lo bajo gracias a la calidez que sentía al estar dentro de la boca del comisario, estiró un poco su cabello, admiró el paisaje.

Viktor Volkov, comisario de Los Santos y jefe de la policía, arrodillado ante él, con los ojos entrecerrados y pequeñas lágrimas saliendo de ellos, con al boca escurriendo de fluidos y saliva, jadeando con fuerza y ahogándose con el pene del otro.

El piercing golpeaba su cavidad bucal con un poco de fuerza, el metal plateado y frío golpeaba su campanilla de una manera deliciosa, con brusquedad gracias a las embestidas del tatuador que follaba su boca con cierta fuerza pero sin lastimarlo y, en realidad si lo lastimaba valdría la pena.

Los gemidos ahogados que salían de la boca del mayor eran callados por el grueso miembro que mantenía y adoraba tener en la boca. Lo sacó por unos minutos, masturabandolo con su mano libre y con la otra tocándose por encima de sus pantalones que a ese punto ya dolían, pasaba su lengua por las venas que resaltaban del miembro, tocas acarició hasta llegar a la última. Su lengua jugó un poco con el glande rosado, haciendo círculos con la punta y dando lengüetazos como si fuese un helado a punto de derretirse.

Perez alejó un poco al hombre, sonriendo, le indico que sacara su lengua y se mantuviera un poco lejos.

Se masturbo con el comisario enfrente, con un poco de rapidez al escuchar la radio llamar al superior, no tardo mucho para que el líquido blanquecido fuera derramado por el rostro y boca del hombre, quien, gustoso, tragó todo al instante e incluso levanto unos restos con sus dedos y se los llevó a la boca.

— Comisario, iré a su oficina— Anunciaron por la radio.

Horacio rió ligeramente, suspirando y tratando de recobrar la compostura. Sonrió de nuevo para el comisario y guiño un ojo.

— Cuando guste puede verlo de nuevo.


One-Shots || +18 || VOLKACIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora